Inicio Grandes Circuitos Asian Tour El milagro de Navidad de Edu
La extraordinaria historia de superación del golfista español para sacar la tarjeta del Asian Tour

El milagro de Navidad de Edu

Compartir
Eduard Rousaud. (Photo by Valerio Pennicino/Getty Images)
Eduard Rousaud. (Photo by Valerio Pennicino/Getty Images)

Hace tiempo, mucho tiempo, alrededor de dos años, Eduard Rousaud y su entrenador Alejandro Larrazábal se miraban a los ojos y ponían una mueca de extrañeza. Algo no cuadraba. No lo terminaban de entender. Practicaban de sol a sol y el swing fluía de maravilla. La bola salía exactamente como querían. Sabían que era el camino, pero de pronto la secuencia empezaba a fallar. Ya no era lo mismo. De un día para otro. Casi de un golpe a otro aquello no iba. Era un Expediente X que sólo provocaba desesperación y frustración. El cuerpo de Rousaud se movía de maravilla hasta que dejaba de hacerlo. Olvídate tú de la consistencia…

Como suele ocurrir en estas situaciones, un golfista, y cualquier deportista de máximo nivel, sólo entiende una solución para un problema de este calibre: trabajar más, machacarlo, repetir, interiorizar. Es lo que hacía Edu. Jamás le costó a este jugador de Barcelona de 24 años agarrar sus palos de golf y ponerse a practicar o jugar 18 hoyos. Tiene la bendita suerte de que su trabajo es al mismo tiempo su pasión. «Cuando estoy entrenando prefiero que me queden siete que cinco hoyos», explica en una larga e interesante con Ten Golf a la vuelta de Tailandia, donde ha conquistado la tarjeta del Asian Tour.

La solución de echar más horas no funcionaba. Se repetía la secuencia. Todo iba bien hasta que dejaba de ir bien. De pronto, en una de esas muecas, casi al mismo tiempo, Edu y Alex, Alex y Edu, se dijeron: «¿Y no tendrá que ver todo esto con una limitación física?». Obviamente, no era algo serio, ya que no había apenas dolor, pero la única explicación razonable que encontraban es que el cuerpo de Edu, y más concretamente su cadera, por lo que fuera, no le permitía hacer el movimiento con consistencia una y otra vez. Mientras le aguantaban las piernas frescas, se defendía, pero en cuanto flaqueaban un poco las fuerzas, venían los problemas.

Ahí aparece en escena David Puig, uno de los mejores amigos de Edu y una persona que siempre está dispuesta a echar un cable. El golfista de La Garriga le consigue una cita a mediados de noviembre de 2023 en el TPI (Titleist Performance Institute) de Estados Unidos y, más concretamente, con dos genios de la biomecánica: el doctor Greg Rose y Dave Phillips, entrenador de Puig, Jon Rahm y Alex del Rey, entre otros. Apenas está un día con ellos, poco tiempo, pero sí el suficiente para que le confirmen que, efectivamente, había una limitación física. Lo que chirriaba en la secuencia de su swing, cuando fallaba, era la cadera. En cuanto había fatiga en las piernas, la cadera izquierda se iba bloqueando de manera instintiva para protegerse de una posible lesión. Edu lo compensaba con las manos y, claro, bajo presión aparecía la inconsistencia. Sabían lo que pasaba, pero todavía desconocían por qué se producía.

Rousaud se marcha de California con una lista de ejercicios que deberían mejorar su cadena de movimientos y, efectivamente, surten efecto. Las sensaciones son positivas y empieza muy bien el año 2024. En los cuatro primeros torneos del Alps Tour logra un segundo puesto, tres top 12 y pasa todos los cortes. Parece que la cosa marcha, pero en realidad es casi un espejismo. Sí, los ejercicios ayudan, y también la frescura de empezar un año después de vacaciones, pero los problemas reaparecen pronto. Otra vez la frustración.

