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Rahm pisa el Club de Campo, atiende a los medios y la echa al suelo en cuanto a sus opciones de victoria

Un póker inverosímil… si no fuera Jon

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Jon Rahm saca de búnker en la cancha de prácticas del Club de Campo.
Jon Rahm saca de búnker en la cancha de prácticas del Club de Campo. © Álvaro Díaz | Acciona Open de España

Jon Rahm dejó a su mujer Kelley y a su nueva hija Alaya en su casa de Scottsdale y se subió a un avión. Un día después de nacer. Primer objetivo de la semana cumplido. No quería irse de viaje estando las dos en el hospital.

El jet privado despegó segundos antes de las cinco y media de la tarde, hora local de Arizona, dos y media de la pasada madrugada en la España peninsular. Diez horas después tomaba tierra en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas y poco después de la una y media de la tarde se bajaba de un coche de cortesía ya en el Club de Campo Villa de Madrid.

Ha comido, ha pegado unas bolas en la cancha de prácticas y ha atendido a los medios de comunicación. El plan después era algo de gimnasio, una buena cena y a descansar con la idea estar listo para empezar a jugar este jueves a partir de las dos de la tarde. ¿Estará listo para jugar? Pues sí, salir va a salir a jugar, pero la lógica dicta que no se puede esperar mucho. Él mismo lo avisa. «Va a estar complicadete por el viento (se espera bastante durante todo el día) y a ver cómo me encuentro para jugar al golf. Me da pena que me esperen que juegue como en Chicago, pero ojalá me despierte mejor y tenga cierta inspiración. Espero que vaya mejor de lo que ha ido la sesión en la cancha. No tengo expectativa de hacer -6 ó -7 el primer día, pero a ver si me puedo poner en una posición media en la tabla y atacar el resto del torneo», asegura.

«Me da pena que el público espere que juegue como en Chicago, no tengo expectativa de hacer seis o siete menos mañana»

La realidad que dicta el sentido común es que el póker es inverosímil. Parece imposible que Rahm puede ganar su cuarto Acciona Open de España esta semana. Claro que influye el viaje tardío, que no ha cogido un palo desde el jueves, que no ha podido entrenar el campo (Adam Hayes, su caddie, sí está aquí desde el lunes) o que físicamente anda tocado porque lleva unos días durmiendo en el hospital y la última noche en un avión, sin embargo, seguramente lo más importante es el asunto mental. El gran desafío de Jon es pasar página y centrarse en el golf, sabiendo que su hija acaba de nacer y está a miles de kilómetros, por mucho que tenga la tranquilidad de que todo ha salido bien. En cualquier otro caso, pensar en una victoria parece una locura, siendo Jon y en el Club de Campo, nadie se atreve a descartarlo por completo.

Jon, cómo no, habló de la situación del golf mundial. Es optimista respecto a que pueda haber un acuerdo próximo tras las reuniones de Nueva York, aunque no tiene información. «Por los rumores que hay, parece que se ha dado un gran paso, pero no sé nada. Estamos ante la oportunidad de crear algo nuevo y especial para los espectadores. Que haya más golf es algo bueno», señala.

«Mi objetivo no era ser el salvador del golf»

Eso sí, Rahm se quita de encima la etiqueta de héroe del nuevo golf. Ni la comparte ni se la cree. «Una vez me he pasado a LIV, depende de los despachos, yo ahí ni pincho ni corto nada. Si el hemo de marcharme a LIV ha hecho que piensen diferente, pues encantado, pero mi objetivo no era ser el salvador del golf, no sé si me merezco ese título, no he sido parte de las negociaciones y hay gente que ha hecho mucho más que yo. Que se me compare con Seve por la influencia que puedo tener para el golf en España sí que es todo un orgullo», señala.