Cuando Jon Rahm pisó Valderrama ayer, martes, a eso de las diez de la mañana, se le iluminó el rostro. “Fue una sensación casi infantil”, ha explicado hoy. Luego, dos horas más tarde, saldría a jugar nueve hoyos junto a Caleb Surratt y Kieran Vincent, dos compañeros (pupilos, incluso) de Legion XIII, y lo de menos fue que jugara del 10 al 18 más que decentemente bien, o que le hiciera un birdie de manual al 16, o que estuviera a punto de embocar un chip en el 18 para cerrar la sesión con otro birdie… “Es venir a España, ver este campo tan bonito… Tenía ayer la misma sensación que tendría un niño que viene por primera vez”, explica.
(En este punto abrimos un paréntesis: a ver, que esto del birdie en el 16, aunque fuera en una plácida ronda de prácticas, tiene su enjundia. Este hoyo es uno de los cuatro que se le han resistido a Jon en las ocho vueltas de competición que ha disputado en Valderrama (años 2017 y 2021, en los que falló el corte, y 2019, en el que terminó segundo). El de Barrika, en efecto, todavía no ha podido hacerle birdie a los hoyos 7, 12, 15… Y 16. Para ser más concretos: su registro en el 16 es de siete pares y un bogey, así que nunca está de más darte el gusto, aunque no cuente).
Jon ha salido hoy a jugar de nuevo los segundos nueve de un Valderrama que luce esplendoroso, inmaculado, fantástico. Lo ha hecho de nuevo junto a Vicent y Surratt y se ha añadido Tyrrell Hatton, el cuarto jinete de la Legion XIII. Será casualidad o no que repita por el mismo lado del campo (en realidad, mañana juega los nueve primeros en el Pro-Am, así que tiene su sentido), pero son estos segundos nueve los que más problemas han dado al jugador español en su paso por este campo. El hoyo 12, par 3, es seguramente el que más le intimida, si es que a este tipo le intimidara algo en un campo del golf.
En este ir y venir, salir a jugar, atender a los medios y ejercer de anfitrión con sus compañeros de equipo, una cosa ha llevado a la otra y se le ha despertado un hambre de triunfo fuera de lo común. No le ha ido muy bien en Valderrama, las cosas como son, aunque su segundo puesto de 2019 no debe considerarse precisamente como una mala actuación. Pero Jon, con las precauciones debidas, tiene un objetivo claro y rotundo, que no es otro que el de ganar al fin en Valderrama. “A lo mejor es una excusa barata que pongo, pero las dos veces que me fue mal en este campo el torneo se jugó en octubre y la vez que fui segundo se jugó en julio… Por si sirve de algo”, puntualiza con cierta guasa, aunque ciertamente sea un dato objetivo y real.
No es sólo eso. Es que siente que su juego está a punto, una vez a quedado en el olvido la molesta lesión en el pie que lo obligara a retirarse en LIV Houston, a perderse el US Open y a jugar todavía con algunas molestias el LIV Nashville. Hasta ahora, tal y como ha confesado hoy, le pone una nota de ‘6’ al año 2024, pero no descarta ir mejorando y “acercarme todo lo que pueda al ‘10’ de aquí al final, queda mucho por jugar”.
Ahora tiene por delante un tramo exigente y apasionante, con cuatro semanas consecutivas de competición (LIV Andalucía, Open Británico, LIV United Kingdom y Juegos Olímpicos), algo absolutamente inusual en este jugador, antes y después de su marcha a LIV Golf. Puestos a elegir se quedaría con una victoria en Royal Troon, qué duda cabe, pero no cierra ninguna puerta. “Si sólo me dejáis elegir uno, el Open, pero por qué no dos victorias, o tres…”, remata.



