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Del Zika al Covid-19: el virus olímpico del golf

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Rory McIlroy. (© Golffile | Fran Caffrey)

El regreso del golf a los Juegos Olímpicos ha sido tan celebrado como accidentado. Nada tiene que ver el deporte de los 14 palos con esto último, faltaría más, pero la fatalidad en forma de virus ha marcado las ediciones de Rio de Janeiro 2016 y Tokio 2020.

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En Brasil fue el Zika, un flavivirus que se tramite por la picadura de mosquitos vectores del género Aedes y que provoca la fiebre del Zika, una enfermedad benigna sobre la que normalmente no se reportan casos fatales. Mientras, en Japón ha sido el Covid-19, un coronavirus del que, por desgracia, lo sabemos casi todo salvo, de momento, cómo combatirlo y cómo frenar su expansión más allá del confinamiento.

El Zika y el Covid-19 poco tienen que ver. Uno es, como su propio contagiador, un mosquito, algo molesto, desagradable, un dolor de cabeza, algo bastante insignificante, mientras que el otro se nos ha colado en nuestras vidas como un elefante en una cacharrería. El enemigo público número uno del mundo.

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Lo más curioso de todo este asunto vírico, visto con el paso del tiempo, es la diferente reacción del mundo del golf ante ambos. En Brasil, con la excusa del Zika, hubo hasta 27 golfistas que renunciaron a participar pese a haber conseguido la clasificación. La lista negra fue la siguiente (entre paréntesis la posición del ranking mundial que ocupaban entonces): Jason Day (1), Dustin Johnson (2), Jordan Spieth (3), Rory McIlroy (4), Adam Scott (8), Branden Grace (10), Louis Oosthuizen (14), Hideki Matsuyama (17), Charl Schwartzel (21), Shane Lowry (27), Kim Kyung-tae (41), Marc Leishman (45), Francesco Molinari (56), Hideto Tanihara (69), Graeme McDowell (74), Victor Dubuisson (78), Matt Jones (84), Vijay Singh (116), Camilo Villegas (314), Angelo Que (320), Brendon de Jonge (329), Lee-Anne Pace (39), Christel Boeljon (121), Anne van Dam (366), Dewi Schreefel (406), Cathryn Bristow (446) y Dottie Ardina (509). Un diminuto mosquito, por entidad y trascendencia de su picadura, hizo un roto importante en el flamante regreso del golf a los Juegos. El miedo es libre y cada uno lo maneja como quiere y puede.

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Sin embargo, cuatro años más tarde, cuando el Covid-19 ya estaba pegando con fuerza en todo el mundo y antes de que el COI finalmente diera su brazo a torcer y anunciara el aplazamiento de los Juegos, sólo Dustin Johnson había renunciado a participar y, hasta donde se sabe, nada tenía que ver con el coronavirus. En cierto modo, se podría decir que el Covid-19 ha desnudado al Zika (buen título para un libro de Stephen King).

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Obviamente, si los Juegos de Tokio no se hubieran aplazado es posible que se hubiera producido alguna baja en los próximos meses, pero esta diferente reacción ante los virus sólo demuestra con absoluta contundencia que lo del Zika fue un clavo ardiendo que utilizaron los más descreídos con el golf olímpico para quitarse de en medio. Algo así como, «sí, sí, mola mucho pero primero que vayan otros a ver que tal y después ya si eso yo me uno…».

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Los Juegos Olímpicos se supone que se celebrarán en 2021. Más de uno y dos jugadores que estaban clasificados para Tokio tendrán ahora el temor de si no habrán perdido la única oportunidad de su vida de clasificar para unos Juegos. La siguiente edición será tres años después en París. Queda todavía más de un año por delante para Japón, pero ya sabemos cómo pueden cambiar los estados de forma y las clasificaciones en golf en 365 días. Para el que probablemente haya sido un alivio es para Tiger Woods. Quiere participar en unos Juegos, es uno de sus grandes desafíos, y lo cierto es que tal y como iba este año lo tenía muy complicado.