Hace cinco años, ocho meses y 23 días Rafael Cabrera Bello apareció un domingo desde no se sabe muy bien dónde, firmó un 60 (no hay errata: fue un 60) y cantó victoria por primera vez en el circuito europeo. Aquella vertiginosa remontada tuvo lugar en el Fontana Golf Club, unos 48 kilómetros al sudeste del Diamond Country Club, donde el jugador canario saldrá este domingo en el partido estelar, dispuesto a ganar de nuevo el Abierto austriaco.
Entonces, el inglés Benn Barham salió como líder con ocho golpes de ventaja sobre el español y también luchaba por estrenar su palmarés victorioso en el European Tour. Soren Hansen iba junto a Barham en el partido estelar y tenía que remontarle tres golpes. Aquello era cosa de cuatro, porque en el partido de delante marchaban Richard Green y Louis Oosthuizen, que también contaban con algunas opciones. El inglés entregó un 69, el danés un 68… Es probable que el bueno de Benn todavía no dé crédito a lo que ocurrió aquella tarde de septiembre. No nos pongamos dramáticos, pero lo cierto es que aquel año Barham perdió la tarjeta y, aunque en 2010 llegó a jugar quince torneos y apuró sus opciones en el Challenge Tour hasta 2012, nunca más volvió a recuperarla…
Cinco años, ocho meses y 23 días después Rafa se ha dejado menos trabajo para el domingo, después de entregar este sábado un 66 y dejar la ventaja de Gregory Bourdy (-15), líder incontestable hasta el momento, en solo dos golpes. Probablemente Cabrera Bello no volverá a firmar un 60 un domingo de competición oficial, o quizá sí, quién sabe, pero tampoco debería hacerle falta mañana semejante aluvión de birdies. Sea como sea, no lo va a tener fácil, porque el francés se está mostrando muy sólido y ya es un experto en estas lides. Y además este recorrido, más peleón de lo que parece a simple vista, también permite resultados muy bajos, por lo que sería muy osado aseverar que la victoria es sólo cosa de dos.
Carlos Pigem (-6) sí que se ha quedado demasiado lejos. Al jugador catalán le sentó fatal el parón por culpa de la tormenta. En el momento de sonar la bocina venía encendido y metido en la pelea, pero nada más reanudarse el juego comenzaba a encadenar un bogey detrás de otro, hasta tres. No deja de ser una experiencia más que meter en la mochila, aunque nunca se sabe cómo acertar en este tipo de situaciones (algo más de hora y media estuvo parado el juego).
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