Inicio Blogs Firma Invitada Casi todo lo que Vd. siempre quiso saber sobre el edagolfismo y...
El ingenio de Erin Sand a propósito de la confesión de Rory McIlroy sobre el PGA Tour Champions

Casi todo lo que Vd. siempre quiso saber sobre el edagolfismo y nunca se atrevió a preguntar…

Compartir
Miguel Ángel Jiménez posa con el trofeo tras su victoria en el Trofeo Hassan II.
Miguel Ángel Jiménez posa con el trofeo tras su victoria en el Trofeo Hassan II.

59, desde luego, es un número que, desde una perspectiva golfística, resulta muy complicado de caligrafiar. Tanto es así que incluso si eres mujer y lo consigues, de inmediato te coronan con un irónicamente prestigioso título de Miss como a Annika Sörenstam. Solo 14 jugadores han logrado rondas de 59 golpes en el PGA Tour (Jim Furyk hizo 58 por lo que son 15 los que han bajado de 60). Por esta razón, que no te sorprenda, paciente lector, que al mismísimo Nicklaus se le rompiera la mina del lápiz o que ni siquiera Tiger en solitario haya sido uno de ellos. Solo con el respaldo de sangre de su sangre en el PCN Championship de 2024 le hemos visto en ese registro. Todos apostaríamos a que sus rondas de práctica quedan fuera de este cómputo, pero para corroborarlo sería mejor preguntar a Mark O’Meara las poderosas razones por las que en abril del 97 decidió retirarse a la francesa de una fiesta de birdies e eagles de Tiger antes de que acabara una de esas rondas que fueron el preludio de su poderosa victoria en el Masters de Agusta unas semanas después.

Fuera del PGA tenemos a otro puñado de jugadores dentro de la legendaria hermandad del 59 (o menos), entre ellos Tres Mosqueteros como DeChambeau, Joaquín Niemann o Alex del Rey (el madrileño, como Furyk, hizo 58 en el Challenge Tour). Con semejante plantel cualquiera vendería su alma a Fausto con tal de ser D’Artagnan y completar el match, «todos para el 59 y un 59 para todos».

Pero, ¿y si en lugar de hablar de 59 golpes los convierto en edad biológica? Seguramente ya estarás empezando a fruncir el ceño o puede que la curiosidad te haya arrancado una sonrisa traviesa. Parece que para el 59 en este contexto la exclusividad la tiene, ni más ni menos, el no por muchos conocido como Huckleberry Dillinger, Tom Watson, para los amigos. Si te ha iluminado el faro de Turnberry y acabas de traer a valor presente su imperial actuación en el Open de 2009, donde esta vez el resultado del duelo le impidió hacer historia, estás muy cerca de intuir el concepto de edagolfismo y de agregarlo a tu particular diccionario como la RAE hizo en diciembre del 2022 con el palabro “edadismo”.

Pues bien, 59 eran las primaveras que tenía Watson cuando se batió el cobre con un treintañero llamado Stewart Clink con un desenlace que borró de un plumazo el que habría sido el mayor logro en términos de longevidad en los majors. Eso sí, esa incompleta gesta no sirvió para que el R&A haya reconsiderado la edad límite para jugar el Open, sino todo lo contrario. Ésta se ha ido reduciendo progresivamente y todos los que besen la Jarra de Clarete a partir de 2024 no podrán ponerse en situación de seguir la senda del querido Watson, puesto que la cota de edad para jugar que ha establecido son 55 años para los antiguos campeones.

El debate sobre la edad y la longevidad en el golf profesional se sirve solo y hasta caliente. Eso sí, en tanto y cuanto resolvemos, que sepa Vd., cada día más estimado lector, que la saga de los Morris siguen manteniendo la exclusiva de ser el jugador más joven y de más edad en ganar el Open: papá Tom a los 46 años y su hijo a los 17, curiosamente solo con un año de diferencia, en 1868. En los periódicos españoles de la época, una Erin del pasado seguro que habría intentado publicar en la Revista de España una crónica a una familia “Gloriosa” para conseguir avivar ese interés incipiente por las actividades deportivas de la sociedad de la época con el foco todavía más puesto en la caza.
Pero cojamos el DeLorean y viajemos a 2021. Es en este año cuando da un paso al frente y entra en escena en el PGA un zocato de poderosos gemelos para demostrar que los cincuenta son la juventud de la vejez y que se pueden levantar sin mucho esfuerzo los 12,7 kilos que pesa el Trofeo Wanamaker. Con ello superó el récord de Julius Boros, que logró su propia victoria de veterano a los 48 años y cuatro meses también en el PGA, pero allá por el 1968 cuando los jóvenes parisinos coreaban que fuéramos realistas y pidiéramos lo imposible.

Confío en que tu nivel de frikismo y mis palabras hayan conseguido que ya estés visualizando y recreándote en el misil de 366 yardas del hoyo 16 que disparó el Sr. Mickelson para abofetear al que es el campo más largo y uno de los más exigentes de la historia de los grandes: el Ocean Course de Kiawah Island en Carolina del Sur. No podemos negar que el virtuosismo se encuentra en el control que evidencia el famoso Phil Flop, pero una de las pruebas del algodón, cuando hablamos de edagolfismo, está en cuestionar si hay correlación entre la distancia con el palo mayor de la bolsa y la edad. La idea es llegar a concluir que el golf no es un deporte basado solo en la potencia o la velocidad y que el equipamiento, la preparación física, la nutrición y la recuperación permiten seguir siendo competitivo aun cuando la fuerza bruta disminuya y haya que incluir suplementos de creatina en el desayuno.

