
Allá, en los anales de la historia del golf quedará escrito y subrayado que el domingo 18 de agosto de 2013 el equipo europeo al fin ganó en suelo americano la Solheim Cup. El nombre del Colorado Golf Club de Denver queda marcado a fuego y su sola mención en el futuro evocará inmediatamente el giro brusco que tomó la trayectoria de esta competición. Como queda asimismo tatuado en la piel de las norteamericanas el registro de la tremenda paliza, 10-18, el resultado más abultado de las trece ediciones disputadas. Ahora sí, suenan tambores de guerra. La Solheim es a partir de hoy un cuento que se contará de otra manera…
La escenificación de este momento culminante está llena de significados. En primer lugar, porque fue una novata adolescente, Charley Hull, la que abrió el camino del triunfo en la jornada de los individuales, atropellando a una estrella como Paula Creamer. Dicho de otro modo: se acabaron los complejos. En segundo lugar, porque fue la sueca Caroline Hedwall, fiel exponente de una nueva hornada europea hecha y derecha, la que retuvo el trofeo al sumar los catorce puntos de rigor batiendo a Michelle Wie en el 18. Y en tercer lugar, porque también era de justicia que una representante de la vieja guardia, que tanto ha padecido en suelo americano, atara la victoria matemática: Catriona Matthew hizo los honores empatando su duelo ante Gerina Piller y alcanzando los soñados catorce puntos y medio.
Dicho lo dicho, y a partir de aquí, se desbordan las imágenes, sensaciones, apuntes, primeros análisis y los datos jugosos. Salen a borbotones…
– Comenzando por una dulce y merecida ración de deporte patrio. Porque todo esto ha sucedido precisamente la primera vez que coincidían tres jugadoras españolas en el equipo europeo. ¿Coincidencia? Pues seguramente, no seamos arrogantes. Pero sí son hechos objetivos y demostrables el peso y la presencia de nuestras jugadoras en el equipo.
– Carlota Ciganda, como ‘rookie’, ha ganado todos sus partidos, tres, un hecho sin precedentes, revelándose también como pieza fundamental el domingo a la hora de aplacar los ánimos de las barras y las estrellas, con su victoria tempranera ante un ‘morlaco’ como Morgan Pressel.
– Azahara Muñoz se convierte en la primera jugadora española en ganar dos ediciones de la Solheim, lo que paliará el amargo sabor de su derrota en los individuales ante Brittany Lang, sin duda la jugadora más sólida y regular del bando americano a lo largo y ancho de la semana. La malagueña, no obstante, llevó el duelo hasta el 17 después de marchar tres abajo.
– La dimensión de Beatriz Recari no deja de crecer. Nunca una novata tuvo menos pinta de serlo. Las capitanas, desde luego, no la consideraron como tal, asignándole un rol de veterana curtida en mil batallas. Ella respondió al reto con toneladas de aplomo en el campo. Cuando la juerga continental se desbordaba ya en cada esquina del Colorado Golf Club no quiso saber nada hasta dejar en la cuneta a Angela Stanford en el 17… Fiel a su estilo: si quiero algo voy a por ello y lo consigo.
– Caroline Hedwall tiene algo o mucho de Poulter… Vibrante, inspiradora, competitiva, oportuna, gigante en el cara a cara. Probablemente ella sea aún más espontánea. Si al inglés ya le hemos levantado un monumento, bien lo merece también Hedwall, la primera jugadora en la historia de la Solheim que suma los cinco puntos.
– Salvando las insalvables distancias, la actitud de Stacy Lewis recuerda vagamente a la de Tiger cuando se trata de ponerse a jugar en equipo. No debe tomarse como un defecto o un reproche, simplemente no se encuentran en su salsa.
– Finalicemos de momento con Charley Hull. Ella no puede ser consciente todavía de lo que ha hecho y cómo lo ha hecho. Todo a su tiempo. Mientras tanto, cuando Lee Westwood repita aquello de «todos queremos volver a patear como cuando éramos niños», pensaremos en ella.


