Inicio Ryder Cup Ryder Cup 2025 Luke Donald gana el primer punto de la Ryder Cup
El capitán de Europa realiza un discurso emotivo y se acuerda en dos ocasiones del dinero

Luke Donald gana el primer punto de la Ryder Cup

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Luke Donald, durante su discurso en la ceremonia de inauguración de la Ryder Cup. (Photo by Scott Taetsch/PGA of America)
Luke Donald, durante su discurso en la ceremonia de inauguración de la Ryder Cup. (Photo by Scott Taetsch/PGA of America)

Honor, privilegio, equipo, orgullo, bandera, colores, legado, respeto, admiración, propósito, honrar e inspiración. Estas 12 palabras, curioso número para una Ryder Cup, articularon el magnífico discurso que ofreció Luke Donald en la ceremonia de inauguración de la 45º edición de la Ryder que se celebra en Bethpage. El inglés transmitió emoción, respeto convicción y seguridad. Tiene tablas. Es un auténtico líder y lo volvió a demostrar en el pistoletazo de salida.

Tuvo unas palabras espléndidas hacia el público de Nueva York. «Soy consciente de que esta semana no vais a ir con nosotros, pero lo vamos a dar todo para ser un equipo al que respetar, admirar y, por qué no, quizá al final, incluso animar». Definió Bethpage como el campo de pueblo y se acordó de los que estuvieron antes que él en el cargo y los que vendrán. Se trata de honrar e inspirar, aseguró.

Donald no dejó pasar la ocasión para recordar la parte económica. ¿Se pueden entender como puyas? Quizá como ha ido la semana es legítimo pensar que sí. Pero es la realidad. Europa no cobra ni lo pretende. Así lo ha dicho siempre. Esto no va de premios en metálico y es mucho más de lo que el dinero pueda comprar. El primer punto de la Ryder ha sido para Europa y lo ha ganado su capitán. Lástima que no valga para el marcador final.

Por su parte, Keegan Bradley ha estado menos emotivo. Lo da la personalidad. Y no será porque no lo ha intentado. Ha hecho una referencia a su infancia, a su conexión con Bethpage, ha contado anécdotas de pequeño y ha explicado lo mucho que significa para él ser capitán de Estados Unidos. Ha sido muy respetuoso con Europa y con Luke Donald y no ha aprovechado el momento para calentar aún más al público. Ha estado sereno. Ha jugado limpio. Le honra.

Aquí os dejamos los dos discursos íntegros con la presentación de los jugadores incluida.

Luke Donald:

Distinguidos invitados, señoras y señores, y a todos los aficionados al golf de todo el mundo: es verdaderamente un honor estar hoy aquí como capitán del Equipo Europeo de la Ryder Cup. Liderar de nuevo a estos 12 hombres, 12 de los mejores de Europa, sigue siendo uno de los mayores privilegios de mi vida.

Esta semana no venimos a ustedes como jugadores individuales de nueve naciones distintas, sino como un solo equipo, un equipo definido por la historia, por la unidad y por la convicción de que jugamos por algo mucho más grande que nosotros mismos.

La Ryder Cup significa muchísimo para cada uno de nosotros. No se parece a nada más en nuestro deporte.

No se trata del premio en metálico ni de puntos del ranking mundial. Se trata de orgullo. Se trata de representar tu bandera, tus colores y el legado que dejas.

Jugamos por nuestras familias, por nuestros compañeros, por nuestros países, por nuestro continente y por las generaciones que nos precedieron y convirtieron este evento en lo que es hoy.

El equipo estadounidense está, con razón, orgulloso de su herencia, pero nosotros también. Nuestro legado europeo está arraigado en la resiliencia, en el compañerismo y en demostrar que los demás se equivocan. Una y otra vez hemos demostrado que, cuando nos unimos con un propósito común, podemos lograr cosas extraordinarias.

Y qué lugar para intentar hacerlo de nuevo: ¡Nueva York! Nueva York es un sitio donde, si llegas con talento y espíritu de lucha, la ciudad se volcará contigo. Aunque quizá no si esta semana vas vestido de azul europeo.

Sabemos lo que nos espera; Bethpage no es precisamente tímido. Este es territorio de deporte neoyorquino: apasionado, leal y ferozmente ruidoso, y con razón.

