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La intrahistoria del medio punto que sirvió a Europa para asegurar la Ryder Cup

La frase premonitoria que Lowry le dijo a su caddie bajando el 18

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Shane Lowry celebra su medio punto y la victoria de Europa en la Ryder Cup. (Photo by Michael Reaves/PGA of America)
Shane Lowry celebra su medio punto y la victoria de Europa en la Ryder Cup. (Photo by Michael Reaves/PGA of America)

A los golfistas de Europa elegidos para salir en los últimos seis individuales de la Ryder Cup este domingo en Bethpage se les vino encima un tsunami sin aviso previo. Quién podía imaginar, tal y como había ido la semana, y siendo quienes eran, que la copa no estaría ganada y bien ganada en los primeros seis partidos del día. Jugaban Justin Rose, Tommy Fleetwood, Matthew Fitzpatrick, Rory McIlroy, Ludvig Aberg y Jon Rahm. Canela fina. Entre todos debían sumar dos puntos. Chupao.

Por si fuera poco, resulta que todos ellos empezaron bastante bien sus partidos. De hecho, hubo un momento en el que los cinco primeros duelos del día estaban en azul. Los últimos seis europeos casi se habían puesto las chanclas. Querían ganar, por supuesto, y seguían concentrados, pero la tensión no era la misma. Pónganse todos en la situación que de pronto, ay, Dios, los marcadores empiezan a tornarse rojos. Uno detrás de otro. En cascada. Y con la única excepción de Ludvig Aberg. Lógico que Hatton dijera al acabar: «ha sido el día más estresante de mi vida. Las dos últimas horas han sido horribles».

De repente, jugadores que piensan que su punto simplemente va a servir para adornar su palmarés y rematar una buena victoria, empiezan a ser decisivos para evitar la mayor catástrofe dominical de la historia en la Ryder Cup. El equipo ahora está en su manos. No es fácil digerir algo así. Hay que tenerlos muy bien puestos y, por eso, conviene dar todo el crédito del mundo a lo que hizo Shane Lowry, remontando un dos abajo contra Russell Henley para ganar el medio punto que aseguraba la copa.

No está confirmado si dos horas después de acabar la Ryder, Lowry seguía dando saltos enloquecido en el green del 18 de Bethpage. Lo que sí está confirmado es que era plenamente consciente de que les había caído encima un marrón que no esperaban. «Para ser honesto, no esperaba terminar la Ryder Cup con un putt de tres metros para ganar el trofeo. Obviamente confío en mi equipo y pensé que íbamos a ganar la Ryder bastante más temprano. Pero al final no va de eso. El plan era salir a ganar nuestro propio partido. Ese era el objetivo principal», explica.

El grandullón, como le llama Rory McIlroy, quiso dejar claro a los periodistas que no hubo ni una mijita de confianza. Simplemente se dio así. «Todos estábamos preparados para algo así anoche. Lo último que quieres es plantarte en el tee del 1 con una pizca de complacencia en ese escenario y contra esos jugadores. El equipo de EE. UU. son 12 jugadores increíbles y sabíamos que iba a ser muy duro», señala.

«Darren, tengo la oportunidad de hacer hoy lo mejor que he hecho jamás”

Dicho eso, jamás había pasado por su cabeza que él iba a ganar la Ryder. Hasta que pasó. El mal rato no se lo quita nadie. «Nunca me imaginé subiendo la cuesta del 18 al green necesitando un birdie para retener la Ryder Cup. Fue… sí, definitivamente, las peores dos horas de mi vida. Horrible. Lo fue».

En cualquier caso, la moraleja de esta historia es que estos jugadores, estas estrellas mundiales de su disciplina, los mejores, están hechos de otra pasta. Por eso, Lowry, cuando salía dle tee camino de su segundo golpe, le dijo a su caddie: «Darren, tengo la oportunidad de hacer hoy lo mejor que he hecho jamás”, y lo hice. Y estoy muy orgulloso de mí mismo».

Y lo hizo. El grandullón.