Sergio García firma un birdie espectacular en el hoyo 17 del Blue Monster, el más difícil del campo este domingo en la ronda final de LIV Miami y se da una oportunidad de victoria. La tarea no es fácil. Necesita otro birdie más en el 18, un monstruito igual o peor que el anterior. Todo pasa por la salida. No queda otra que ponerla en la calle para darse una oportunidad. Justo cuando está a mitad de camino en su backswing, se escucha el ruido de un buggy aproximándose. Sergio falla a la derecha y mira con más perplejidad que indignación al área de dónde ha venido el sonido.
En otro tiempo, no muy lejano, la reacción de Sergio habría sido mucho más virulenta. Habría buscado más explicaciones y, sobre todo, habría lamentado infinitamente más su suerte. Sin embargo, ayer lo asumió como una parte del juego, un componente del azar. Realmente lo vio como un accidente y no lo utilizó para poner excusas. «El ruido me molestó, pero tampoco fue un gran golpe de salida. Es lo que hay», aseguraba templado y muy contenido.
Sergio García pone la magia, pero Leishman se lleva la victoria
Nunca sabremos si Sergio habría puesto la bola en calle sin la aparición por sorpresa del coche, aunque los síntomas apuntaban más a sí que a no. Desde el hoyo 3 sólo había fallado dos calles, en los hoyos 6 y 14. Esta siendo, de lejos, su mejor día desde el tee. Sin embargo, más que jugar a adivinos con lo que podría haber pasado o dejado de pasar, lo realmente relevante de esta historia es la reacción de Sergio. Asume lo que ha pasado como parte del juego, se queda con lo bueno y mira hacia adelante. Es esa otra versión del golfista de Borriol del que llevamos hablando hace tiempo.
«Después tuve una ventana con el hierro 3 y solo me faltó un metro para que saliera perfecto, pero no pasa nada. Siento que jugué muy bien los segundos nueve hoyos. Los primeros nueve también fueron sólidos, pero los segundos nueve fueron realmente buenos. Obviamente no hice birdie en el hoyo 10 estando justo al borde del green, y luego tuve un par de buenas oportunidades que simplemente no quisieron entrar, pero hice un gran birdie en el 17 para darme una oportunidad», apunta. Sergio buscó una bola abierta desde los árboles que se acabó marchando al agua por muy poco.
Así las cosas, el espíritu está muy arriba a unas horas de volar hacia Augusta. Sabe cuál es el objetivo de la semana y está muy por encima del resultado. Nadie lo va a sacar de ahí. «Estoy muy ilusionado. Como he dicho durante todo el año, quiero ir allí y disfrutar la semana, pase lo que pase. Espero jugar muy bien, pasar el corte y tener opciones de ganar. Pero incluso si no lo consigo, quiero disfrutarlo, porque creo que me lo merezco. Jugar 100 majors no es poca cosa. Quiero disfrutar cada uno de los que me queden», señala.
La tarea más complicada será llevar a cabo este plan cuando las vueltas se tuerzan, si es que eso ocurre. En cualquier caso, Sergio lo tiene más claro que nunca y, lo que aún es más importante, se lo ha demostrado y ha comprobado que le van mucho mejor las cosas manteniendo esa actitud. Son buenas noticias en la antesala del Masters.



