Jon Rahm defendió su título de campeón en la Final de Dubai con gallardía y, aunque nunca estuvo cerca de la cabeza desde que firmara un 72 en la primera ronda, al final terminaba con un notable quinto puesto, lo que eleva a un total del 36 por ciento exacto las veces que este extraordinario jugador ha terminado entre los cinco primeros en los 175 torneos que ya ha disputado en su carrera, valederos para el ranking mundial (63/175). Digamos, además, que suma ya 93 top ten en esos 175 torneos disputados, un verdadero disparate…
Según fue analizando el jugador de Barrika vuelta tras vuelta, su juego de tee a green sólo estuvo fino de verdad en la última ronda, yendo de menos a más ronda tras ronda. En realidad, y a pesar de no sentirse del todo cómodo, sobre todo en la primera vuelta, Jon se las arregló para estar a la altura de las circunstancias, tal es su nivel de juego, incluso cuando no encuentra su mejor versión. Y existe una clave mucho más sencilla que explica por qué no pudo ponerse mirando al triunfo en el esprint final del torneo, una clave a la que solemos dar una enorme importancia en Tengolf, como es el número de putts de birdie que se embocan desde más allá de los tres metros de distancia (diez pies).
Existe una regla no escrita según la cual es muy extraño, aunque a veces ocurra excepcionalmente, que se pueda ganar un torneo de alto nivel sin embocar al menos seis putts desde más allá de los tres metros de distancia a lo largo de las cuatro vueltas. Nicolai Hojgaard, por ejemplo, el ganador este domingo en Dubai, enchufó hasta nueve putts desde más allá de los diez pies durante la semana, mientras que Jon Rahm apenas podía llegar a una exigua cifra de dos.
De hecho, si comprobamos el dato entre los jugadores que terminaron este domingo por delante de Rahm, además de Nicolai, encontramos que Fleetwood embocó siete, Wallace un total de once y Hovland, seis. De hecho, el rendimiento de Rahm en los greenes del Earth course desde estas distancias medias y largas siempre fue una sus puntos fuertes cada una de las tres veces que había ganado en este campo. Lo curioso es que Jon no se marchaba con la sensación de haber pateado mal, de haber tenido malas sensaciones en los greenes, pero es evidente que una cosa es tirar un buen putt y otra ligeramente distinta además embocarlo.



