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La historia del eagle que GFC ha hecho y en el fondo no quería hacer

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Gonzalo Fernández Castaño. (© Golffile | Thos Caffrey)

A Gonzalo Fernández Castaño no terminan de salirle las cosas como quiere. Se encuentra en ese limbo particular de los golfistas, tan habitual, que se presenta cuando el jugador lleva tiempo sin dar con la tecla de su mejor versión y, sobre todo, cuando le resulta materialmente imposible redondear una vuelta sólida, con un notable en todas las parcelas del juego, o al menos en la gran mayoría. La ilusión, la confianza y hasta la paciencia terminan por quebrarse, sobre todo cuando ya se es un jugador veterano, con varias docenas de vueltas al mundo a tus espaldas.

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Hoy partía con un acumulado de -2 en la segunda jornada del Afrasia Bank Mauritius Open, pero no podía dormirse, ya que el viento apenas hacía daño y los birdies eran moneda corriente. El asunto había comenzado bien para el madrileño, puesto que sus sensaciones con la vuelta empezada eran muy buenas. Estaba pegando bien a los hierros y sentía que el juego fluía con una finura especial… Sin embargo, una vez más, no encontraba el modo de hacer resultado y detrás de cada birdie venía un bogey. Ya se sabe: cuando no es una cosa, es la otra. Estaba sintiendo muy bien la bola, pero un par de errores en la elección del palo y una jornada espantosa en los greenes le impedían mejorar en la clasificación.

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Un doble bogey en el hoyo 4 (terminaba la ronda por el 9) lo dejaba prácticamente fuera de juego y con el corte pendiente de un hilo. Mucho más cuando no conseguía hacer el birdie en el último par 5 de su ronda (hoyo 7). Necesitaba en ese momento dos birdies en sus dos últimos hoyos para pasar el corte y además era plenamente consciente de ello, pero en el hoyo 8 sacaba sólo el par. El hoyo 9 es un par 4 corto, en el que se puede llegar a green desde el tee, aunque el tiro tiene su miga, pues hay agua a ambos lados de la calle (en este hoyo fue donde Javi Colomo lograba el albatros en 2015, también en la segunda jornada y con la necesidad de hacer el birdie para pasar el corte).

Con más escepticismo que otra cosa, todo sea dicho, Gonzalo pegaba el driver desde el tee, tocaba la bola ligeramente con la punta y, con un poco de fortuna, terminaba por la izquierda en una pequeña franja de hierba entre el agua y un bunker de green. Desde allí, con el 52 en la mano y 29 yardas a una bandera que estaba, desde su perspectiva, situada detrás de un piano, realizaba un aprochito magnífico y la bola rodaba mansamente hasta desaparecer dentro de la cazoleta.

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Las cosas como son: en tal tesitura, si algo ya no esperaba Gonzalo era pasar el corte. Pensemos que hoy, sin ir más lejos, en el hoyo 9 sólo ha habido un eagle. El suyo. No era por tanto una posibilidad que contara con un porcentaje mínimamente razonable.

Y aún se da otra circunstancia que provoca estupor: ni siquiera Gonzalo buscaba desesperadamente el eagle y el fin de semana en Mauricio. Es así, porque el madrileño ya tiene pensado y proyectado hacer un parón de varios meses. Todavía no ha puesto fechas concretas, pero será un parón considerable. Necesita recomponerse, hacer balance, tomar decisiones si hubiera que hacerlo y, sobre todo, recuperar la ilusión. Por ello, y a lo largo y ancho de esta segunda jornada, ya se había hecho a la idea de adelantar dos días este paréntesis regenerador en su carrera y no le parecía ninguna mala idea. Al final, claro, la cabra y el instinto tiran al monte.