
Pau Gasol se dispone a hacer una sacada desde la arena en el green del 18 de Valderrama. Día de Pro-Am del LIV Andalucía. Esta leyenda andante del deporte español ha jugado los primeros nueve hoyos con Jon Rahm y los segundos con Dean Burmester. Un último esfuerzo para certificar un notable resultado (su equipo no va a ganar, pero terminará entre los mejores). Cuando anda todavía acomodándose sobre la bola en la trampa de arena se da cuenta de que alguien lo está grabando todo a sólo unos metros de distancia. Mira, perfila una media sonrisa y sencillamente dice: “a ver qué tal”. Saca la bola del bunker, aunque sale suelta. No está mal, pero digámoslo alto y claro: el golpe no está a la altura de lo que el propio Pau espera que sea su estándar de juego en un futuro no tan lejano…
Atiende a los medios al pie mismo del green del 18 y reconoce que un campo como Valderrama puede resultar frustrante para un jugador medio, pero queda patente que disfruta con el reto. Saca pecho por los logros del deporte español en este frenético mes de julio de Eurocopa futbolera, preolímpico de baloncesto y semifinales de Alcaraz en Wimbledon; y espera que en París los deportistas españoles puedan superar el botín de las 22 medallas de Barcelona 92, aunque no será él quien dispare la euforia. Nunca ha sido Pau de vender la piel del oso antes de cazarlo…
Después, en una breve charla con Tengolf, mientras camina ya rumbo al vestuario, se sincera acerca de sus objetivos en el proceloso mundo del golf. Asegura que no tiene un registro concreto como objetivo y envuelve su discurso de prudencia. Dice que aspira a ser el mejor jugador de golf que pueda ser y admite que quizá no siempre pueda dedicarle tanto tiempo, si sus obligaciones profesionales y familiares van en aumento. Pero también, como quien no quiere la cosa, amaga, se gira y deja uno ganchito, pues reconoce que le gustaría acercarse al exigente perfil de jugador scratch. Y competir en torneos con tal etiqueta. Sí, sí, scratch, hándicap 0. Todavía le queda un trecho, pero a esta clase de competidores hay que creérselos a pies juntillas.