Vosotros, los aficionados, valoráis el esfuerzo por encima del ego. Os volcáis con quienes se dejan la piel, con quienes pelean y con quienes se crecen en las grandes citas. Y nos obligáis a ganarnos cada aplauso.

Puede que no seamos vuestro equipo, pero os daremos algo que respetar, algo que admirar y, quizá al final de esta semana, algo por lo que animar.

Bethpage es el escenario perfecto para este duelo: un campo público, un parque estatal, donde miles de aficionados se reúnen hombro con hombro. Es un campo del pueblo y un escenario en el que los jugadores de ambos lados tratarán de demostrar que pertenecen a él. Que no haya dudas: nuestros jugadores están preparados. Cada uno de ellos se ha ganado su lugar, no por derecho, sino por excelencia. Han afrontado la presión y se han alzado en los momentos clave, y esta semana llevarán sobre sus hombros las esperanzas de todo un continente.

Hace dos años escribimos un capítulo en Roma. Esta semana, en Nueva York, aspiramos a escribir historia.

No hemos venido aquí solo para formar parte del espectáculo. Hemos venido para ganarnos un lugar en el folklore de la Ryder Cup. No jugamos solo para ganar: jugamos los unos por los otros y por cada joven golfista en casa que sueña con representar algún día al Equipo Europa.

Sabemos que no será fácil; ganar fuera nunca lo es. Solo cuatro equipos europeos lo han conseguido antes. Pero esa es la belleza del deporte. Los caminos más duros conducen a las mayores recompensas.

Nos impulsa algo que el dinero no puede comprar: propósito, hermandad y la responsabilidad de honrar a quienes nos precedieron e inspirar a quienes aún están por llegar.

Antes de presentar a los 12 hombres que creo que lo harán, me gustaría dar algunos agradecimientos: a la gobernadora del Estado de Nueva York, Kathy Hochul; a Hope Knight, directora ejecutiva de Empire State Development; y a Tom DiNapoli, interventor del Estado: gracias por su increíble hospitalidad.

También gracias a Don Rea, Derek Sprague y a todos en la PGA of America por acogernos esta semana.

A Keegan, Jillian y vuestros dos hijos, Logan y Cooper: Diane y yo hemos valorado muchísimo vuestra amistad a lo largo de los años, y sabemos que ese vínculo perdurará mucho más allá de esta semana, sea cual sea el resultado. Ha sido un placer compartir contigo esta capitanía de la Ryder Cup. Gracias por tu amistad y por todos los recuerdos en el camino.

A los 12 jugadores del Equipo de EE. UU.: vuestro talento y vuestra pasión nunca ofrecen dudas. Sabemos que daréis lo mejor. Prometemos hacer lo mismo.

También quiero dedicar un momento a dar las gracias a las personas que están entre bambalinas y caminan cada paso con nosotros. Nuestros caddies, los que sienten cada golpe, comparten cada momento de presión y aportan claridad cuando llega el caos. Sois esenciales para nuestro éxito. Y a nuestro increíble equipo técnico y de apoyo: vuestro trabajo infatigable, día tras día, es lo que hace que este equipo funcione. Somos más fuertes gracias a vosotros.

A las esposas, parejas y familias de nuestros jugadores, gracias. Vuestro apoyo, paciencia y sacrificio permiten que estos hombres compitan al máximo nivel. Sabemos que la Ryder Cup no es solo una gran semana para los jugadores; también lo es para vosotros.

Y, por supuesto, a mi propia familia: a mi esposa, Diane, y a mis hijas Gigi, Sophia y Elle, gracias por estar siempre a mi lado. Vuestro amor y apoyo lo significan todo para mí, y os quiero muchísimo.

Me gustaría presentar ahora a mis cinco vicecapitanes, que desempeñan un papel tan importante en todo lo que hacemos. Primero, desde Dinamarca, Thomas Björn; desde Italia, los hermanos Molinari, Edoardo y Francesco; desde Suecia, Alex Noren; y, por último, desde España, José María Olazábal.

