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Álvaro Quirós y la fe del carbonero

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Álvaro Quirós (-2) ha pasado el corte en Dubai embocando un putt de unos cuatro metros en el green del 18. Antes, por los últimos nueve hoyos, había pegado un estirón a golpe de birdies buscando una última opción casi por inercia. Porque el de Guadiaro, por desgracia, siente que últimamente lo hace todo por inercia: lucha porque tiene que luchar, trata de centrarse en el juego porque es su obligación… Pero ni se gusta, ni se reconoce en el campo.

Su preocupación es exactamente la misma que tendría el mecánico que busca la avería, cambia piezas, ajusta, engrasa, y cada vez que trata de arrancar el motor, vuelve a calarse. Con una diferencia: un motor, un coche, una máquina, pueden desarmarse y volverse a armar pieza a pieza, siguiendo el manual. Pero la parcela emocional y la confianza no son precisamente un entramado de piezas de usar y tirar…

Realizando un análisis pormenorizado, visto desde el otro lado de las cuerdas, hay que reconocer que en este arranque de 2015, en la Gira del Desierto, y salvo en momentos muy puntuales, la actitud del jugador en el campo no es mala. En Qatar, incluso, en este sentido anduvo por encima de las posibilidades que objetivamente le ofrecía una semana espantosa por toda la cadena de problemas físicos originados en aquella hemorragia nasal.

Todo esto es lo que dicta su lenguaje corporal e, incluso, sus resultados, pero tiene más que ver con la fe del carbonero, que se tiene porque hay que tenerla…