Esta semana en Alcudia, Quim Vidal no necesita milagros ni combinaciones matemáticas: tiene la tarjeta del DP World Tour 2026 en el bolsillo. Dicho así parece simple, pero no lo es. Es el premio a una temporada completa, equilibrada, con una victoria, cuatro top ten y una madurez que empieza a dejar huella. Por primera vez en su carrera, Quim formará parte del máximo circuito europeo. En un deporte donde todo cuesta tanto, no es moco de pavo para el jugador de 25 años. Un gran botín que merece ser celebrado.
El catalán llega a Mallorca con una sonrisa serena, la de quien sabe que el trabajo está hecho, pero sin desconectarse del todo. “Estoy muy contento con mi año, no por nada en concreto, sino por el conjunto. He podido cuadrar todas las partes del juego y eso se refleja en los resultados. Ha sido una temporada muy completa”, explica.
Esa frase resume bien la sensación que transmite Vidal: equilibrio, pero también ambición. Porque, aunque su hoja de servicio 2025 es más que positiva, él mismo pone sobre la mesa los aspectos que debe mejorar. No busca excusas ni se conforma. “El aspecto mental es clave. Si quiero ser más sólido y estar arriba más veces, tengo que mejorar ahí”, reconoce sin rodeos.
Lo dice alguien que se conoce bien. Quim admite que en los momentos de tensión, sobre todo cuando se pelea por pasar cortes, la cabeza a veces le juega malas pasadas. “Me enfado mucho. Cuando estoy sufriendo me puede la tensión. Me cuesta manejar la presión”, confiesa. No es fácil admitirlo, y menos en público. Pero lo hace con una sinceridad que honra. Chapeau.
Por eso lleva meses trabajando ese apartado con dos psicólogos, uno enfocado en lo deportivo y otro más en la vida cotidiana. El primero es Javi Sainz, golfista profesional, con quien mantiene una relación de confianza desde hace años. Reconoce que con Javi está aprendiendo a canalizar mejor las emociones. «Nos conocemos bien y eso ayuda mucho”, cuenta.
La diferencia puede parecer sutil, pero en golf es un abismo. De hecho, Quim identifica un patrón muy concreto que ha sido su gran asignatura pendiente en 2025: los sábados, la jornada del movimiento. De los últimos doce torneos en los que ha pasado el corte, solo un sábado ha jugado bajo par. Sabe que el problema no es de juego, es mental. Esa transparencia, tan poco habitual, le da aún más valor al salto que ha conseguido este año.
Consciente de que el DP World Tour elevará la exigencia en todos los sentidos, Vidal ha decidido no dejar nada al azar. “Llevo un par de meses trabajando este tema con Javi y la verdad es que voy dando pasos. Estoy contento, pero sé que aún me queda”, dice. Esa mentalidad de mejora continua es la que suele marcar la diferencia cuando llega el momento de convivir con los mejores.
La Final del HotelPlanner Tour en Alcanada, más que una obligación, es para él una oportunidad para cerrar el círculo con buenas sensaciones. No hay presión por el resultado, pero sí un objetivo personal: acabar la semana satisfecho con su juego. “Quiero sentir que estoy en buena línea, que sigo creciendo. Si puedo mirar hacia arriba en la tabla, perfecto. Pero sobre todo quiero irme de aquí contento”, asegura.
Sea cual sea su posición final, el balance del año de Quim Vidal es rotundamente positivo. Ha mostrado una madurez competitiva cada vez más visible y, sobre todo, una autocrítica poco común en jugadores jóvenes.
En 2026 vivirá, con casi toda probabilidad su primera temporada completa en el DP World Tour. El reto no será pequeño: nuevos campos, rivales con más experiencia y semanas donde la línea entre pasar o no el corte se mide en milímetros. Si el español logra que su cabeza acompañe al juego que ya tiene, Quim puede convertirse en una de las sorpresas agradables del próximo año.
Por ahora, en Mallorca, respira tranquilo. El gran salto ya es suyo y lo mejor es que lo ha conseguido sin perder el hambre.



