El PGA Tour elimina la aportación anual con la que los jugadores del circuito sénior acumulaban derechos para su jubilación. La medida suprime una vía de ahorro ligada a la participación y los resultados.
De diez millones de dólares a ocho. Y de ocho a cero. El PGA Tour ha eliminado la asignación anual destinada al programa de jubilación de los jugadores del Champions, una decisión que ha provocado una fuerte reacción entre sus protagonistas. Billy Andrade, David Toms y Scott McCarron consideran que la organización está dando la espalda a una generación que contribuyó a construir el circuito del que ahora disfrutan sus sucesores.
Pero, antes de entrar en el enfado, conviene aclarar qué les han quitado exactamente. Se trata de la supresión de las nuevas aportaciones anuales al programa, no a una confiscación de las cantidades acumuladas anteriormente. Ya cuando se produjo el recorte de diez a ocho millones, se explicó esa diferencia: no se estaba retirando dinero del fondo existente, sino reduciendo la cantidad que los jugadores podían seguir generando mediante sus resultados. Ahora desaparece esa dotación.
Es decir, no se ha anunciado que un veterano que ya cobra una prestación vaya a dejar de recibirla por esta decisión. Lo que se elimina es el dinero nuevo que alimentaba ese ahorro para la jubilación. Y esa diferencia, aunque importante, no ha suavizado el rechazo de quienes todavía contaban con seguir incrementándolo.
Cómo se construía esa jubilación
El sistema no consistía en entregar la misma cantidad a todos los jugadores por cumplir 50 años o por pertenecer al circuito. Había que ganarse el derecho a participar en el reparto mediante la actividad y los resultados.
Los jugadores obtenían créditos para su jubilación al terminar entre los 48 primeros de un torneo. Además, debían disputar un mínimo de doce pruebas durante la temporada para poder beneficiarse del programa. Por tanto, no bastaba con aparecer de manera ocasional: el sistema también premiaba el compromiso con el calendario del Champions.
Esos créditos servían para acumular prestaciones de jubilación, al margen del cheque correspondiente a la clasificación de cada semana. Un jugador podía ganar dinero en un torneo y, además, conseguir que su actuación contribuyera a su ahorro para el futuro. Eran dos conceptos diferentes: el premio por competir y la aportación para la jubilación.
La dotación global se aprobaba cada año. El programa nació en 1985 con 250.000 dólares y fue creciendo hasta alcanzar los diez millones. El primer recorte la dejó en ocho millones, una reducción del 20 por ciento del presupuesto anual. Eso no significaba que cada jugador perdiera un 20 por ciento de su pensión ya acumulada, sino que había menos dinero disponible para las nuevas aportaciones.
¿Cuánto recibía cada jugador?
No existía una paga idéntica para todos que pueda expresarse como una cantidad mensual común. La aportación individual estaba ligada a los créditos conseguidos y al dinero disponible en el programa. De ahí que participación y resultados tuvieran consecuencias más allá de los premios de los torneos.
Los diez millones —después ocho— eran la dotación para el conjunto del programa, no la pensión de un jugador ni una cantidad que hubiera que repartir simplemente entre 48 personas. El puesto 48 era el límite para generar créditos en cada prueba, no el número de beneficiarios de toda la temporada. A lo largo del año podían entrar jugadores distintos en esas posiciones.
¿Cuándo podían cobrarlo?
También hay que distinguir el momento en el que se acumulaban los derechos y el momento en el que se cobraban. No era un segundo cheque entregado inmediatamente al terminar cada torneo. Y tampoco debe darse por hecho que todas las prestaciones del Champions fueran una renta vitalicia idéntica.
Un ejemplo documentado es el de Al Geiberger. En 2013 había comenzado a cobrar su prestación del Champions a los 65 años y terminó a los 75. En su caso, se trataba de una renta durante diez años, no de un pago mensual para el resto de su vida.
El enfado: dinero para el presente, recortes para los veteranos
Con ese contexto se entiende mejor la protesta. Los jugadores no están diciendo que les hayan vaciado de golpe todas sus pensiones. Denuncian que desaparezca una parte de su remuneración diferida mientras el PGA Tour moviliza cantidades mucho mayores en otros proyectos.
«Ha pasado de diez millones a ocho y ahora a cero», lamenta Billy Andrade, de 62 años y ganador de tres torneos en el Champions. Su crítica apunta tanto al dinero como al reconocimiento que considera que merecen los veteranos.
«Hay millones circulando por todas partes para las Championship Series, para esta serie, para aquella, para todas esas ligas que está creando este hombre —Brian Rolapp—, y después retiran este dinero que estaba destinado a los jugadores del Champions. Estos son los jugadores que ayudaron a convertir el circuito en lo que es hoy y a crear los puestos de trabajo de los que disfrutan los directivos y los jugadores actuales… Es un auténtico crimen», sostiene en declaraciones a Golfweek.
David Toms plantea una comparación similar: «En el PGA Tour están jugando por veinte millones casi todas las semanas, ¿y no pueden permitirse diez millones para nuestra jubilación? En mi opinión, da una imagen muy mala, y creo que la mayoría de los jugadores de aquí se sienten igual».
McCarron señala directamente a los responsables de la organización: «Lo que nos han hecho a los jugadores del Champions Tour es absolutamente terrible. Quitárnoslo sin más y sin que haya una manera de recuperarlo me parece terrible. Estoy muy enfadado con la dirección del PGA Tour, especialmente con Jay Monahan y Brian Rolapp».
La respuesta del circuito: financiarse por sus propios medios
La dirección presenta otra perspectiva. Miller Brady, presidente del PGA Tour Champions, explica que el objetivo es que el circuito pueda sostenerse económicamente sin depender de la financiación del PGA Tour.
«Hemos llegado al punto de generar beneficios para la organización y, si podemos mejorar, podremos reinvertir en nosotros mismos. Puede llevar tiempo, pero el rendimiento financiero de este circuito es tan bueno como lo ha sido nunca», afirma. Su prioridad, añade, es aumentar las bolsas de premios mediante acuerdos de patrocinio de mayor valor.
El Champions reparte esta temporada 69 millones de dólares en premios. Sin embargo, los premios actuales y el programa de jubilación cumplen funciones diferentes: unos remuneran la competición de hoy; el otro permitía acumular prestaciones para más adelante.
En el trasfondo aparece la nueva estructura empresarial. Strategic Sports Group invirtió inicialmente 1.500 millones de dólares en PGA Tour Enterprises, la sociedad comercial vinculada al circuito. Varios jugadores relacionan las exigencias de rentabilidad de ese modelo con la decisión, aunque esa conexión es su interpretación, no una instrucción de los inversores acreditada en la información.
No todos reaccionan de la misma manera. Paul Goydos, antiguo miembro del consejo de gobierno del Champions, admite la decepción, pero entiende el argumento financiero: «El PGA Tour es un negocio. Quienes mandan están intentando gestionarlo como un negocio. Las cuentas son las que son. No puedes gastar de forma deficitaria. ¿Es decepcionante? Sí. No es bueno, pero es comprensible».



