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la madrileña habla con ten golf unas horas después de conseguir la tarjeta del LPGA

Así sobrevivió Carolina a la semana más rara de su vida

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Hay semanas que desgastan, otras que ponen a prueba, y luego está lo que Carolina López Chacarra acaba de vivir en la Final de la Escuela del LPGA: un examen emocional, meteorológico y mental, compitiendo por cumplir uno de su grandes sueños. La madrileña se enfrentó a todas las adversidades y salió de Magnolia Grove con la tarjeta del LPGA Tour bajo el brazo. No hay guion que pueda gustar más.

La madrileña habla con Ten Golf apenas unas horas después de certificar su salto al mejor circuito del mundo. La voz es una mezcla reconocible: alegría, cansancio y ese tono de quien todavía está asimilando lo que ha logrado. “Estoy muy contenta, cansada… y rumbo a Marruecos”, resume. Ni un respiro. El miércoles voló a Atlanta y este mismo jueves a Marruecos, todo acompañada de su madre, su fiel escudera.

Si algo define esta Final fue la dureza. Normal que esté cansada. El jueves no se jugó ni un hoyo en lo que debía ser la primera jornada de torneo. El domingo apenas unos hoyos. La competición se redujo de 90 a 72 hoyos. Lluvia, más lluvia y una incertidumbre que ni los árbitros sabían cómo gestionar. Carolina lo describe con sencillez: “Creo que no ha sido la semana más dura, porque por ejemplo en la segunda Fase de la Escuela estaba sin red, eso me pareció más duro, pero sí te diría que ha sido el torneo más raro que he jugado nunca”. No había patrones. No había rutinas. No había ritmo. Había que adaptarse. A cada hora. A cada anuncio. A cada parón. Una rara incertidumbre.

«Nunca me había pasado que a las diez de la mañana de un día de torneo me dijeran que se suspendía toda la jornada y que no podíamos ni si quiera entrenar ni ir al campo de prácticas ni nada. Tenía 24 horas por delante». Su hermano Eugenio le advirtió: «va a ser una semana muy complicada, con circunstancias adversas, con un tiempo que va a generar mucha incertidumbre así que lo que venga hay que tomárselo con optimismo y alegría, si no se te puede hacer muy difícil».

Dicho y hecho, ante el parón del jueves, Carolina no quiso acomodarse y se puso manos a la obra para distraerse y dejar que la tensión le fuera entrando por las venas. Nada de meterse en su cuarto o quedarse en el club: «Decidimos ir a darnos una vuelta, nos fuimos de compras, estuvimos comiendo por allí y luego por la tarde nos distrajimos haciendo manualidades», cierra entre risas. Mente despejada y vuelta de 68 el viernes para arrancar la final.

En lo que a juego se refiere Carolina tiene claro lo que le ha dado tranquilidad para afrontar esta semana atípica: «Todo ha estado sólido, pero he estado muy tranquila con mi juego largo, he cogido muchísimas calles y he cogido muchos greenes. A partir de ahí era estar más o menos afinada con el putt y según el día fue mejor o peor, sin embargo he evitado muchas situaciones de bogeys respecto a mis rivales porque he estado fina desde el tee y con los hierros».

Carolina arrancó el último día con la intuición de que el -4 no iba a ser suficiente. El martes las condiciones eran mejores, los birdies llegarían, y había que salir agresiva. “Yo estaba en -3 y sabía que no había margen. Tocaba apretar desde el primer momento”.

Tras una gran vuelta de cuatro bajo par tras diecisiete hoyos, los nervios estaban a flor de piel, reconoce que estaba muy nerviosa. Llega al hoyo 72 y se encuentra dentro del top 25, en -7, con el corte final fijado en -5. Buen colchón, sí, pero en estas semanas nadie se siente a salvo hasta que firma la tarjeta: “Yo hasta que llegué al green del 18 no tenía ni idea si mi resultado me valía o no”, confiesa. Fue ahí cuando su caddie se acercó y le confirmó: “El bogey también te vale.” Podía respirar. De hecho tenía un putt cuesta abajo de cuatro metros que tiró a asegurar que se quedaba cerca. No había nececesidad de apretar en exceso. Su caddie, por cierto, no ha sido otro que John Pond, marido de Lauren Coughlin, que dejó su trabajo para llevar con éxito la bolsa a su mujer.

¿Y ahora? Ahora toca seguir. No hay celebraciones largas. No hay pausa. Marruecos espera: la Final de la Escuela del LET, donde quiere asegurar la membresía completa y alimentar un objetivo que ya verbaliza sin titubear: “Quiero jugar la Solheim.”

El calendario del LPGA aún es una incógnita. Carolina no se da margen para descansar. Quizás ahí está parte de su ADN competitivo. Ha superado la semana más rara de su vida y lo ha hecho con brillantez. La tarjeta del LPGA es solo el principio.