Adam Scott (-12) será lo que diga que sea el ranking mundial este lunes, pero en la práctica es sin duda el Número 1 del mundo en esta fase de la temporada. Lleva tres semanas seguidas de juego sin bajar del segundo puesto y con dos victorias, una de ellas en el primer World Golf Championship del año, el Cadillac de Doral. Y se lo ha llevado, una vez más, accediendo a la cima por la ruta más insospechada. Si la semana pasada ganaba a pesar de haber firmado un cuádruple bogey en la tercera ronda, esta vez lo hacía soportando el lastre infinito de dos dobles bogeys en el primer tercio de la última vuelta.
Muy bien hay que estar jugando para rebajar semejantes tropiezos a la categoría de anécdota (hoy, siete birdies, ni más ni menos, en un campo que llevaba a todos con la soga al cuello). O mucha confianza hay que tener para pasar página como el que oye llover. Al final, lo uno lleva a lo otro, y lo otro a lo uno. Y ambos, el buen juego y la confianza, seguramente atraen también a la buena suerte. La que tuvo Scott en el 18, por ejemplo, que no se iba al agua con el segundo tiro de puro milagro y que aún pudo salvar el par para evitar el desempate.
El australiano, en todo caso, se ha llevado el gato al agua con el permiso de Rory McIlroy (-10). Es más, por un momento pareció que la gran batalla iba a quedar en riña de corrala, puesto que al norirlandés se le ponía todo de cara cuando sus dos máximos rivales, Scott y Dustin Johnson, tropezaban seriamente en el inicio de la vuelta. Hasta cuatro golpes llegó a disfrutar de ventaja un jugador de la talla de McIlroy… Pero el golf, recordémoslo otra vez, más que ningún otro deporte, no entiende muchas veces de tallas ni jerarquías. Cuando mejor parecía tenerlo, Rory comenzaba a fallar golpes uno detrás de otro, hasta el punto de que en el meridiano del recorrido su ventaja había quedado reducida a cenizas. Y ya no encontraría el camino del birdie hasta el hoyo 16. Demasiado tarde, incluso para él.
Bubba Watson (-11) y Danny Willett (-10) anduvieron más cerca, pero el norteamericano no hizo el birdie en el 16 desde metro y medio y el inglés desperdiciaba una gran ocasión en el 17 y luego se iba al agua de salida en el 18. Hay que asumir ya en cualquier caso, por si aún no lo hubiéramos hecho, que Willett es un grande del golf mundial.
Sergio García (-3) y Rafa Cabrera Bello (-3) han vuelto a firmar por cuarto día consecutivo el mismo resultado. La coincidencia es increíble, aunque es una lástima que esta vez se tratara de un 74. El canario parecía desfondarse muy pronto, con dos dobles bogeys en los primeros cinco hoyos, pero este jugador sabe sufrir en el campo, mantener la compostura y quedarse con lo positivo de cada situación, por poco que sea. A pesar de este mal registro final, el balance general vuelve resultar favorable para Rafa, que acaba de conseguir su mejor posición (11º) en un torneo de este calado y que, por tanto, sigue evolucionando.
Sergio hubiera necesitado un arreón muy decidido para auparse hasta la zona caliente. Llegó a tenerla a la vista, siquiera allá lejos, en el horizonte, cuando el liderato bajó hasta -10, pero no pudo producir esa serie de birdies imprescindibles. Y un final errático (bogey en el 16 y doble bogey en el 18 con cuatro putts desde 27 metros) lo sacaba asimismo del top-ten.



