Inicio US Open US Open 2018 Crueldad infinita para un Rafa inmenso

Crueldad infinita para un Rafa inmenso

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Rafa Cabrera Bello pega el golpe de salida en el hoyo 2 durante la tercera ronda del US Open. Copyright USGA/Chris Keane
Rafa Cabrera Bello pega el golpe de salida en el hoyo 2 durante la tercera ronda del US Open. Copyright USGA/Chris Keane

Cruel, muy cruel, demasiado cruel. El final de la tercera ronda de Rafa Cabrera Bello (+10) ha sido una puñalada trapera. El canario ha jugado hoy con paciencia infinta, apretando los dientes, tragando quina cuando tocaba, aceptando todos y cada uno de los golpes que soltaba Shinnecock Hills y soltando él también más de un gancho a la bestia de Long Island.

Ha sido un funambulista a cien metros de altura, sin red y sin mirar abajo, siempre hacia adelante, siempre creyendo, sacando puños en cada putt de par, encontrando las pocas vías de agua que ofrecía el monstruo, haciendo birdies, sí, también haciendo birdies, aunque pareciera imposible. Ha estado inmenso, pero Shinnecock le esperaba con un hachazo final. El más doloroso. Ha sido como construir un castillo de naipes de veinte metros de altura y que en el último momento alguien habrá una puerta, genere una corriente de aire y se venga todo abajo. Doloroso.

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Rafa ha llegado al hoyo 18 con un parcial majestuoso de tres sobre el par. Había hecho tres birdies y seis bogeys tras una lucha sin cuartel extraordinaria. Ha pegado de cine desde el tee y muy buenos hierros a unos greenes donde era casi una misión imposible parar la bola. Han caído bogeys porque tenían que caer, pero ha hecho birdies espléndidos en el 1, 5 y 12, jugando los tres de manual. También ha sobrevivido, vaya si lo ha hecho, como en el 15, con un putt delicadísimo de tres metros cuesta abajo, o en el 16, haciendo approach y putt desde fuera de green, con una bandera corta y jugando con el viento a favor, o en el 17, con una recuperación excelsa desde el búnker, después de haber pegado un tirazo desde el tee que se quedó a medio metro de ser extraordinaria.

Rafa ha librado hoy una batalla épica en Shinnecock Hills y merecía otro final. En el hoyo 18 hay que poner en su debe la salida. Poco más. Cierto, el 18, un auténtico monstruo con viento cruzado en contra no es el mejor sitio para irte al rough. Cabrera Bello falló a la izquierda, a las barbas altas del monstruo, esas que no perdonan a nadie. Tuvo que jugar corto y después pegó un gran tiro a centro de green.

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El bote fue mucho más tímido de lo que merecía, pero todo apuntaba a una opción de salvar el par de siete u ocho metros. Bien jugado, ya que detrás de la bandera el green recibía cuesta arriba y pasarse suponía tener un putt de vuelta imposible. La bola se paraba a la distancia perfecta, pero de repente, como movida por una extraña fuerza electromagnética, comenzaba a caer hacia atrás, poco a poco, poco a poco, cruel, muy cruel. Siempre pareció que acabaría parándose, pero ella no hacía caso al griterío de las miles de personas que asistían a la tragedia desde la grada. No podía ser. Fue cogiendo velocidad y acabó a quince metros del green, al final de la escapada corta del 18. Tenía que pegar el cuarto golpe.

Rafa sabía que no podía quedarse corto, así que decidió tirar más firme de la cuenta, sabiendo que tras la bandera recibía cuesta arriba y podía bajar… El plan salió perfecto. La bola se pasó unos cuatro metros, se apoyó en el collarín del green y todos allí pensaban que empezaría a caer… Nanai. Esta vez no, majo. Se quedó en un equilibrio imposible, dejando un putt de vuelta criminal para bogey. Incredulidad.

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Quinto golpe. Difícilmente se puede tirar mejor ese dardo envenenado. Rafa apenas tocó la bola y de forma increíble se quedó corto del hoyo. Es la única bola que desde ahí se ha quedado corta. Se dejaba aún medio metro, sí, un putt corto, pero endiablado. Lo tiró firme para evitar problemas y ni siquiera rozó el agujero. Aún tuvo que embocar un putt de tres metros para triple bogey. Terrorífico.

En un suspiro, Rafa pasó de estar décimo clasificado con la tercera mejor vuelta de la tarde, a caer al puesto trigésimo con una tarjeta de 76 golpes. Demasiado castigo para un golfista que hoy mostró una carácter de acero. Un final para jurar en arameo y maldecir a los dioses. Golf. US Open.

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