Inicio Grandes Circuitos Aberg y Lowry ponen el espectáculo en el estreno de la TGL
Es un nuevo concepto: rápido, dinámico, entretenido, cero tensión... puro show

Aberg y Lowry ponen el espectáculo en el estreno de la TGL

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Ludvig Aberg celebra con Wyndham Clark uno de los puntos conseguidos en el estreno de la TGL.
Ludvig Aberg celebra con Wyndham Clark uno de los puntos conseguidos en el estreno de la TGL. (Photo by Brennan Asplen/TGL/TGL Golf via Getty Images)

– La TGL (Tomorrows Golf League) ha debutado esta madrugada en el pabellón SoFi Center de Palm Beach, Florida. El equipo de Bay Golf Club, formado para esta ocasión por Shane Lowry, Wyndham Clark y Ludvig Aberg, ha arrasado (9-2) al New York Golf Club de Xander Schauffele, Rickie Fowler y Matthew Fitzpatrick ante la mirada de Tiger Woods y Rory McIlroy, impulsores de esta iniciativa que no se quisieron perder el estreno. En cualquier caso, el resultado es lo de menos. Lo relevante era ver por primera vez este nuevo concepto y sacar las primeras impresiones y conclusiones.

– No es el golf del futuro, ni lo pretende. Jamás sustituirá al golf tradicional. Es un nuevo entretenimiento. Sin más. Y sin menos. Puro show. Es rápido, divertido, dinámico, con música, interactivo con los jugadores… Es el Top Golf con golfistas de máximo nivel. Es un concepto muy americano, aunque paradójicamente el espectáculo en el primer día lo pusieron dos europeos: Ludvig Aberg y Shane Lowry. Ellos dos decantaron la balanza, pegaron los mejores tiros y concretamente el sueco dio una exhibición en los greenes.

– Se juega a toda mecha. Si sirve de alguna manera para que los profesionales se den cuenta de que se puede jugar más rápido al golf y nadie se muere, bienvenido sea el invento. Cada hoyo se juega en unos cinco minutos de media. Tienen 40 segundos para ejecutar cada golpe y el reloj aprieta, sobre todo en los greenes. Se pone en marcha pronto y si no se golpea en el tiempo estipulado reciben un golpe de penalidad. No hubo que aplicarlo. Nunca habrán visto patear más rápido a un jugador del PGA Tour. Quizá por la velocidad a la que se juega es por lo que se le ha dado tan bien a los europeos… No lo descarten.

– El pabellón es espectacular. Digno de verse. Hay tres pantallas gigantes. Una central con el dibujo del hoyo donde se ven todos los golpes largos y dos laterales donde se ofrece toda la información del partido. Apenas hay capacidad para 1.500 espectadores. Parece más una sala de cine gigante, una especie de teatro, que un pabellón de deportes al estilo baloncesto.

– El diseño de los hoyos es único y muy entretenido. No han puesto límites a la imaginación. Todo lo que no se puede ver en el golf tradicional. Hay un hoyo con lava rodeando la calle y el green, varios que ofrecen hasta tres calles diferentes desde el tee, mucha agua, calles estrechas… En definitiva, lo que podemos ver en cualquier videojuego. El límite es la creatividad del diseñador sin hacerlo injugable, claro.

– Se echa en falta, al menos en este primer día, no sabremos si más adelante se introducirá, que las condiciones puedan cambiar. Esta vez han jugado todos los golpes sin viento y sin agua. Estaría bien recrear también esas situaciones para complicar más el asunto.

– La tecnología del green es impresionante. Está construido sobre una plataforma que puede girar 360 grados y que cambia cada vez las ondulaciones de la superficie, de manera que cada vez juegan un green diferente. La hierba es la misma, pero las posiciones de bandera son infinitas. El principal riesgo de este nuevo concepto es la monotonía, al fin y al cabo siempre es el mismo sitio, por mucho que cambie el diseño de los hoyos en la pantalla. En algún momento se hizo algo repetitivo.

– La velocidad es lo mejor de la TGL. El partido empezó 17 minutos después de las tres de la mañana, hora peninsular española, y acabó minutos después de las cinco de la mañana. Se ve en menos de dos horas, aunque de juego real es poco más de una hora. Los obligatorios cortes publicitarios de televisión se comen más de media hora del show.

– El formato es curioso, sobre todo los nueve primeros hoyos que se juegan en golpe alterno los tres componentes de cada equipo. En el hoyo 1, por ejemplo, empezó pegando desde el tee Shane Lowry, Wyndham Clark pegó a green y Aberg embocó el putt para firmar el primer birdie de la historia de la TGL. Los seis últimos hoyos se juegan uno contra uno match play. Cada integrante de los equipos juegan dos hoyos. Lowry jugó contra Fowler, Clark frente a Fitzpatrick y Aberg ante Schauffele. No hubo color. Los seis primeros puntos del golpe alterno cayeron del lado de los Bay Golf Club.

– Cada hoyo ganado es un punto y el empate es cero. Gana el equipo que más puntos consigue. Aunque matemáticamente se haya ganado el duelo al ser match play, se juega hasta el final porque los hoyos ganados totales servirán para dilucidar los empates al acabar la fase regular. Los cuatro primeros equipos de esta primera fase pelearán por el título en unas semifinales y final.

– El concepto hammer. Se trata de un pañuelo amarillo que se puede lanzar al suelo en cualquier momento para retar al rival. Cuando se tira significa que quieren doblar el valor de ese hoyo. Es decir, ganarlo vale dos puntos en lugar de uno, mientras que el empate seguiría siendo cero. El hammer se utiliza de manera alterna entre los equipos. Lo tiene un equipo y cuando lo lanza pasa al otro, que tiene entonces la potestad de volver a lanzarlo cuando quiera. Hasta que no lo haga no pasa al otro equipo.

Clark bromea con el hammer.
Clark bromea con el hammer.

– El primer día de la TGL demostró también que si estás jugando mal se nota, no te puedes esconder detrás de la tecnología. Menuda crisis que tiene encima Matt Fitzpatrick…

– Los tres jugadores están acompañados por un asistente que ejerce de caddie, les explica cómo utilizar en su banquillo mediante una pantalla la tecnología para diseñar la estrategia en cada hoyo. Los golpes largos se pegan desde calle, rough o arena según dónde haya caído la salida. En el rough se dropa. Las planchas de calle y rough acaban llenas de chuletas.

– No faltaron algunos famosos entre el público en el estreno de la TGL, cantantes, jugadores de la NBA y demás farándula.

– El resultado no importa, carece de valor. Sólo se trata de pasar un buen rato y eso lo consigue. Únicamente los cortes publicitarios entorpecen un show ágil y entretenido. Es curioso, perfecto para zapear, ir y volver, y aparentemente divertido para ver en directo por el montaje.