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Financial Times asegura que BC Partners ha decidido retirar su plan de financiación de 300 millones de dólares para reflotar el circuito

LIV Golf 2.0 recibe una estocada que puede ser definitiva

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Scott O'Neil, CEO de LIV Golf.
Scott O'Neil, CEO de LIV Golf.

LIV Golf 2.0 está contra las cuerdas. O herido de muerte. Según ha publicado este miércoles 4 de noviembre el prestigioso diario económico Financial Times, BC Partners ha decidido abandonar su plan de rescate del circuito saudí, una operación que contemplaba una financiación de hasta 300 millones de dólares para poner en marcha una nueva competición a partir de 2027.

La información tiene mucha enjundia. No es una dificultad añadida en las negociaciones, ni de otro aplazamiento de los plazos establecidos. El principal inversor que debía garantizar la supervivencia de LIV Golf, o al menos la puesta en marcha, después de la retirada del fondo soberano de Arabia Saudí ha decidido dar marcha atrás. Y lo ha hecho porque, según las fuentes consultadas por el Financial Times, no ha conseguido reunir los compromisos necesarios de los jugadores para construir un producto comercialmente viable. Es decir, lo que se veía venir.

El proyecto LIV 2.0, por tanto, se asoma al abismo. El diario británico apunta que el escenario más probable pasa ahora por la liquidación de los activos que todavía conserva LIV Golf, una organización que se acogió en septiembre al Capítulo 11 de la legislación estadounidense de quiebras con la intención de reorganizar su estructura financiera y salir adelante con nuevos propietarios.

Aquello que debía ser una operación de rescate puede terminar convirtiéndose en el proceso que certifique su desaparición.

Los jugadores han terminado por decidir el futuro de LIV

Las razones que han provocado el fracaso de la operación han sido finalmente económica, deportiva y comercial.

BC Partners necesitaba garantizar que LIV 2.0 conservaría un número suficiente de jugadores de primer nivel para justificar la inversión. El nuevo modelo contemplaba una competición más orientada a los equipos, con participación accionarial de los propios golfistas y un calendario internacional que podía alcanzar los 17 torneos.

Sin embargo, el proyecto ha ido perdiendo atractivo a medida que se confirmaban las salidas de algunas de sus figuras más representativas.

Jon Rahm, Tyrrell Hatton, Sergio García, Louis Oosthuizen, Ian Poulter, Tom McKibbin, David Puig o Graeme McDowell, entre otros, ya habían anunciado que no formarían parte de la nueva etapa. Una sucesión de decisiones que fue debilitando progresivamente las posibilidades de supervivencia del circuito.

Según las informaciones publicadas por Financial Times y otros medios estadounidenses, BC Partners había logrado reunir alrededor de 30 jugadores dispuestos a participar en la nueva competición, pero las negociaciones con algunas de las grandes estrellas seguían abiertas y las exigencias económicas terminaron complicando un acuerdo que debía cerrarse dentro de unos plazos determinados.

Ahí aparecen nombres fundamentales para comprender lo ocurrido: Bryson DeChambeau, Dustin Johnson, Cameron Smith y Joaquín Niemann. Según Sports Business Journal, el proyecto no consiguió formalizar a tiempo los compromisos contractuales de estas figuras. Eso no significa que hubieran anunciado su salida de LIV 2.0, sino que sus acuerdos no estaban cerrados cuando el inversor necesitaba una respuesta definitiva.

Sin ellos, o sin garantías suficientes sobre su continuidad, el producto perdía buena parte de su atractivo.

Además, la posición del DP World Tour, que había advertido de que los jugadores de LIV 2.0 no podrían compaginar su nueva competición con la condición de miembros del circuito europeo, añadió otro obstáculo de considerable importancia.

El contraste con DeChambeau y el silencio de Scott O’Neil

La noticia resulta especialmente llamativa si se compara con las últimas manifestaciones públicas de Bryson DeChambeau.

El estadounidense había defendido recientemente las posibilidades del nuevo proyecto durante su participación en el podcast Figuring Out, presentado por Raj Shamani. DeChambeau consideraba que el modelo empresarial planteado tenía sentido y expresaba su deseo de que la competición pudiera mantenerse durante muchos años.

