Thomas Pieters (Antwerp, Bélgica, 1992): tarjeta de 65 golpes para abrir el año en Abu Dhabi. Lider provisional del torneo, finalizado el turno matutino de la primera jornada. Lo último que hizo antes fue estrenar su temporada 2015 con un top-ten en el Alfred Dunhill el pasado diciembre. ¿Son sólo fogonazos, después de haber gestionado con absoluta naturalidad y sin problemas su año de novato (2014) en el circuito europeo? No lo parece. O más concretamente: cada vez lo parece menos.
Buena parte de sus compañeros hablan maravillas de este jugador, sobre todo del margen que tiene de mejora. De lo que puede llegar a hacer. Lógico: el belga cumple a finales de enero 23 años y despliega talento para aburrir…
De él se habla mucho, cierto, pero Thomas es de lo que hablan poco. «¿Crees que este campo se adapta a tus características?», le preguntaban hoy nada más finalizar su apabullante vuelta. Su respuesta: «sí». Y punto. Sin más explicaciones. Mientras le dejes, él contesta con monosílabos. En el campo es otra cosa, aunque todavía le falta consistencia para dar el salto definitivo a la élite. Veremos: si esta semana se atisban mejoras en este sentido, habrá que irle dando la bienvenida al olimpo del golf…
Hoy ha enchufado el driver de maravilla y cuando esto ocurre puede estar pegando un hierro 9 de segundo golpe en hoyos donde la mayoría está pengando un 6, o un 5… Recuerda algo a Quirós, en este sentido.
A un golpe de Pieters se han situado, una vez finalizado el turno matutino de juego, Gregory Bourdy y Branden Grace, auténtico ‘míster arrebatos’: se desataba cual huracán furibundo con seis birdies en ocho hoyos, comenzando su vuelta por el 10.
Y un escalón por detrás se han quedado dos muchachos a los que se ve disfrutando de la mutua compañía. Uno tiene 26, otro 25. Fowler y McIlroy. Ambos, en el mismo partido, han entregado tarjetas de 67 golpes sin despeinarse. Reconocen, y no parece una impostura, que les gusta jugar juntos, que no supone una presión añadida. Al fin y al cabo dan muchas vueltas de entrenamiento codo con codo a lo largo del año, pues casi son vecinos de casa en Florida. La paliza del norirlandés al californiano en los individuales de la Ryder no ha ensombrecido esta fresca y excelente relación, antes bien, parece cada vez más sólida. Hoy comenzaba más fuerte el norteamericano, hasta que Rory se sacaba de la manga un golpe de recuperación ‘marca Seve’ y arrancaba la moto. «Estaba viendo a este chico hacer muchos birdies y me ha servido de motivación. No quería que se me escapara demasiado», explicaba McIlroy.



