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Sergio García, pura emoción y karma puro

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El español entrega un 61 en el Firestone, suma sólo 27 golpes por los segundos nueve y lidera el Bridgestone

Sergio García (-11) ha reventado el Firestone Country Club y, de paso, la segunda jornada del Bridgestone, con una tarjeta récord de 61 golpes, la mejor de su carrera, y unos segundos nueve hoyos que deben quedar grabados a fuego en la historia del golf español.

Merece la pena recrearse con los números del castellonense en este tramo, porque en casos como el que nos ocupa las matemáticas definen y describen mejor que el más afilado de los adjetivos: 27 golpes, ocho birdies, los siete últimos consecutivos y, por si fuera poco, once greenes consecutivos, los once últimos, resueltos a un solo putt en un campo que nunca está dispuesto a regalar nada.

Por cierto, un ‘detalle nimio’: García es el líder de este World Golf Championship con tres golpes de ventaja sobre el segundo clasificado, el inglés Justin Rose (-8), después de igualar el récord del recorrido de Akron, en posesión de Tiger y de José María Olazábal.

Es más que curioso comprobar que Sergio jamás había conseguido bajar del par en la segunda ronda de este torneo. De hecho, su media histórica de golpes en la segunda ronda del Bridgestone estaba por encima de los 72 golpes. No hay mejor modo de acabar con un gafe, una maldición, o simplemente una fatal casualidad.

Y además no puede decirse que su ronda de golf fuera un paseo triunfal de principio a fin. De hecho, tras un buen comienzo, Sergio anduvo apurado en algunos hoyos después de fallar el tiro de salida, aunque resolviendo siempre con limpieza y hasta brillantez. Sin ir más lejos, en los hoyos 8 y 9 completaba dos recuperaciones con una grandiosa sacada desde la arena y otro gran aprochito desde el rough.

Aquello era sólo la antesala de un tramo glorioso en el que iban sucediéndose tiros galácticos desde el tee o el fairway (dejaba los birdies hechos en los hoyos 12 y 13) o putts plenos de intención y eficacia: terminaba la vuelta embocando en los hoyos 17 y 18 desde más allá de seis metros en ambos casos. Todo ello ante la atenta mirada de Phil Mickelson que apenas acertaba a decirle «wow» y a chocarle el puño en el green del 18. Imparable. Inabordable.

Será ese karma que lo adorna y realza de pura estabilidad desde hace unos cuantos meses. Ya puede irle mal, muy mal o bien, que el jugador español apenas se altera. Es como si el golf y él volvieran a ser viejos compañeros de aventuras: hoy por ti y mañana por mí. Nada que ocurra en un campo de golf parece ya lo suficientemente trascendente como para arruinarle la cena.

La brutal exhibición de Sergio no puede hacernos obviar, por otro lado, la consistencia mostrada por Rose o el 64 de un tal  McIlroy (-7), que venía jugando por detrás del español y al que felicitaba alegremente en el puesto de entrevistas. El norirlandés está en realidad a cuatro golpes del español y queda por delante un largo fin de semana. O el 71 de Tiger, que no termina de encadenar dos buenas rondas de golf. O incluso el 69 de Jiménez (-2), empeñado en demostrar que está mejor que Lee Westwood, por ejemplo, pensando en la Ryder Cup…

La jornada del sábado se adelanta por riesgo de tormenta eléctrica, por lo que los jugadores saldrán por ambos tees y en grupos de tres a partir de las siete de la mañana, horario local. Sergio jugará, así pues, a partir de las nueve de la mañana (15 horas en la península) junto a Justin Rose y Marc Leishman.

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