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Sólo pido no meter la pata… o al menos no mucho

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Es poner un pie en Wentworth y darte cuenta de que estás en un sitio diferente. Todo sorprende. Todo es grande. Todo es a todo trapo. El club está a 25 millas al sureste de Londres. Es un lugar exclusivo, rodeado de casas de lujo donde viven ejecutivos que van y vienen cada día a la capital para trabajar. Es mi primer BMW PGA Championship. Todo es nuevo.

Lo primero que sorprende es la grandeza del evento. Hay cientos y cientos de voluntarios por el campo, más de setenta coches de cortesía de alta gama… Se respira poderío, dinero. BMW es un patrocinador increíble y el European Tour se vuelca. Me comentaba un árbitro amigo mío del Asian Tour que ha estado varias veces en el THE PLAYERS Championship y que este torneo es más grande. El montaje es impresionante. Sólo al llegar al tee del uno percibes que estás en otro sitio. Esto es otra cosa.

Se respira afición al golf. Sólo ayer, día del Pro-Am, había más público en el campo que en cualquier domingo del Open de España. Brutal. Yo ni siquiera podía ir con el buggie por fuera de las cuerdas porque la gente no me dejaba pasar.

El arbitraje también es a lo grande. Hay quince árbitros y un director de torneo. Nunca he estado en algo parecido. Estuvimos el miércoles en la reunión de reglas con John Paramor, una persona increíble, encantador. Será un placer estar a su disposición y aprender. Fue una reunión de veinte personas, nada que ver con las que habitualmente tengo, de cuatro o cinco. Hicimos un repaso a las reglas locales, las específicas del campo, a cómo vamos a tratar los elementos fijos que hay y que son innumerables: torres de televisión, de radio, scoreboards, gradas, hay de todo… También vimos la rotación y he tenido mucha suerte. Este jueves estaré en los hoyos 7-8-9-10 y en el segundo turno, así que no tengo que madrugar.

Del equipo de quince árbitros sólo somos tres novatos. Los demás son gente muy experimentada, presentes en grandes campeonatos de todo el mundo. Vamos a aprender. He pasado mucho tiempo repasando todo lo que me puede suceder en el campo y aún así uno se siente pequeño aquí. Sólo pido no meter la pata o, al menos, no mucho. Espero estar a la altura. No puedo evitar tener un gusanillo en el estómago. Tengo ganas de salir al campo y empezar a trabajar.

No me despido sin hablar del campo. Es un típico parkland inglés. No está cuidadísimo, sino lo siguiente. Campos difícil, largo, bunkers muy duros, greenes muy pequeños… Eso es lo que más me ha sorprendido. El green del hoyo 18 es un sello de correos. Da miedo pensar que lo pueden coger de dos. El green es muy pequeño y tiene un obstáculo por delante. Todo el campo está lleno de rías y muchas no se ven. Paramor me confesaba ayer que ha pasado de ser su campo preferido a uno de los que menos le gusta desde la remodelación de Ernie Els. El suadfricano hizo lo que tenía que hacer, lo que le pidieron, pero ahora es un campo muy duro, de primer nivel mundial, y para mí, decía Paramor, es demasiado. No disfruto jugando este campo.

El European Tour tiene aquí su sede, aunque el campo no pertenece al European Tour. Creo que todos conoceréis la casa club, sí, la que aparece detrás del green del hoyo 18. Tiene unas almenas, es medio acastillada… A mí no me gusta demasiado. Es muy exclusiva, señorial y poco funcional. Eso sí, todo aquí es perfecto, los jardines súper cuidados, al máximo y, según me cuentan, así está todo el año.