Ya en el Challenge de España, en Sevilla, mes de mayo, que acaba con victoria de Joel Moscatel, Edu detecta que hay ejercicios de estiramientos que a partir de cierto rango no salían, pero sigue adelante. Realmente, en ningún momento parece algo serio o grave, ni siquiera hay mucho dolor, más allá de una molestia.

Eso cambia en el Challenge de Cádiz, en Sancti Petri, en junio. Ahí aparece por primera vez el dolor, falla el corte y va directo a ver al doctor Cerrato de la clínica Cemtro de Madrid para hacerse un TAC de contraste. Será la primera vez que escuche esta frase que le cambiará la vida: «triple impeachment». Suena a problema gordo para el presidente de Estados Unidos, pero en realidad es una diagnóstico de su problema de cadera. Ahora sí, ocho meses después de estar en el TPI, parece que han encontrado el origen del problema. Básicamente, en roman paladino, Rousaud explica: «el fémur y el acetábulo son dos huesos que están unidos por un labrum en la cadera, una especie de cartílago. Lo que yo tenía era un exceso de hueso, tanto en el fémur como en el acetábulo y esto estaba provocando problemas en el labrum, de ahí venía el dolor y todo lo demás». Uno escucha triple impeachment y le puede dar un síncope, pero en realidad para Edu fue un alivio, el principio del fin. Por un lado, ya sabía lo que tenía y por el otro había una explicación lógica para que el swing no terminara de funcionar en determinadas circunstancias.

Ya en Barcelona hay que tomar la decisión de si pasa por el quirófano o aguanta hasta final de temporada. Le vuelven a hacer un TAC de contraste y el médico le dice: «todo depende del labrum, si está completamente roto debemos operar de inmediato, de lo contrario es posible que tengamos que ponerte una prótesis de cadera dentro de tres años. Si el labrum no está muy dañado podríamos tirar hasta diciembre…».

A primeros de julio, Rousaud baja en coche de Barcelona a Almería para jugar el Alps de Andalucía. Le acompaña Víctor García Broto. Antes de llegar a Aguilón, la sede del torneo, recibe en su teléfono el informe de la prueba: «amplia rotura del labrum». Se acabó. Rousaud empieza a jugar el torneo, hace 72 golpes, pero su cabeza ya no está allí. Quién sabe si por sugestión o realmente por un tema físico, el dolor empieza a ser ya muy intenso y decide retirarse del torneo antes de jugar la segunda ronda. Es el 6 de julio. Su última ronda de competición ha sido el día antes.

«Ahí tuve mucha suerte. Por contactos familiares y la intermediación de mi manager, Gorka Guillén, conseguimos un hueco de urgencia en la clínica Dexeus para ser operado por el doctor Cárdenas, el mejor especialista de cadera de España. No puedo estar más agradecido», explica. El 12 de julio se somete a una artroscopia. Le colocan cinco anclajes en la cadera, le sanan el labrum y le liman el fémur y el acetábulo. Cuando sale del quirófano, el médico le confiesa que rara vez había visto tanto exceso de hueso, pero que todo ha ido bien. Tendrá que estar 5-6 semanas andando con muletas, no podrá salir al campo hasta enero y lo de competir será imposible hasta febrero. Es aquí cuando se produce el milagro de Navidad de Rousaud…

Edu se puso a trabajar como una bestia. Realizó una inversión muy importante en fisioterapia. Tres días a la semana con Iván Llull, hermano de Sergi, jugador del Real Madrid de baloncesto. Tres veces al día durante ocho semanas se sometió a baños con agua fría, sauna, gimnasio programado… Sin descanso. La recuperación iba como la seda. En septiembre empezó a andar normal y notó cómo los plazos se iban acortando. A mitad de septiembre empezó a aprochar y patear, siempre con mucho cuidado, poco a poco, y a mediados de octubre, muy lento, comenzó a pegar bolas, como al 30 por ciento de la intensidad. «Yo soy muy tozudo y creo mucho en mí mismo, así que me apunté a la Escuela de Asia en diciembre, sabiendo que me podía borrar si la cosa no iba bien», explica.

