
– No, Europa todavía no ha ganado la 45ª edición de la Ryder Cup en suelo norteamericano. Pero este equipo, liderado por el circunspecto Luke Donald, ya ha hecho historia por la simple razón de que ha llegado a los individuales del domingo con 11,5 puntos en su casillero, algo que no había ocurrido jamás desde que la Ryder enfrenta al equipo estadounidense con Europa (edición de 1979). Lo ha hecho tras imponerse de nuevo en la cuarta sesión de juego, la de los fourballs del sábado por la tarde, por 1-3, hasta llevar el resultado total a ese insultante 4,5-11,5, que en cualquier caso refleja a la perfección lo que ha ocurrido hasta el momento en el ‘infierno’ de Nueva York.
– Keegan Bradley ha caído en la misma trampa que muchos de sus predecesores. Él, de hecho, le había dado dos vueltas de tuerca a la labor que se ocupa más que nada de las emociones, de las puras relaciones de vestuario, del ji ji, ja já, para entendernos, bajo el lema ‘haz que los chicos se sientan cómodos, relajados, y todo irá sobre ruedas en el campo de golf’. Y no es que esto sea negativo, al contrario, Bradley ha sido un gran capitán en este sentido. La unión real del grupo en torno a un objetivo común fue una de las razones del temprano éxito europeo en esta competición. El problema es que a estas alturas hace falta algo más. O mucho más. Un trabajo diario que abarca más parcelas y que, en el caso europeo, del circuito europeo para más señas, estará ya en marcha un día después de finalizar la acción en Bethpage.
Estados Unidos produce talento de golf a espuertas, pero la improvisación del método demostrada una vez más por el cuerpo técnico de las barras y estrellas, con Bradley como principal responsable del colapso, no sólo no garantiza nada cuando arranca la competición, sino más bien todo lo contrario. Los hilos que componen el compromiso de un grupo son múltiples y variados y no se tejen en dos o tres fines de semana de convivencia adolescente.
– La pareja formada por Scottie Scheffler y Bryson DeChambeau, como traca final de los fuegos artificiales, no convencía a nadie, seguramente ni a los propios jugadores. Otra cosa es que el Número Uno del mundo no haya estado a la altura, por razones que probablemente ni él mismo acierta a comprender ahora mismo. Scheffler ha perdido los cuatro partidos que ha jugado y, se mire por donde se mire, de eso no puede tener la culpa Keegan Bradley. La Ryder es otra cosa, como bien aprendió un tal Woods, y los galones, a priori, no garantizan absolutamente nada. El ánimo de Scheffler durante las dos sesiones del sábado no se ha levantado del ras de la hierba…
Justin Rose y Tommy Fleetwood, engranajes fundamentales de la trituradora continental, daban buena cuenta del dúo estelar (3 y 2) por derribo, socavando su resistencia hoyo a hoyo, con una determinación y confianza en sus posibilidades que traspasaban las cuerdas. Vaya Ryder la de estos dos ingleses. Vaya paso adelante ha dado Fleetwood en todos los sentidos, más allá de los puntos que haya ganado y los que vaya a ganar o deje de ganar. Cada vez más peso. En Tommy ya se adivina un futuro capitán europeo (igual que Rose, aunque éste más a corto plazo, probablemente para 2027) con el mismo talante y perfil que Donald.
– Por delante de ellos marchaba abriendo los fourballs el partido de Young y Thomas frente a los irlandeses, McIlroy y Lowry, que también se llevaban el gato al agua (2 arriba), primero apoyándose en la jerarquía de Rory y ya en la recta final, decisiva, en el genio, el coraje y la magia de Lowry, al que por fin, en este tramo, se le ha visto esplendoroso en su dimensión de líder, algo que no había ocurrido en 2021, edición de su debut, ni en 2023, en Roma.
– Curiosamente, el único punto perdido por Europa en estos fourballs vespertinos llegaba en el partido de Jon Rahm, que caía junto a Straka ante Spaun y Schauffele justo en el último suspiro, en el hoyo 18. No merecía tanto castigo el español, la verdad, que ha seguido jugando en esta sesión un golf notable, bien secundado por el austriaco en los greenes en momentos puntuales. Y sí merece todo el crédito el debutante Spaun, al que probablemente sus capitanes han encontrado demasiado tarde, porque a este tipo el traje de los foursomes le puede quedar que ni pintado.
– Una lesión en el cuello de última hora de Viktor Hovland provocaba la presencia de Tyrrell Hatton junto a Fitzpatrick, para enfrentarse a Cantlay y Burns. Precisamente Fitzpatrick se está dando el gusto al fin de sentirse una pieza clave en esta competición. Gran nivel el suyo. En cuanto a Hatton… Pocos valores hay tan seguros en el mundo del golf.


