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El brutal filtro de exigencia del Gary Player Country Club

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Branden Grace posa con el trofeo de ganador del Nedbank Golf Challenge, © Golffile | Tyrone Winfield
Branden Grace posa con el trofeo de ganador del Nedbank Golf Challenge, © Golffile | Tyrone Winfield

Una pregunta a quemarropa que va dirigida sobre todo a los amantes de los números, de los datos (más o menos trascendentes) y de las curiosidades: ¿cuántos golpes, de media, separan al ganador de un torneo del circuito europeo de la línea que cierra el top ten de dicho torneo? Pues bien, en la temporada 2019, tomando como referencia los 41 torneos stroke play que se han disputado en el circuito europeo, dicha media se fue a los 6,5 golpes. Repetimos, para dejar claro el concepto: esos 6,5 golpes han sido la diferencia media que ha habido entre el ganador y la línea que marcaba el último jugador metido dentro del top ten.

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¿A qué viene semejante y tan retorcida estadística? Muy sencillo. El Nedbank Golf Challenge, que se disputa esta semana en el Gary Player Country Club de Sun City, es en este sentido una anomalía disparatada entre la media general. En las seis ediciones que se han disputado hasta la fecha, todas ellas en el mismo campo, la diferencia media entre el ganador y la línea del top ten del torneo ha sido, mucho ojo, de 11,33 golpes, cerca del doble de la que se ha dado este año en el circuito europeo.

Danny Willett ganó allí a finales de 2014 con una diferencia de 15 golpes sobre la línea del top ten. A finales de 2015 fue Leishman quien ganó con una diferencia de 13 golpes y la vez que menos distancia hubo entre estos dos puntos de la clasificación fue en 2017, cuando Grace sacó ‘sólo’ 8 golpes a la línea del top ten, la única vez en seis ediciones que este registro bajó de diez golpes.

¿Pura casualidad? Ni mucho menos. ¿Qué conclusión debe extraerse entonces acerca de estos datos? Pues bien, nos avisan sobre todo del filtro de exigencia que ha propuesto hasta el día de hoy el diseño de Gary Player y la preparación de un campo que, siendo uno de los más largos de la historia del European Tour (supera los 7.100 metros de longitud), no se juega tan largo por la altura, ya que se encuentra a más de 1.100 metros de altitud. El metraje, por tanto, impresiona en el primer golpe de vista, pero no es definitivo, pues la bola vuela aproximadamente un nueve por ciento más de distancia que a nivel del mar.

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Estos datos revelan que la exigencia continuada en cada golpe reduce a la mínima expresión el grupo de jugadores que son capaces de mantener el ritmo adecuado en el ‘score’, el que se exige para luchar por el triunfo, aunque con un matiz significativo: siempre hay un pequeño ramillete (muy pequeño, es cierto) que es capaz de hacerle un buen resultado al campo, puesto que el resultado medio del ganador en estas seis ediciones supera el -16. No se trata por tanto de un perfil de escenario al ‘estilo US Open’, torneo en el que tradicionalmente ni siquiera jugando tu mejor golf puedes cerrar un resultado muy por debajo del par. El Gary Player permite algunos resultados muy bajos, pero hay que jugar escandalosamente bien para obtenerlos.

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Significa, por tanto, que la exigencia del campo, hoyo a hoyo, es lo suficientemente ‘densa’, alta, como para provocar que cueste un mundo cerrar cuatro rondas por debajo del par en la misma semana: tan solo lo han conseguido catorce jugadores en seis ediciones y nadie ha repetido, por bien que se le dé el campo. Además, y con este último dato queda todo dicho: sólo dos jugadores en seis ediciones han firmado cuatro rondas por debajo de 70 golpes en la misma semana: Stenson lo hizo en la primera edición y Leishman en la tercera, aunque curiosamente al sueco no le valiera para ganar (el australiano sí cantó victoria).