Ahora, permitidme presentaros a estos 12 hombres a los que estoy tan orgulloso de liderar esta semana: desde Suecia, Ludvig Åberg; desde Inglaterra, Matt Fitzpatrick; desde Inglaterra, Tommy Fleetwood; también desde Inglaterra, Tyrrell Hatton; desde Dinamarca, Rasmus Højgaard; desde Noruega, Viktor Hovland; desde Irlanda, Shane Lowry; desde Escocia, Robert McIntyre; desde Irlanda del Norte, Rory McIlroy; desde España, Jon Rahm; desde Inglaterra, Justin Rose; y, por último, desde Austria, Sepp Straka.

Estos 12 hombres están listos. Europa está lista. Disfruten de la Ryder Cup y nos vemos, bien temprano, el viernes por la mañana.

Keegan Bradley:

Distinguidos invitados, señoras y señores, buenas tardes. Decir que nunca esperé estar aquí como capitán de la Ryder Cup es quedarse corto. Cuando recibí la llamada, me quedé atónito, pero más que eso, me sentí honrado: honrado de liderar a este equipo, honrado de representar a nuestro país y honrado de compartir esta experiencia con mi amigo, Luke Donald.

Para alguien que creció en este juego, este momento es surrealista. Mi padre, Mark, es un orgulloso profesional de la PGA of America. Mi tía Pat es una leyenda de la LPGA e integrante del Salón de la Fama del Golf Mundial. Para nosotros, el golf es el negocio de la familia.

Pero la Ryder Cup se volvió algo personal para mí en 1999, en Brookline. Tenía 13 años, estaba sobre los hombros de mi padre y vi cómo caía el putt milagroso de Justin Rose (SIC, se equivocó, quería decir Leonard) en el 17. Cuando el público estalló en el 18, mi padre me dejó unirme a la celebración. Ese fue el momento en que el golf dejó de ser un juego para convertirse en una vocación. Aquel día me cambió la vida.

Yo soy de Nueva Inglaterra, pero estudié en St. John’s. Fue allí donde me enamoré de Nueva York.

Hemos recorrido un largo camino desde la 166th Street y Utopia Parkway, en Queens, ¿verdad? La garra, el esfuerzo, el ritmo de la ciudad me enseñaron a competir, a liderar y lo que se siente la pasión por una causa. No hay nada como la ciudad de Nueva York.

Sí, las historias son ciertas. Mis compañeros y yo solíamos jugar Bethpage Black cuando estaba cerrado los lunes. Aparcábamos junto al cobertizo de mantenimiento y jugábamos el “inner loop”, los hoyos del 3 al 14. Un día, en mi último año, mi compañero George Lotus y yo decidimos cruzar la carretera para jugar el 15, 16, 17 y 18, los hoyos que de verdad queríamos jugar y a los que no nos habían dejado acceder en cuatro años. Éramos jóvenes, apasionados y estábamos convencidos de que éramos invisibles. Resultó que no lo éramos.

Llegó el servicio del parque. Nos metimos en un buen lío. Pero mereció la pena. Pregunten a cualquiera del Nassau Players Club lo especial que es jugar Bethpage Black.

Estos recuerdos —Brookline, Bethpage, Nueva York— me formaron. Pero también me enseñaron algo más profundo: que el golf, en su mejor expresión, es más que un juego.

La Ryder Cup no es solo golf: es orgullo. Es legado. Es estar hombro con hombro con tus compañeros, creer los unos en los otros, luchar los unos por los otros y comprender que esto es más grande que cualquiera de nosotros.

Mientras nos preparamos para salir al tee el viernes, quiero agradecer a las personas que han hecho posible este camino. A la gobernadora Hochul; a los equipos de Parques del Estado de Nueva York, la Policía del Estado de Nueva York, las fuerzas de seguridad locales, los servicios de emergencia y la Empire State Development Corporation: gracias por su apoyo inquebrantable y por su incansable trabajo para preparar Bethpage Black y ayudarnos a ofrecer una experiencia verdaderamente a la altura de la Ryder Cup.

A mi esposa, Jillian: tu amor, tu fortaleza y tu fe en mí lo hacen todo posible. Gracias por ser mi roca y el corazón de nuestro hogar para Logan y Cooper.

A las esposas y parejas de los miembros de nuestro equipo de EE. UU., gracias por vuestros sacrificios. Con vuestro apoyo y presencia constante, este viaje también es vuestro. A la PGA of America, estoy profundamente agradecido por confiarme esta responsabilidad y este honor increíble. Don y Derek, gracias.

