Inicio Grandes Circuitos DP World Tour El Open de Francia y la maldición de Boomer
FedEx Open de France

El Open de Francia y la maldición de Boomer

Compartir
Vista del hoyo 18 de Le Golf National, sede del FedEx Open de France 2024. © Golffile | David Lloyd
Vista del hoyo 18 de Le Golf National, sede del FedEx Open de France 2024. © Golffile | David Lloyd

Hace más de 101 años, un 12 de junio de 1923, en la segunda jornada de la previa del British Open de aquel año, que se disputaría unos días más tarde en Troon (mire usted, qué cosas: igual que este año), un jugador de nombre Aubrey Boomer sufrió un psicodélico accidente que todavía hoy se recuerda de tanto en tanto. En una ronda de golf absolutamente pestosa de viento y lluvia Boomer trataba de ejecutar como buenamente podía una sacada desde la arena, con tan mala suerte que la bola, alta y blanda, fue atrapada por el viento y regresó hacia él, yendo a parar finalmente a uno de los bolsillos de su chaqueta…

La bola, en efecto, regresó hacia él cual Boomer-ang, pero no, su apellido no es el origen del término boomerang, hasta ahí podríamos llegar. La coincidencia, eso sí, tiene su guasa, porque el bueno de Aubrey es casi más conocido por aquel hecho que, por ejemplo, por haber ganado cinco veces el Open de Francia, récord absoluto de victorias en la historia de este torneo centenario que esta semana afronta su 106ª edición. Así se escribe a veces la historia, con renglones estúpidos, más que torcidos.

No era un cualquiera Aubrey Boomer, nacido en Grouville, Jersey, como ahora veremos. Falló aquella pestosa previa del Open de 1923, pero cuando la bola decidió aterrizar mansamente en el bolsillo de su chaqueta él ya había ganado dos ediciones del Open de Francia en 1921 y 1922. Pocos años más tarde, en 1927, iba a finalizar en segunda posición en un Open que se disputó en el Old Course de St. Andrews. Es cierto que los segundos clasificados rara vez son eternamente recordados, pero en su caso la maldición va más lejos, ya que aquella edición la ganó un tal Bobby Jones y, además, lo hizo con seis golpes de diferencia.

Aquel mismo año de 1927 Aubrey Boomer formó parte del equipo británico que disputó la primera edición de la Ryder Cup. Por entonces, el formato de la Ryder era distinto. Se jugaba el viernes una primera sesión de cuatro foursomes, a 36 hoyos, eso sí, y el sábado se disputaban ocho individuales. Nada más. Pues bien, en aquella mítica primera edición, disputada en el Worcester Country Club (Worcester, Massachusetts), y en la primera sesión, la de los foursomes, Boomer ganó el único punto del equipo británico jugando junto a Charles Whitcombe y frente a los estadounidenses Leo Diegel y Bill Mehlhorn, con un rotundo resultado de 7 y 6.

También jugaría Boomer la Ryder de 1929, la del primer triunfo británico, en la que dio buena cuenta de Joe Turnesa en los individuales.

Como hemos dicho, Boomer nació en Grouville, una pequeña comunidad en la isla de Jersey. Pero ni siquiera en su patria chica goza seguramente de todo el reconocimiento que debiera, puesto que allí, en Jersey, también nacieron unos cuantos años antes que él dos monstruos de la historia del golf como Harry Vardon y Ted Ray, que precisamente se hicieron como jugadores en el Royal Jersey Golf Club, que se asienta desde finales del Siglo XIX en Grouville. Es muy complicado brillar ante semejante competencia local: seis Jarras de Clarete contemplan a Vardon; Ray ganó un Open y un US Open.

Es curioso, muy curioso. Vardon y Ray acudieron a jugar el Open de Francia en muchas ocasiones, desde la primera edición de 1906, pero nunca consiguieron ganarlo. Harry Vardon fue segundo en dos ocasiones y Ted Ray en una más. Tendría que llegar Boomer en 1921 para darle finalmente el primer título a los chicos de Jersey.

Boomer, además, tiene un récord que probablemente no pueda ser jamás igualado de aquí al final de los tiempos. Ganó cinco veces el Open de Francia, pero es que lo hizo en cinco campos diferentes: Le Touquet, La Boulie, St. Cloud, Fourqueux y Deauville. Quizá sólo por eso, en esta semana del Abierto francés, merece que su historia vuelva a ser contada, sin que el relato gire única y exclusivamente en torno a aquella dichosa bolita que fue a aterrizar en el bolsillo de una chaqueta.