Según cómo se mire, una ronda de golf no deja de ser un combate a 18 asaltos en el que, incluso cuando las cosas parecen ir bajo control, en cualquier momento te puede entrar un mano y mandarte a la lona. Un socket o cañazo, en golf, bien podría ser lo que un preciso directo a la mandíbula en boxeo…
Ni siquiera un avezado profesional está libre de esta suerte maldita en el deporte de los catorce palos. Pablo Larrazábal (-12) ha sufrido hoy sus efectos en la cuarta y definitiva ronda del Dubai Desert Classic. En el hoyo 3, par 5, tenía un aprochito que el propio jugador calificaba como relativamente sencillo, pero sin explicación alguna pegaba un socket y salía de allí con un bogey y, lo que es peor, con el pasmo todavía en el cuerpo. Siguiente parada, hoyo 4, par 3. Y de nuevo el jugador español pegaba un socket, este aún más llamativo, enviando la bola al centro del lago (doble bogey). El estupor ya casi se había transformado en pánico y todavía encadenaba un bogey más en el 5, en cuyo green se las tuvo que ver precisamente con un aprochito muy parecido al del hoyo 3…
En menos de media hora, buena parte del trabajo bien hecho durante la semana se esfumaba por culpa de dos cortocircuitos inexplicables. Larrazábal, de hecho mostró enseguida una reacción tan profesional como corajuda. Birdie al 6 y unos excelentes segundos nueve hoyos, terminando con dos birdies, para dejar el combate en tablas.