A los muchos capitanes anteriores que me han apoyado durante este proceso: he aprendido muchísimo de cada uno de ustedes. Gracias por ser tan generosos con su tiempo. Al gran Larry Nelson, gracias por aceptar ser nuestro embajador de la Ryder Cup. Tenerte cerca de nuestro equipo esta semana nos inspira a dar lo mejor dentro y fuera del campo.

A nuestros vicecapitanes —Jim Furyk, Kevin Kisner, Webb Simpson, Brandt Snedeker y Gary Woodland— vuestra sabiduría y liderazgo nos han preparado para este momento.

A nuestros caddies: sois el corazón de este equipo. Lleváis mucho más que bolsas. Lleváis confianza, estrategia y a todos nosotros. Démosles un gran aplauso. Gracias, caddies.

Al equipo europeo y a todos los implicados en Ryder Cup Europe, gracias. Vuestra pasión eleva esta competición. A Luke Donald y a su esposa, Diane, gracias por vuestra amistad. Luke, eres el profesional y el competidor definitivos. Cuando yo llegué al Tour, tú eras el número 1 del mundo, y aun así siempre encontraste tiempo para mí, y jamás lo olvidaré.

Lideras con una fortaleza serena y una clase indiscutible, y admiro profundamente eso.

A mis compañeros de St. John’s, al entrenador Darby y a mis mejores amigos, gracias por estar aquí.

Al Dr. Glenn Muraca: después de mi último año en St. John’s, trabajaba en el cuarto de bolsas del Wheatley Hills Golf Club, no muy lejos de aquí. “Doc” era socio y vio algo en mí, y cuando más necesitaba ayuda, estuviste ahí. A Wheatley Hills y a “Doc”, gracias. Ayudasteis a hacer posible esta carrera y este momento.

A nuestros 12 jugadores: estáis unidos de una manera que nunca había visto. He aprendido mucho de vosotros: sobre cómo vivir, cómo competir y cómo liderar. Me habéis cambiado como jugador y como persona. Me inspiráis cada día.

Ser vuestro capitán es el honor de mi vida. Gracias. Sabemos que el ambiente este fin de semana será eléctrico, ruidoso y, sí, respetuoso. Eso es parte de lo que hace a la Ryder Cup tan especial a ambos lados del Atlántico. Nunca he olvidado lo que sentí al correr hacia aquel green en Brookline, viendo cómo un equipo se unía de una forma que me cambió la vida. Aquel momento encendió un fuego en mí y, esta semana, ese mismo fuego de la Ryder Cup alimentará a nuestro equipo. Nos impulsará en cada partido, en cada momento y ante cada desafío.

Es el fuego que vive en cada niño o niña con un sueño imposible, y es el fuego que hace que la Ryder Cup no se parezca a nada en el deporte. Durante los próximos tres días, jugaremos con corazón, con honor y con cada sueño encendido por el fuego de esta competición, porque la Ryder Cup no solo pone a prueba la habilidad: revela el alma.

Estamos en una misión para recuperar la Ryder Cup. Nos enfrentamos a un rival formidable. El desafío será feroz. La presión será real.

Y ahora, es un honor presentarles al equipo estadounidense de la Ryder Cup 2025. De Luisiana, Sam Burns; de California, Patrick Cantlay; de Texas, Bryson DeChambeau; de Georgia, Harris English; de Georgia, Russell Henley; de Carolina del Norte, Ben Griffin; de California, Collin Morikawa; de California, Xander Schauffele; de California, J. J. Spaun; de Kentucky, Justin Thomas; de Nueva Jersey, Scottie Scheffler; de Nueva York, vuestro propio Cameron Young.

Llegué a Bethpage siendo un chaval de 18 años con un sueño, pero ni en ese sueño llegaba hasta aquí. Volver ahora como capitán de la Ryder Cup supera con creces lo que jamás imaginé. Bethpage Black es conocido como el “Country Club del Pueblo”. Lo han llamado el campo de casa de Nueva York. Pero esta semana, con vuestra pasión y vuestra energía, lo vais a convertir en el campo de casa de Estados Unidos.

Gracias. ¡Vamos, USA!