José María Olazábal no vio el putt ganador de Martin Kaymer. No quiso mirar. Ni siquiera estaba a pie de green…
Prefiero quedarse sólo, en silencio, a unos metros, mirando con el rabillo del ojo lo que hacía Francesco Molinari con Tiger en el tee del hoyo 17. Capitán de principio a fin.
Tenía los ojos cerrados, la cabeza hacia el suelo y los puños apretados. El estruendo le dio la noticia. Escuchó la victoria, la sintió y abrió al fin los ojos. Sabía que había ganado la Ryder Cup. Su primera mirada fue dirigida al cielo. Tenía dueño. Y rompió a llorar. Salía a borbotones toda la tensión acumulada durante un largo año. Quería ganar por Seve y odiaba la idea de poder defraudarle. A Seve no. Por eso ayer, en la charla que dio al equipo, les convenció de que se podía ganar la Ryder, que la histórica remontada era factible, que Seve estaría con ellos. “Yo creía que realmente era posible hacerlo y eso fue lo que les dije”, explicó con los ojos llorosos minutos después de ser campeón.
Su primer abrazo de ganador se lo dio con Ian Poulter. Significativo. El jugador que empezó a ganar la Ryder Cup ayer. El jugador al que Olazábal comparó ayer con Seve y al que dijo que el genio cántabro estaría orgulloso de él ahí arriba. Chema ha ganado por y para Seve. “Esto es para Él”, confesó y rompió a llorar de nuevo con la gorra en la cara. No podía parar. Poco después, en la ceremonia de entrega del trofeo (Olazábal recibió la Copa a las 02.07 hora peninsular) señaló que «allá dónde esté sé que estará muy contento».
Absolutamente emocionado, Olazábal admitió que esta es la victoria más importante de su carrera, por encima de los dos Masters o de las Ryder Cup que conquistó como jugador. “Los doce jugadores han hecho un trabajo increíble. Ha sido un día impresionante. Sin duda alguna, el mejor día de mi carrera. Jamás había vivido emociones como las de hoy”, señaló.
En cuanto a la jornada de individuales, Olazábal señaló que la clave “estuvo en los cinco primeros puntos que ganamos y que nos dio alas y después las victorias puntuales de Justin Rose y Sergio García. Creo que ahí ha estado la clave, aunque todos los jugadores han sido importantes”.
Olazábal, por supuesto, dio las gracias a su equipo, cómo no, de una manera épica: «todos los hombres mueren, pero no todos los hombres vivien. Hoy me habéis hecho sentir vivo otra vez».
Nada más resolverse el partido entre Tiger y Molinari, el único que acabó en empate en toda la Ryder, lo primero que hizo Chema fue abrazarse a Davis Love III. Menudo ejemplo de capitanía han dado los dos. «Davis, sólo quiere deciros una cosa: seguro que este no es el resultado que esperábais, pero sois un equipo extraordinario, y si yo fuera estadounidense os miraría a los ojos a todos y me sentiría muy orgulloso de ser americano». Colofón final a una semana fabulosa.