El 1 de noviembre, otro hito en la recuperación. Pega su primer drive en la cancha de prácticas. El propio Edu va dando pasitos adelante. El dolor muscular no es problema, se aguanta, dura dos o tres días y adelante, la clave es que no doliera la articulación y, de momento, respondía a la perfección. El 10 de noviembre sale por primera vez al campo, a su campo, al Prat. Menos de un mes antes de la Escuela de Asia. A partir de ahí, se mata a currar. «No he entrenado más en mi vida. De lunes a viernes. Empezaba a las 5:30 de la mañana y acababa a las 19:30 de la tarde: baños de agua fría, gimnasio, sauna, campo, approach, putt… Todo pausado al principio y subiendo la intensidad poco a poco. Eran entrenamientos de mucha calidad», señala.

Al mismo tiempo, Edu trabaja va trabajando la mente, no tanto enfocado a la competición, sino desde el punto de vista personal. Sesiones de mucho valor con Joseba del Carmen. «Estoy muy feliz. Después de la lesión veo las cosas desde otra perspectiva. Valoro mucho más estar en el campo de golf y he empezado a restar importancia al resultado. Obviamente siempre está ahí, no deja de ser un objetivo, sigo queriendo ser Número Uno del mundo, pero dando mucha más relevancia al presente. Descubro a un Edu diferente, muy en paz, aunque a lo mejor la gente pueda pensar que estoy sonado. A mí siempre me ha gustado tener todo bajo control, soy tremendamente exigente y cuando las cosas no me salían en el campo de golf me provocaba una frustración infinita. Sin embargo, con la lesión, cuando no puedes competir y, casi ni te puedes levantar a por un vaso de agua, eres dependiente, empiezas a valorar más los momentos en familia, las visitas de los amigos… No hace falta controlarlo todo, no hay que buscar una explicación a cada bola que sale mal. Estoy más tranquilo, más relajado, encontrando más la esencia de mi persona», afirma.

El 10 de diciembre, exactamente un mes de después de salir por primera vez a jugar el campo, disputa sus primeros 18 hoyos de competición en Kanchanaburi, Tailandia. Es la primera jornada de la previa de la Escuela del Asian Tour. Hace cuatro meses estaba tumbado en una camilla en la sala de un quirófano. Es la primera vez que juega 18 hoyos seguidos.

Rousaud ha jugado nueve rondas consecutivas bajo par en Asia, las cuatro de la previa y las cinco de la final y ha conseguido la tarjeta para el próximo año acabando en el puesto 16º. Pero lo más importante de todo es que no le ha dolido nada y ha disfrutado en el campo. «He recuperado mi conexión con el putter, le he pegado más suelto y, en consecuencia, he ido también más largo, he disfrutado como un niño pequeño. No voy a negar que el último día no disfruté tanto, ahí sí había presión y tensión porque una vez allí me hacía mucha ilusión conseguir la tarjeta, era el objetivo y lo tenía a mano. Pero dentro de todo eso lo disfruté a mi manera. Al fin y al cabo, llevaba cinco meses y pico, desde el 5 de julio sin poder hacerlo. Estoy muy orgulloso y contento, pero más por todo el trabajo que me ha llevado hasta aquí que por el propio resultado», apunta.

Edu ha abierto una nueva etapa en su carrera. Localizado el problema y solucionado, transmite al que escucha la sensación de que sale mucho más fuerte, más preparado mentalmente, con la ilusión renovada. Que se agarren, que viene Rousaud, un jugador que fue capaz de empezar su primer US Open, aún como amateur, embocando desde la calle en su hoyo inicial para eagle. «Lo peor de toda esa etapa antes de la lesión y del diagnóstico es que no era capaz de consolidar ese pequeño cambio técnico. A veces te cuesta más, pero sabes que con repeticiones y trabajo lo acabas consiguiendo. La cadera no me lo permitía y me topaba cada vez con un muro. Cuando la frustración es tan grande, no disfrutas y eso es lo que más echaba de menos». El muro ha caído. Edu ha vuelto.

Es el milagro de Navidad Rousaud.

1 COMENTARIO

Comments are closed.