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Niklas Norgaard se impone en el British Masters y estrena su palmarés en el DP World Tour

Saber sufrir, saber resistir y saber ganar

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Niklas Norgaard celebra con otros jugadores daneses su triunfo en el British Masters.
Niklas Norgaard celebra con otros jugadores daneses su triunfo en el British Masters.

Una noche de perros ya avecinaba un domingo largo y duro. Había mucho en juego. Al día siguiente le esperaba la mejor oportunidad de su vida de ganar un torneo del DP World Tour. A los 32 años es algo que valoras y que puede jugarte, cómo no, una mala pasada.

Los nervios convirtieron su cuerpo en un manojo de angustia y ansiedad. Conciliar el sueño fue una tarea titánica, mucho más difícil que poner un drive a 400 yardas. Al menos para él, claro. Por si fuera poco, no logró mantener en su cuerpo nada de lo que comió en el desayuno. Estómago cerrado. Náuseas. Un mal rato.

Definitivamente, Niklas Norgaard (-16) no ha tenido un día fácil en The Belfry. La película ha terminado con final feliz, con una enorme victoria en el Betfred British Masters, pero durante varios momentos aquello parecía más una tragedia que una comedia. Qué manera de sufrir. Qué manera de resistir. Qué manera de ganar.

La noche, los nervios, el desayuno, en definitiva la situación, le pasó factura al inicio. Sacó adelante el hoyo 1 metiendo un buen putt de par de algo más de un metro y en el hoyo 2 cometió bogey. Todo mal. Falló la calle, el green, la recuperación y su ventaja menguó a tres. Cara tensa. La procesión iba por dentro y por fuera.

Justo después, en el hoyo 3, el gran danés demostró qué tipo de jugador es. Tropieza y se levanta. Sufre y resiste. Par 5. Drivazo a la calle, green y dos putts fáciles para birdie. Acción, reacción. Por detrás, Thriston Lawrence (-14) no terminaba de arrancar y el mayo peligro parecía Jeong Weon Ko (-11), que comenzó con tres birdies en los primeros cuatro hoyos.

Sin alardes por parte de nadie de los de arriba, más allá de un sobresaliente Rasmus Hojgaard (-12), que desde muy lejos entregó un tarjetón de 65 golpes para acabar tercero, Norgaard fue templando los nervios y manejando más o menos el torneo. Sacaba pares adelante y Lawrence no terminaba de intimidar, aunque tampoco se descolgaba y de alguna manera todos lo estaban esperando…

Y apareció. Otra indigestión para Norgaard. Dos birdies consecutivos del sudafricano en los hoyos 10 y 11 lo colocaron a un golpe del danés. Otro mal rato. De nuevo, cara descompuesta. Y de nuevo, acción, reacción. Cuando parecía que el torneo cambiaba de dueño, Norgaard metió un súper putt de birdie en el hoyo 12 de unos nueve metros al tiempo que Lawrence fallaba uno de medio metro para par. Giro de dos golpes y de nuevo con tres de ventaja. Otro birdie en el 14 del nórdico parecía ya definitivo. Otro putt excepcional de nueve metros. Increíble. Cuatro golpes de ventaja y cuatro a jugar. Game over.

O no. El hoyo 15 revolvió de nuevo el estómago a Norgaard y atrajo a todos los fantasmas que lo acosaron la noche anterior. Hizo un doble bogey de la nada, encadenando un error tras otro, ofreciendo un curso acelerado de todo lo que no hay que hacer desde el rough alrededor de green. Aquello parecía un concurso de saltos de rana. Más sufrimiento, más angustia.

Lo que parecía hecho, no lo estaba. De golpe y porrazo tenía sólo dos golpes y tres hoyos a jugar. Y qué tres hoyos: 16, traicionero donde los haya, 17, un par 5 donde puede haber desde eagle a doble bogey y el 18, donde cualquier resultado por alto que parezca puede darse. Ahí, otra vez, casi al límite, Norgaard supo sufrir, resistir y ganar. Lo pasó horrible en el 16. Después de un drivazo, tiró un muy mal approach y un primer putt que se pasó dos metros y medio… Pero lo metió. Embocó otro crucial de birdie en el 17, desde unos cuatro metros y jugó el 18 con la tranquilidad de tener dos golpes de ventaja. Ahí ya, al fin, no sufrió.

Sus lágrimas al acabar el torneo estaban más justificadas. «No he llorado ni en mi boda, pero esto significa mucho. Es un sueño desde que empecé a jugar al golf con diez años», explicó. La angustia feliz. La importancia de saber que los nervios están ahí y hay que lidiar con ellos lo mejor que se pueda. Un triunfo más que merecido de un jugador que se mete de lleno en la pelea por una de las diez tarjetas del PGA Tour (se coloca sexto en la Race to Dubai) y se acerca al top 100 del ranking mundial. Otro a seguir por parte de Luke Donald y compañía.

En cuanto a los españoles, Jorge Campillo (-9) ha rubricado un gran final de torneo, con una vuelta de 69 golpes. Ha finalizado en la sexta posición, sumando el cuarto top 10 del golf español en este oscuro y tortuoso verano, enderezando un poco el timón. En la Race to Dubai se mete en el top 70, los que jugarán en Abu Dhabi, y se acerca al DP World Tour Championship, con mucho por jugar todavía. Ha terminado con seis birdies y tres bogeys, demostrando que lo del sábado fue un desgraciado accidente. Más atrás terminaron Ángel Hidalgo (+1), con una vuelta de 74 golpes, y Sebas García Rodríguez (+2), con un buen finnal de 70 golpes. Hidalgo no varía su situación en la Race, mientras que Sebas se acerca un poco más al top 110 que mantiene la tarjeta.

Lo que sí hizo Campillo, que fue reponerse de un mal sábado, no fue capaz Tyrrell Hatton (-4), la gran decepción del fin de semana en The Belfry. Hoy entregó otra tarjeta sobre par, 74 golpes, y ha terminado en el puesto 18º.

Resultados finales del Betfred British Masters