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Las claves del gran año de Azahara se guardan en una cajita

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Azahara Muñoz, junto a su entrenador Marcelo Prieto.
Azahara Muñoz, junto a su entrenador Marcelo Prieto.

Marcelo Prieto es el guardián del swing de Azahara Muñoz. Nadie lo ha visto más. Nadie lo conoce mejor. Siempre desde una discreta posición dentro la sala de máquinas ha ido puliendo cada detalle, echando miles de horas, pegando millones de bolas, ajustando por aquí y por allá… Ha sido como el trabajo de un joyero dando forma a un diamante en bruto. Y siempre con la colaboración abnegada de la propia Azahara. Si no, obviamente, sería imposible.

Azahara Muñoz. © Naratip Golf Srisupab | Golffile
Azahara Muñoz. © Naratip Golf Srisupab | Golffile

Por tanto, nadie mejor que Marcelo puede explicar el dulce momento que vive Azahara en este arranque de 2019, el más brillante de su carrera o, al menos, a la altura del que vivió en 2012, cuando ganó el Sybase Match Play Championship del LPGA y se metió por primera vez en el top 20 mundial. En aquella primavera de hace siete años encadenó cuatro top 5 consecutivos y cinco top 4 en siete torneos. La serie de esta temporada es de cinco top 6 en siete torneos. Y justo antes del ANA Inspiration. No es una buena semana, un buen torneo, un fogonazo en forma de victoria, hablamos de una trayectoria sólida y consolidada que la ha colocado entre las cinco mejores del LPGA y en el puesto 34º del ránking mundial. Y ahora, la pregunta del millón: ¿Qué ha pasado este invierno para que se produzca esta extraordinaria evolución?

Azahara se luce a cuatro días del primer Grande del año

“Jugar al golf tiene que ser como caminar. Cuando uno anda no está pensando lo que hace, simplemente es una sensación. Sale natural”, asegura Marcelo a modo de mantra, tan bonito de leer y sencillo de entender como difícil de llevar a cabo. Ahora mismo, Azahara lo está consiguiendo y la clave, además de todo el trabajo que ha venido haciendo años atrás, está en una “cajita de sensaciones”, tal y como lo describe Prieto.

“Yo siempre le digo que cierre la caja con un candado y sólo la abra cuando tiene alguna duda o no se encuentra a gusto. Y después, a cerrarla de nuevo con llave, para que no se escapen”

“Son dos pequeños ejercicios que hemos puesto en práctica este invierno. Uno es para trabajar la estabilidad. Azahara entrena con una goma en la pierna para conseguir que los hombros siempre estén enfrentados a la bola. La idea es generar la misma velocidad de palo con más estabilidad, hacerlo de manera coordinada. Antes, cuando Azahara quería apretar un golpe, imprimirle más velocidad, a veces se quedaban los hombros un poco atrás y el impacto no era tan bueno. El otro ejercicio es hacer el swing con una bola entre los brazos. El objetivo es mantener el plano del swing. Azahara tiene tendencia a hacer el swing más vertical y de esta manera ella tiene la sensación de hacerlo más horizontal. No es mucho, pero ella tiene la sensación y le pega a la bola con más solidez”.

Un plan que cumplir y sin obsesiones por volver a ganar

Estas son las dos sensaciones que Azahara guarda en la cajita. “Yo siempre le digo que cierre la caja con llave y sólo la abra cuando tiene alguna duda o no se encuentra a gusto. Y después, a cerrarla de nuevo con llave, para que no se escapen”, señala didácticamente el entrenador de los equipos nacionales de la Federación Española. Por cierto, la andaluza prefiere llamarle burbuja a cajita, pero en este caso hay que darle el copyright a Marcelo y respetar su nomenclatura.

“Se encuentra cómoda y pegándole muy bien, lo que le permite ser más agresiva. Está dejando bolas muy cerca. Además, este año hemos seguido trabajando mucho en el juego corto, precisamente para que pueda seguir siendo agresiva sin miedo a fallar un green porque puede perfectamente hacer la recuperación»

Esta dos sensaciones son la base de este inicio de año, pero no es lo único. Azahara está pegando muy bien a la bola, haciendo las cosas simples y esto se transmite a todas las parcelas del juego y a la cabeza, siempre tan importante en este deporte. “Se encuentra cómoda y pegándole muy bien, lo que le permite ser más agresiva. Está dejando bolas muy cerca. Además, este año hemos seguido trabajando mucho en el juego corto, precisamente para que pueda seguir siendo agresiva sin miedo a fallar un green porque puede perfectamente hacer la recuperación. También tiene más confianza con el putter y mentalmente está mucho más tranquila, aceptando mejor los fallos. En un día malo tira hacia adelante y no se viene abajo. Sólo hay que ver la cantidad de birdies que está haciendo este año después de un bogey”, apunta Marcelo.

«Mentalmente está mucho más tranquila, aceptando mejor los fallos. En un día malo tira hacia adelante y no se viene abajo. Sólo hay que ver la cantidad de birdies que está haciendo este año después de un bogey»

En realidad, todo parte de la base de estar haciendo las cosas muy bien. Azahara se siente tan a gusto que los bogeys duelen, pero no pesan, porque sabe que al hoyo siguiente puede hacer birdie. De hecho, la golfista de San Pedro de Alcántara es la décima que más birdies ha hecho este año en el LPGA, mientras que en 2017 estaba más allá del puesto 50 en esta parcela.

El Blog de Azahara Muñoz

Hay otro aspecto importante en la manera de entrenar de Azahara en los últimos meses. Tanto ella como Marcelo se han enfocado más en practicar la competición. Es decir, pasan menos tiempo en la cancha de prácticas y mucho más en el campo de golf. Consiste en entrenar como si fuera un torneo. “Entiendo que es la manera de hacer un trabajo mucho más efectivo”, señala Marcelo. Y añade: “Azahara siempre ha sido una gran jugadora, muy competitiva, pero yo creo que este año ha subido un peldaño más. Ojalá pueda ganar pronto, pero realmente no nos preocupa. Lo importante es que cada fin de semana esté ahí arriba dándose una opción. Estoy convencido de que así llegarán antes o después los triunfos, y no tengo ninguna duda de que cuando llegué el próximo, vendrán muchos más después”, sentencia el guardián. Mientras tanto, la cajita, a buen recaudo y con el candado echado.