
Reacción europea y jornada apasionante de fourballs para cerrar el sábado de Ryder (2-2 en este parcial) con Estados Unidos como claro dominador del duelo (10-6)…
La fría realidad dicta que el bando continental no ha conseguido recortar por la tarde diferencias respecto a la ventaja adquirida por los americanos desde los foursomes matutinos. Pero hay que hablar de reacción porque algo ha cambiado. Algo se ha removido en el seno de la escuadra europea. Algo se ha contagiado, propagado, expandido… La actitud no ha sido la misma. Ni los brazos ni las miradas apuntaban al suelo. Incluso Rose y Molinari, que han sufrido la derrota más abultada de la sesión de fourballs a manos de Watson y Simpson, se han rebelado hasta el último suspiro.
No, lo de esta tarde en Medinah no ha tenido nada que ver. Los americanos tienen hecho más de dos tercios del trabajo, pero saben que la puerta de atrás se ha quedado entreabierta. Seamos honestos: las posibilidades de remontada europea son escasas. Mucho más atendiendo al nivel en los greenes de la mayoría de los chicos de Love III. Pero ahora, por fin, sí puede decirse alto y claro que no es imposible.
El equipo europeo, y mucho más en situación tan alarmante como la actual, tiene un modelo a seguir. El de Seve, naturalmente. Y quien mejor lo encarna sobre el terreno a día de hoy está allí, con ellos, al frente de ellos. Quien mejor lo encarna ha ganado la mitad de los puntos que atesoran. Ian Poulter. Tres de tres. ¿Se le echó de menos el viernes por la tarde? Por supuesto que sí, pero hay que pensar que Olazábal tendría sus razones.
Es más que probable que Poulter no llegue a acercarse nunca al top-5 del mundo. Puede que ni siquiera roce el top ten de un modo estable. Quizá no gane nunca un Grande. Su juego no es una fuente inagotable de recursos, como el de Rory McIlroy, por ejemplo, su compañero en la jornada de tarde. Pero en su mapa genético todos los caminos llevan al mismo sitio: la Ryder. Su récord ya dice algo: suma once victorias en catorce partidos.
El inglés ha finalizado hoy con cinco birdies consecutivos para darle la vuelta a un partido que se había enquistado ante los graníticos Zach Johnson y Jason Dufner. No había otro modo de doblegarlos. No bastaba con un torpedo a la línea de flotación, hacían falta cinco. El último de ellos, solo ante el peligro, en el hoyo 18, después de que el venenoso Dufner ya hubiera asegurado el birdie. Caía la tarde sobre Medinah y Ian paró el tiempo. Así es como él se siente a gusto: a solas con su putter entre una multitud. Supo desde que era niño, fiel seguidor ya entonces de las andanzas de Severiano, que a él le van los atardeceres con pasarela: aquí estoy yo, y ahí está el resto del mundo, admirándome…
McIlroy sigue sin mostrar su mejor versión, pero está metido en faena. Sergio y Donald han batido con apuros, pero en perfecta armonía, a un Tigre que gime herido, pero que siempre se revuelve en los hoyos finales. Colsaerts y Lawrie han vendido cara su derrota… Estos eran los ojos que Olazábal quería ver.
1. Lawrie-Colsaerts VS. D. Johnson-Kuchar. Gana USA 1 arriba
Un partido que ha llegado hasta el 18. Nunca fueron por delante los europeos, pero siempre confiaron en darle la vuelta a un apretadísimo duelo. Colsaerts no ha vuelto a acercarse al nivel de putt del viernes, pero tampoco ha desentonado, tocando hoyo en multitud de ocasiones, corbata arriba, corbata abajo. Y Lawrie ha sido más que un escudero, sacando la casta y la calidad en el tramo final. A Kuchar le ves a cinco metros del hoyo y ya es para echarse a temblar del desaguisado que puede organizarte. Sus puritos han hecho mucho daño.
2. Rose-Molinari VS. Watson-Simspon. Gana USA 5 y 4
Un resultado que no reconoce, desde luego, el valor del juego del italiano y el inglés. Sobre todo del italiano. Pero es que ante la inspiración de Simpson en los greenes (y fuera e ellos…) poco o nada podía hacerse: hasta siete birdies en catorce hoyos. Eso no hay quien lo aguante. Molinari, por ejemplo, anduvo fino e hizo tres buenos birdies, pero estrellándose siempre ante el joven ganador del US Open, que siempre le pagó con la misma moneda. Bubba, además, acertaba a intercalar certeros zarpazos justo donde su compañero no anduvo inspirado. En fin, una tortura para cualquiera que se hubiera puesto delante.
3. Sergio-Donald VS. Tiger-Stricker. Gana Europa 1 arriba
Tres birdies de Sergio García en el arranque del duelo ayudaron lo suyo a encauzar de modo imperial el choque (aunque uno de ellos fuera respondido con un eagle de Stricker…). Los europeos llegaron a dominar por cuatro hoyos, mientras Tiger aún se lamía las heridas de recientes batallas… Pero de Woods siempre hay que esperar una reacción, y además su partner no era hoy una mera comparsa destartalada. El asunto se fue complicando, más que nada porque Tiger firmaba cuatro birdies en los últimos seis hoyos… En el 17, el duelo fue de órdago. Tiger la había dejado a un metro del hoyo en este par 3 con una bandera que daba vértigo, tan cerca del agua. Sergio respondía con un gran tiro que dejaba la puerta abierta y el remate lo ponía Donald con un tirazo que casi dejaba dado el birdie. Épico. En el 18 los europeos todavía sudaron sangre, puesto que hubo que esperar al fallo de Stricker en un putt de dos metros para cantar victoria. Claros síntomas de recuperación de Sergio y Donald y nueva debacle de Tiger Woods en una Ryder…
4. Poulter-McIlroy VS. Z. Johnson-Dufner. Gana Europa 1 arriba
Dos birdies de ‘maquinita’ Johnson en los hoyos 1 y 2 pusieron en ventaja rápidamente a la pareja americana. A partir de ahí, a ver quién era el guapo que los bajaba de la bicicleta… Este partido ha resultado ser una brutal batalla de desgaste. Hasta el hoyo 15 no obtuvieron los europeos el primer empate y aún tuvo que seguir apretando Poulter de lo lindo y del modo ya descrito. La figura de Dufner, ocurra lo que ocurra mañana, sale ya reforzada. Nadie querrá encontrarse con él en un desempate, luchando por un ‘major’… Y la de Poulter ya es casi legendaria. Si él pudiera utilizar la máquina del tiempo, sin duda viajaría a mediados del XIX, a jugarse los cuartos con los Morris y Allan Robertson…


