Alejandro Cañizares anda entre medias de dos realidades aparentemente contradictorias. Por un lado, su juego parece engrasado, consistente y hasta brillante por momentos. Está pegando muy buenos drives desde el tee (más largos que nunca, incluso) y, en general, se siente cómodo. Pero por otro lado, su físico le tiene con la mosca detrás de la oreja. A los hechos hay que remitirse: esta mañana salía a jugar a las 7,05 (horario local) y aproximadamente media hora antes, durante el preceptivo calentamento, sufría un pequeño pinzamiento en el cuello…
En esa situación de moderada incertidumbre se puso sobre el tee del 1. Pero hay que anotar una apunte importante: probablemente el hecho de arrastrar una lesión detrás de otra desde el pasado mes de mayo (ya han pasado más de ocho meses…) ha terminado por curtir al jugador español, que ahora prefiere ver el vaso medio lleno, tenga la molestia que tenga, siempre y cuando le permita realizar un swing de golf.



