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La disparatada segunda ronda de Pablo Larrazábal en el Alfred Dunhill Championship

Otro disparate en Leopard Creek…

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Pablo Larrazábal esta semana en Leopard Creek. © Golffile | Thos Caffrey
Pablo Larrazábal esta semana en Leopard Creek. © Golffile | Thos Caffrey

Es muy complicado, por no decir casi imposible, que Pablo Larrazábal (-1) pueda repetir triunfo en el Alfred Dunhill Championship. Ahora mismo se encuentra a doce golpes del líder, el joven polaco Adrian Meronk, y a nueve de los segundos clasificados, J. B. Hansen y Richard Bland. Sin embargo, la defensa de su título en Leopard Creek se va a prolongar al menos dos días más gracias a una vuelta de puro disparate (sólo cuatro pares en la tarjeta…), como disparatada fue la del domingo, hace un año, que al fin y a la postre le dio la victoria (recordemos: catástrofe por los nueve primeros hoyos, 41 golpes; e inesperada resurrección por los nueve segundos, 34 golpes). Esta nueva aventura bien merece comentario aparte, porque además, por qué no decirlo, describe con rigor el perfil imprevisible y genial de este jugador.

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Recordemos que Larrazábal arrastraba un mal resultado del jueves, un 74 que lo dejaba sin margen para demasiados errores. Se trataba, pensaba él, de arrancar pronto y con buen pie, pero en el hoyo 2, primer par 5 de Leopard Creek, bien situado en el centro de la calle y con palo para tratar de llegar de dos a green, enviaba la bola a unos arbustos muy feos y el asunto terminaba en un doble bogey asesino.

Respondía embocando un chip de birdie en el 3. Bueno, aún no estaba todo dicho.

Y en el 5 se dejaba dado un nuevo birdie tras pegar un wedge muy fino.

Y en el 6, el par 4 corto, la ponía en green con un excelente drive, aunque fallaba el putt de cuatro metros que tenía para eagle. Birdie fácil. Esto era otra cosa… ¿O no?

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Pues no. En el hoyo 7, par 3, se iba al agua con la sensación de haber pegado un buen disparo. Y en los hoyos 8 y 9 fallaba estrepitosamente la salida. De nuevo, problemas y más problemas, así que cerraba los primeros nueve con tres bogeys y dando las gracias, porque el estropicio en este último tramo podía haber sido aún mayor en un campo en el que los errores gruesos desde el tee puedes pagarlos con sangre y lágrimas.

La línea del corte, ahora ya sí, se había convertido en un muro casi insalvable… ¿O no?

En el 10 llegaba un birdie rápido y reparador. Y en los hoyos 11 y 12 desperdiciaba dos excelentes ocasiones, justo antes de encadenar cuatro birdies consecutivos del 13 al 16, con mención especial para el del 14, donde andaba muy cerca de embocar desde un bunker de calle, a 110 metros de la cazoleta…

En el 17 volvía a fallar estrepitosamente la salida y volvía a sacar un bogey muy bueno. Había que darle un poco más de emoción, claro.

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Y en el 18, el último e icónico par 5 de Leopard Creek, sabía que le valía con un par aseado para pasar el corte, pero no se le ocurría otra cosa que coger por primera vez en su vida la calle en este hoyo, y además con el mejor drive del día, de tal manera que se veía en la obligación (prurito de profesional) de tirar de dos a green con un hierro 8 en las manos (nunca lo había hecho hasta el día de hoy en este par 5, que ya tiene guasa la cosa). No quedaba más remedio, pero cazaba el green en isla sin problema y remataba con dos putts y un birdie clarificador (vuelta de 69).

Y ahora, ¿qué? Que conteste él mismo: “a ver si conseguimos hacer una ronda muy baja durante el fin de semana que nos permita acercarnos un poco a los de arriba y darme opciones por ejemplo de alcanzar el top ten”.

Aburrirse, por lo que parece, no se va a aburrir. Le va la marcha en Leopard Creek.

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