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Situaciones estrambóticas que genera la estricta burbuja del European Tour en Valderrama

Historias surrealistas desde el corazón de la burbuja

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Raúl Quirós e Íñigo Urquizu, caddies de Pablo Larrazábal y Guido Migliozzi.

Raúl Quirós, profesional de golf andaluz y caddie habitual de Pablo Larrazábal, no tiene claro si desde su casa a Valderrama tarda tres o cuatro minutos. Vive en Guadiaro. En línea recta por su camino deben ser unos tres kilómetros y cada vez que hay torneo se desplaza en bicicleta. «La meto en el cuarto de los buggies como el resto de empleados y me quito de líos de coche, con el aparcamiento siempre hasta arriba… En bici todo es mucho más cómodo…», asegura a Ten Golf.

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Aunque para comodidad no hay mayor lujo para estos trashumantes del golf que estar una semana entera en su casa, durmiendo en su cama, junto a la familia y bebiendo el café en su taza de siempre antes de hacer su trabajo en el campo de golf. Por todo ello, el torneo de Valderrama, el Estrella Damm Andalucía Masters, era una cita grande con mayúsculas para Raúl, igual que para Álvaro Quirós, Alejandro Cañizares o Íñigo Urquizu, por citar sólo algunos ejemplos de los que viven o tienen casa por la zona.

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Sin embargo, los tiempos del COVID-19 lo han arruinado. Este año no será especial, no habrá casa, ni cama, ni taza de café, ni partidillo de fútbol con barbacoa el martes en el estadio de Guadiaro. Este año toca una burbuja surrealista. Caddies y jugadores están obligados a pernoctar en unos apartamentos muy próximos a Estepona o en un hotel en Guadacorte, una pedanía limítrofe con Algeciras. Son las dos únicas opciones. En cualquiera de los casos se tarda entre 20 y 30 minutos en coche, diez veces más de lo que tardarían los Quirós, Raúl o Álvaro si estuvieran en su casa.

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La situación es la siguiente: mientras tu familia está a dos pasos de Valderrama, tú compartes apartamento con otra persona mucho más lejos del campo. Son las normas y se aceptan, se entienden, pero no dejan de crear una situación realmente extraña. Corren tiempos paranormales. «Se hace muy raro, pero es lo que toca. El Tour está haciendo todo lo posible para ser una competición segura y hay que aceptarlo, pero es muy extraño estar al lado de tu casa y no poder ver a tu familia», apunta Raúl.

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De hecho, el caddie de Larrazábal no tenía muy claro cómo iba a reaccionar a una situación así y llegó a un acuerdo con su jefe. «Le pedí saltarme las dos últimas del UK Swing porque no podía más. Sólo de pensar que iba a estar seis semanas metido en una burbuja en el Reino Unido y después iba a llegar a casa y más burbuja sin ver a mi familia… no me entraba en la cabeza», explica. Pablo no jugó el Wales Open y Alberto Calvo fue su escudero en The Belfry. Esta semana vuelve Raúl.

Obviamente, no se trata de un esfuerzo ímprobo y no hay que exagerar. Se hace por un bien mayor y se acepta, pero cuando te paras delante del espejo y analizas la situación detenidamente, viviendo en un apartamento una semana a quince minutos en coche de tu casa, es cuando menos extravagante.

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El caso de Íñigo Urquizu es aún más llamativo. Sus padres tienen una casa en la misma urbanización de Valderrama, a unos 300 metros en línea recta de la rotonda principal que da acceso al club. ¡300 metros! Cada año va andando al club con una mochila a cuestas… y a veces hasta lo hace corriendo para despejarse antes de ponerse a trabajar. Pues bien, se queda en los apartamentos de Estepona con Raúl. A media hora en coche. Tiempos de coronavirus.

Igualmente extraña es la situación de Alejandro Cañizares, que entrena habitualmente en Valderrama y vive muy cerca de Estepona. Este año toca también apartamento. Así podríamos ir definiendo caso a caso de los muchos que viven o tienen un alojamiento en esta zona.

Gonzalo Fernández Castaño es madrileño, pero tiene un apartamiento en la misma zona donde se deben quedar los jugadores y caddies esta semana. Cuando decimos la misma zona es la misma urbanización. Sin embargo, su apartamento no es uno de los designados por el Circuito. «Nada, esta mañana me he despertado en mi apartamento, ahora me voy a hacer el PCR, jugaré en Valderrama y por la noche me meteré en uno de los apartamentos del Tour… que están a cien metros del mío. Es lo que toca en estos tiempos», aseguraba hoy mismo a este medio. Por supuesto, la diferencia es notable desde el punto de vista económico, ya que para quedarse en los apartamentos elegidos por el Tour hay que pasar por caja. Situaciones curiosas y hasta estrambóticas. Historias de la burbuja.

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Por supuesto, esto ocurre esta semana en España con los nuestros, pero también se dio en la gira británica. Un caso muy llamativo fue el de Andy, caddie de Edoardo Molinari. Entre The Belfry y el Forest of Arden, sede el Hero Open, apenas hay media hora de camino en coche. Pues bien, Andy vive justo en mitad del trayecto, a quince minutos de cada campo. Las dos semanas se ha tenido que quedar en un hotel. Es el surrealismo de la burbuja.