Jorge Campillo (PAR) ha empezado el DP World Tour Championship con tres bogeys en cuatro hoyos. ¿Creen ustedes que ha encendido alguna alarma? ¿Se imaginan algún aspaviento? ¿Atisban una mínima mueca de preocupación? Nada de eso. Es tal el grado de confianza y seguridad con el que se desenvuelve a día de hoy el golfista extremeño en el campo que simplemente mantuvo la calma. Estaba convencido de que le iba a dar la vuelta a la situación.
Y así ha sido. Ha hecho tres menos en los siguientes 14 hoyos, con un interesante parcial de 33 golpes en los segundos nueve, ganándole la partida en este tramo a Viktor Hovland (-3), su compañero de partido. «Sí, digamos que estoy en ese momento del golf en el que parece que no puedes jugar mal… pero todos tranquilos, que esto algún día cambiará y será al revés, parecerá que soy incapaz de jugar bien», comentaba a los medios españoles nada más acabar su vuelta en tono distendido.
Para distendidas las conversaciones que han mantenido Hovland y Campillo en los 18 hoyos. Han tenido tiempo de hablar de lo divino y lo humano y darse cuenta de que tienen una manera bastante parecida de vivir al golf. Sí, es su profesión, por supuesto, pero además les encanta. «Yo podría estar jugando torneos todas y cada una de las semanas del año, pero claro, entiendo que también necesito tiempo para entrenar y prepararme mejor», le confesaba el noruego al cacereño.
Cualquiera que conozca a Jorge sabe que piensa exactamente igual. No son pocas las veces que el triple campeón del DP World Tour se marcha con sus amigos a jugar al golf en sus semanas de descanso. Es pasión. No le pesa. Aunque para viaje de golf el que se marcó Hovland con dos colegas hace un par de años, cuando ya era profesional. Agarraron las llaves del coche y se metieron entre pecho y espalda 22 horas de carretera y manta para jugar en un campo que les hacía mucha ilusión. Viktor, que está preparando su mudanza a Florida, vivía por aquel entonces en Tulsa, Oklahoma. Calculen que perfectamente se pudieron ir a algún campo de la zona de Los Ángeles, Nueva York o Boston. Poca broma. Mucho tiene que gustarte el golf, sobre todo cuando ya eres profesional.
Precisamente, en aquel viaje de golf se produjo la otra gran anécdota de la vuelta. Hovland ha confesado a Campillo que los amigos aprovecharon la panzada de kilómetros para descargarle el Tinder, una de las plataformas sociales de citas más utilizadas del mundo. Viktor se lo contaba con una sonrisa en la boca, con esa afabilidad y alegría que demuestra el nórdico a cada paso que da. Como lo demostró en la Ryder con aquellas fotos en la escalera de la plaza de España de Roma junto a José María Olazábal. Genio y figura.
Por cierto, entre las muchas cosas que han hablado Campillo y Hovland ha estado, cómo no, la Ryder Cup. «Fue la semana pefrecta. Nada pudo salir mejor. Hasta las polémicas le dieron su salsa a la semana», le ha confesado uno de los puntales del equipo europeo en Italia.
Más allá de esta incipiente amistad forjada entre Hovland y Campillo, hay que decir que el extremeño aún estaría en puestos de tarjeta del PGA Tour después de la primera jornada. Concretamente, ahora mismo cogería la décima. Le están pasando ahora mismo Julien Guerrier y Matthieu Pavon en la proyección, aunque al primero sólo le valdría ser segundo empatado con uno más para tener una opción matemática de superar al español… y aún quedan 54 hoyos por delante.