«Se va a hacer bien. Y espero que sea una liga que exista para siempre», llegó a señalar.

Esas palabras, realizadas antes de conocerse la retirada de BC Partners, contrastan ahora con el escenario que dibuja el Financial Times. En cualquier caso, no consta por el momento una reacción pública posterior de DeChambeau a la retirada del inversor, ni tampoco una declaración que permita dar por confirmada su renuncia individual a LIV 2.0.

Algo parecido sucede con Scott O’Neil, consejero delegado de LIV Golf y uno de los grandes impulsores de la operación de rescate.

O’Neil había celebrado en octubre la entrada de BC Partners y había agradecido públicamente a Ted Goldthorpe, máximo responsable de BC Partners Credit, su confianza en el proyecto. Incluso había presentado al inversor como el salvador que necesitaba la competición para afrontar su nueva etapa.

Sin embargo, hasta el momento no consta una respuesta pública del máximo responsable de LIV a las últimas informaciones.

Australia prácticamente da por perdido el torneo de Adelaida

Quien sí se ha pronunciado después de conocerse la noticia es Peter Malinauskas, primer ministro de Australia Meridional, una de las figuras políticas que más decididamente había apostado por LIV Golf.

Su Gobierno había convertido el torneo de Adelaida en uno de los grandes acontecimientos deportivos de la región, con un apoyo institucional y económico muy importante.

En declaraciones realizadas este jueves 5 de noviembre a la emisora australiana 5AA, Malinauskas prácticamente ha dado por acabado el proyecto.

«Creo que esto es el final, por lo que puedo ver», ha señalado, utilizando una expresión propia del críquet para describir una situación que da por concluida.

El dirigente también ha explicado que el Gobierno australiano había trasladado a LIV Golf una exigencia similar a la de BC Partners: la necesidad de contar con un plantel de jugadores suficientemente atractivo para justificar la celebración del torneo.

Según Malinauskas, esas condiciones no se han cumplido.

El primer ministro ha anunciado que su administración centrará ahora sus esfuerzos en el Open de Australia, competición con la que ya tiene un acuerdo para los próximos años.

Es una reacción especialmente significativa porque Adelaida había sido uno de los mayores éxitos de LIV Golf en términos de público, ambiente y repercusión internacional. Si incluso uno de sus socios más fieles empieza a asumir que el proyecto ha terminado, parece que es blanco y en botella.

La justicia estadounidense tiene ahora la palabra

El siguiente capítulo está previsto para este jueves 5 de noviembre en un tribunal federal de quiebras de Trenton, Nueva Jersey.

La audiencia, programada dentro del procedimiento concursal de LIV Golf, debe servir para aclarar los siguientes pasos de la organización. Después de conocerse la retirada de BC Partners, todas las miradas se dirigen hacia la posibilidad de que se inicie el proceso de liquidación de sus activos.

No obstante, conviene introducir un matiz. Front Office Sports ha publicado, citando a una fuente conocedora de la operación, que BC Partners no descarta completamente cualquier posibilidad futura, aunque sí considera inviable continuar con el acuerdo en los términos actuales. A estas alturas no existe una alternativa de financiación anunciada que permita sostener el proyecto.

La eventual liquidación también abriría un complejo capítulo económico y judicial, con reclamaciones de jugadores por cantidades contractuales pendientes, de proveedores y de otros acreedores.

Y supondría el desenlace de una aventura que comenzó en 2022 con una inversión extraordinaria del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí (PIF), estimada en más de 5.000 millones de dólares.

LIV Golf irrumpió con contratos millonarios, premios extraordinarios y una propuesta que pretendía cambiar las reglas tradicionales de este deporte. Su aparición provocó una fractura histórica entre circuitos, jugadores e instituciones, además de una escalada económica sin precedentes.

Cuatro años después, una vez retirada la financiación saudí, el proyecto que pretendía sustituirlo parece haber encontrado un obstáculo insalvable: convencer a suficientes estrellas de que merecía la pena seguir formando parte de él.

Todavía falta una resolución definitiva. Todavía queda por conocer qué ocurrirá en los tribunales y si aparece alguna alternativa de última hora, pero ahora mismo es legítimo pensar que LIV Golf 2.0 puede haber recibido la estocada definitiva antes siquiera de llegar a nacer.

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