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Olazábal rememora con Rahm una bonita historia con Seve en la Ryder Cup

«No me vuelvas a hacer eso, cabr…»

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Green del 18 de Bethpage Black. Termina la segunda jornada de prácticas para un Jon Rahm al que, en líneas generales, se le ha visto fino desde el tee y acertado con los hierros. El de Barrika se acerca a José María Olazábal, uno de los vicecapitanes del equipo europeo de la Ryder Cup. Apenas han cruzado palabra durante la vuelta pero al acabar Rahm le dice: «Oye, Josemari, el putt de Seve en el 18 en Muirfield era como de esta distancia, ¿no? (señala con los dedos unos tres metros). Jon es así. Conoce la historia, le interesa y pregunta al protagonista principal para seguir profundizando en los detalles que han forjado la Ryder y el legado de Seve. No hay mejor cicerone que el donostiarra.

Como siempre, a Txema se le ilumina la cara con sólo oír nombrar al genio de Pedreña. «Sí, sí, fue esa distancia». Jon reconoce haber visto algún vídeo recóndito en las entrañas de Youtube. «Pusiste cara de alivio, ¿eh?», le dice Jon entre risas. «La expresión fue más bien la de no me vuelvas a hacer eso, cabr…», contesta Olazábal entre risas.

Pero, ¿de qué están hablando? ¿A qué putt se refiere Jon? ¿Y por qué lo de la cara de alivio? Viajamos en el tiempo en busca de contexto. 26 de septiembre de 1987. Habrán pasado exactamente 38 años cuando empiece la acción en Bethpage mañana. Muirfield Village, Dublin, Ohio. Es la primera sesión de la segunda jornada de la Ryder. Seve y Olazábal están jugando su tercer partido de la semana juntos. Foursome. Ese viernes se forjó el arranque de una pareja que ya es leyenda del torneo y sumaron dos puntos para un combinado europeo que se imponía por 6 a 2. Para Seve era su cuarta Ryder. Para el joven Olazábal, su debut.

Seve y Txema juegan el último partido de la mañana y lo hacen frente a Ben Crenshaw y Payne Stewart. Otros dos mitos. El partido va controlado por los españoles. Mandan tres arriba a falta de cuatro hoyos. Sin embargo, los norteamericanos ganan el 15 y el 17 y se dan la opción de empatar el duelo en el 18. La pareja norteamericana se mete en apuros y firma el bogey en la última bandera. La dupla española, tras una buena sacada de búnker de Olazábal, tiene algo más de dos metros para par, con dos putts ganan el partido. Parece hecho. Pero claro, no se lo dan.

El turno es de Seve. Putt complicado cuesta abajo y una línea nada sencilla. Sólo hay que dejarla dada. No hay que embocar. Sin embargo, el golpe se escapa por el lado bajo del hoyo, empieza a coger velocidad y se pasa más de la cuenta. Seve mira al suelo, no se lo cree y acto seguido se coloca detrás del hoyo para tratar de entender lo que ha pasado. Ballesteros le ha dejado a su compañero casi la misma distancia que tenía él. A favor de Josemari es que el putt es cuesta arriba. En contra, la presión. Mucha responsabilidad para un jovencísimo jugador de 21 años (tres menos que Rasmus Hojgaard) que está jugando su primera Ryder Cup. Pero la verdad es que Olazábal ha nacido para estos momentos. Lo enchufa por todo el centro y saca el puño con rabia. Seve se abraza a él con la intensidad que le caracteriza. Punto para Europa.

Y así es cómo transcurre un miércoles de prácticas de Ryder Cup en Bethpage. Entre historias que hablan del legado. El alumno Rahm pregunta al profesor Olazábal y lo que queda es un pequeño gran momento junto a Seve. Esta anécdota también sirve para preparar la semana. Luke Donald lo sabe y por eso, entre otras cosas, el de Fuenterrabía es pieza fundamental en el vestuario. Aquella Ryder fue la primera victoria de Europa en suelo norteamericano. Esta semana se busca la quinta. Olazábal no lo olvida y Rahm sueña con unirse a esa reducida y exclusiva lista de 37 jugadores que saben lo que significa ganar en territorio yanqui.

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