Así, el driver más largo hasta la fecha de un jovenzuelo como Nick Dunlap, también lo tiene entre sus recuerdos el PGA de 2024 pero “solo” de una distancia de 324 yardas. Sí, reconozco que es un dato oportunista: los 20 años de Dunlap no son nada, como diría Gardel, aunque le convierten el jugador de menos edad con tarjeta del PGA (hasta que otro Potter venga con algunos de sus trucos del novato cuando termine la universidad) y, además, ponen en valor la gesta de Phil.

Por si todavía el argumento no te parece suficientemente convincente, paciente lector, las distancias medias de los jugadores más veteranos del PGA, Lucas Glover (45) y Adam Scott (44) son de 290,7 y 307,1 yardas respectivamente, mientras que la de Dunlap está en un punto intermedio: 299.9 yardas. Durante su victoria en el PGA de 2021, Phil registró una distancia media de 295.5 yardas. Conclusión: la edad no impide ser poderoso con el driver. Además, hay consenso en que el juego corto es el que marca la diferencia y es ahí donde la condición física no es tan determinante. Es un axioma que en el golf, como en la vida lo que no tienes de experiencia tampoco lo puedes suplir siempre con ciencia, léase técnica o pericia.

Sesudos –y la mayoría de ellos anónimos- miembros del R&A, reconsideren, por favor, su planteamiento, máxime teniendo en cuenta que la esperanza de vida aumenta exponencialmente cada año que pasa y que tenemos a peculiares millonarios como el Sr. Bryan Johnson haciendo industria de la inmortalidad. El marketing del golf también tiene que cambiar. Todos los que ahora seguimos a las nuevas generaciones queremos verlos también cuando por su edad nos cuenten historias de superación, resiliencia y experiencia. Que las barreras y los límites las establezca cada jugador.

Es verdad que las declaraciones de “mi Rory”, flamante bicampeón del The Players, sobre su idea de no jugar en el Champions, salvo que ocurra algo terrible, (Rory, no quiero abundar en la idea de lo que tú consideras terrible no vaya a ser que tenga que rasgarme las vestiduras como tú la camiseta en Dubái) no ayudan a fomentar que el golf sea más inclusivo, también en términos de edad. Seguramente muchos senadores del golf, y no solo Ernie Els, que hoy despliegan juego y buen hacer en este circuito, dijeron lo mismo en su día. Me gustaría poder hacerle a Tiger esa misma pregunta partiendo de la premisa de que consiguiera resurgir de sus múltiples lesiones. Si alguno de vosotros está a menos de seis escalones de Amanda Balionis que, por favor, se lo sugiera de mi parte. Probablemente, la respuesta, y la mirada que la acompañase, serían tan contundentemente vehementes como las que tuvo cuando en su aparición en Augusta, después de aquel fatídico accidente, le preguntaron si pensaba que tenía oportunidades de volver a ganar. Cada uno es cada uno y tiene sus «cadaunadas» (motivaciones). Si Miguel Angel Jiménez se hubiera prejubilado anticipadamente a los cincuenta, además de su victoria en el Open de España de 2014, se habría perdonado otras diez en el Champions Tour, así como 107 apariciones en el DP Word Tour. Además, por si alguien mide en términos cuantitativos, el caso de éxito de Langer, que ha triplicado en el Champions sus ganancias en el PGA, tampoco habría sido tal.

El PGA Tour Champions se creó precisamente, entre otras razones, cuando se identificó que el golf de las leyendas tenía y tiene su público, que eso se podía capitalizar y que, además, así se daba una oportunidad para mantener competitivos a golfistas cuyo rendimiento parecía disminuir con la edad. Un gran regalo para el 50 cumpleaños de Arnold Palmer al que supo sacar rédito sumando diez victorias más en su carrera. También los otros dos reyes se anotaron un buen número de victorias en la época en la que empezaron a peinar más canas, pero no con menos ganas: diez para Nicklaus y 19 para el Caballero Negro, quien, por cierto, a sus 89 años mantiene una forma física que ya querrían para sí algunos de los cuarentones que pinchan en el tee del uno cada domingo en su club. Por no hablar de que el sueño de cualquiera sería poder firmar todavía, como él, dos tarjetas en el Masters de Augusta con 73 años, aunque fueran con un acumulado de 161 golpes. Casualmente los mismos golpes que impidieron también al chileno Toto Gana (muy adecuado, pero nada profético apellido para un jugador) pasar el corte en 2017 a sus 19 añitos. Seguro que son Vds. buenos entendedores y por eso a esta reflexión le sobran mil palabras.

Sin embargo, el propio circuito tiene un sesgo de micro edagolfismo porque parece encasillar a los veteranos en un circuito senior en el entendimiento de que no pueden competir en el principal. ¿Quién no piensa que, precisamente, parte del romanticismo y del aura que rodea a el Masters no tiene que ver con la posibilidad de ver competir juntos y en igualdad de condiciones a las “viejas glorias” y a los jóvenes potenciales futuros dominadores del golf mundial? Maestro don José María Olazábal, desde aquí le suplico, rodilla hincada en tierra, que lo pelee y se una Fred Couples, Bernard Langer y Tommy Aaron para completar el póker de ases que han conseguido pasar el corte en el Masters a los 63 años. Seguramente, otros quieran seguir esa estela y se despierte un interés en el que la edad sea un factor que se tenga también en cuenta como vara de medir el mérito. Porque, querido Rory, según la frase atribuida a Mark Twain, no dejamos de jugar porque envejecemos, envejecemos porque dejamos de jugar y si no nos crees puedes seguir escuchando el podcast de Andrew Huberman.