Pocos, muy pocos jugadores van a entregar en el Firestone Country Club tarjetas con seis birdies en la primera jornada del WGC Bridgestone. Y esos son los que firmaba Sergio García (+1)…
El problema es que el de Borriol también llevaba en su tarjeta un cuádruple bogey en el 16 (había salido por el 10) y tres bogeys más. Así que tocaba hacer birdies a destajo para salvar el día y no quedarse fuera de juego a las primeras de cambio. Y hay que señalar que Sergio lo conseguía. Salvo esa empanada curiosa sufrida entre los hoyos 14 y 16, donde acarreaba un parcial de seis arriba, lo cierto es que el resto de la vuelta fue más que bueno. Muy en la línea de 2014: algunos tiros muy buenos desde la calle y un buen puñado de putts notables. Nada que ver, por tanto, con el tremendo patinazo del 16, par 5, donde había fallado la salida, después se iba al agua y hasta sumaba tres putts desde dos metros y medio. Todo un señor cortocircuito.
El caso es que Sergio apenas tuvo término medio: hizo muchos birdies, pero cuando falló el green, pagó peaje casi automáticamente. Lo que demuestra que cada manual de supervivencia es de su padre y de su madre, o de las circunstancias. Porque el de Pablo Larrazábal (+2) nada ha tenido que ver, y el barcelonés también maquillaba una ronda que anduvo haciendo equilibrios por la cuerda floja. Y es que el juego largo de Pablo estuvo demasiado despistado en un campo que perdona muy poquito… Pegando buenos castañazos desde el tee, eso sí, señal de que su espalda anda bien, pero cogiendo menos calles de las deseables y, sobre todo, muy poquitos greenes: sólo seis, para ser más exactos. Pero Larrazábal sacó sus buenas manos a pasear, minimizando todo lo que pudo el daño, tras sacar adelante nueve recuperaciones. Antología alrededor de green. Lástima de doble bogey en el 18, cuando ya casi había ganado la orilla con un empate en el bolsillo…
Vueltas por encima del par las de los dos españoles, pero aún mucho que decir, puesto que los líderes aún no han tomado una ventaja insalvable.



