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Cuando la embocas desde 158 metros y tu caddie casi ni lo celebra

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Pablo Larrazábal en la primera ronda del Abu Dhabi HSBC Championship. © Thos Caffrey | Golffile
Pablo Larrazábal en la primera ronda del Abu Dhabi HSBC Championship. © Thos Caffrey | Golffile

Curiosa, muy curiosa la escena que se ha dado hoy en la calle del hoyo 16 instantes después de que Pablo Larrazábal embocara para eagle pegando desde el rough y a 158 metros de la cazoleta. El jugador y su caddie, Raúl Quirós, no pudieron ver si la bola había entrado, aunque la tímida algarabía de cuatro o cinco personas, presentes en el green, les diera alguna pista. Pablo era más de la opinión de que había entrado, pero Raúl prefería no celebrar nada antes de tiempo. De entrada, es cierto, el jugador se acercó a su caddie y chocaron las palmas mientras Quirós preguntaba si de verdad había entrado. Después, caminando hacia el green, el caddie prefería no dar nada por hecho.

En realidad, lo de menos era si el caddie terminaba o no de creerse que hubiera entrado; la cuestión que es que Raúl prefiere no celebrar nada demasiado mientras no haya acabado la vuelta, y mucho menos en Abu Dhabi. El asunto tiene su historia.

La relación de Larrazábal con Abu Dhabi es tan extraña como rica e interesante

Hace poco menos de dos años Pablo Larrazábal salía el domingo en el partido estelar de este torneo, junto a Dustin Johnson y a Tyrrell Hatton, líder con un golpe de ventaja sobre el español y el norteamericano. Pues bien, en el hoyo 14 Pablo enchufaba una desde fuera de green para birdie, acción que catapultaba sus opciones de victoria, pero la celebración entre caddie y jugador fue tan desmesurada que, a juicio de Raúl, aquello después afectó al disparo en el tee del 15, par 3, donde el barcelonés firmaría un bogey que a la postre resultaba vital (terminó a un golpe del ganador, Tommy Fleetwood). Desde entonces, Quirós prefiere celebrar este tipo de sucesos con una perspectiva algo más profunda.

Hoy, minutos después del bombazo en el 16, Larrazábal echaba más leña al fuego sacando un birdie de donde probablemente sólo había un buen bogey. Lo hacía embocando un chip mágico tras fallar por mucho la salida y haber llevado la bola a las inmediaciones del green con un tiro de la casa: ratonero y astuto, metiendo la madera en el rough del modo en que sólo unos pocos pueden hacer. ¿Celebración desmedida? Pues tampoco, aunque Raúl Quirós, ciertamente, casi se atraganta aguantando la risa…