– Bud Cauley estaba el lunes pasado practicando en el Bear’s Club, en Palm Beach Gardens, donde vive, cuando sonó su teléfono y le dijeron que Lee Hodges se había dado de baja en el THE PLAYERS y él entraba en el torneo. Habría acudido a la cita aunque hubiera tenido que ir a la otra punta del mundo, porque este torneo es su preferido por muchas razones. La primera y principal: creció en Jacksonville, allí empezó a jugar al golf y prácticamente desde que tuvo uso de razón iba al torneo cada año y ‘acosaba’ a sus ídolos. Así que, no, los 375 kilómetros que lo separaban este lunes del TPC Sawgrass no iban a ser, desde luego, ningún obstáculo para acudir raudo a la llamada. Hoy, domingo, sale en el partido estelar a un solo golpe del líder, J. J. Spaun, y tiene la oportunidad de ponerle un lazo redondo a una larga historia de superación.
– Recordemos: en 2018 Cauley fallaba el corte en el Memorial y ese mismo viernes sufría un grave accidente de coche en Dublin, Ohio, muy cerca de Muirfield Village, en el que se rompía seis costillas, entre otras serias lesiones. Reaparecía seis meses después, pero al cabo de dos años algunas complicaciones en las placas que le habían colocado en las costillas tras el accidente, lo tuvieron apartado del juego tres años, tiempo en el que por supuesto llegó a pensar seriamente que no volvería a competir, pues a cada complicación médica que surgía casi seguía otra aún más grave. Volvía al fin en 2024 con una exención médica de 27 torneos, de los que ha cumplido 21 sin alcanzar de momento la cifra de puntos necesaria para garantizar sus derechos de juego en el PGA Tour… Aunque eso evidentemente sea lo de menos para Cauley: “ni siquiera se los puntos que me hacen falta”, decía ayer. Lógico: muchas veces, cuando se pasa por donde él ha pasado, se tiende a desdramatizarlo todo y a sentirse un afortunado por el hecho de estar vivo.
– Cauley, por cierto, todavía no ha ganado en el PGA Tour. Por eso, si lo hiciera precisamente en SU torneo, su THE PLAYERS, el cuento sería de los de ‘fueron felices y comieron perdices’, después de burlar al lobo feroz.
– Varios lobos feroces, en cualquier caso, van a tener que burlar Cauley y Spaun, por ceñirnos al sorprendente partido estelar de este domingo. En primer lugar, las condiciones de juego, con mucho viento. Y agua, que también puede caer. El 66 de Cauley el sábado, con rachas que superaron los cuarenta kilómetros por hora, nos da una pista de lo que es capaz de hacer este jugador, un auténtico talento en su etapa de amateur, en un campo que ha jugado cientos de veces en su vida. Pero nada ni nadie te asegura nada.
– Otro lobo feroz debiera ser Rory McIlroy (-8), que sale a cuatro golpes de la cabeza y con la sana intención de hacer lo que hizo Scottie Scheffler el año pasado, cuando remontó cinco golpes en la última ronda para imponerse por uno a Schauffele, Harman y Clark. Ninguno de estos tres, por cierto, anda ahí arriba (de hecho, sólo Schauffele ha pasado el corte: bendito golf, que no respeta los galones). Tampoco Scheffler parece que pueda repetir la gesta (bendito golf, que no respeta los galones), pues sale a siete golpes del líder.
Algún lobo feroz más aparecerá en el grupo de candidatos que salen hoy a jugar en un margen de golpes más o menos razonable: Glover (-9), Smalley (-9), Conners (-8), Bhatia (-8), Walker (-7), Jaeger (-7), McGreevy (-7), Cantlay (-7), Knapp (-7) o Straka (-7).
– Vayamos con Scheffler. El año pasado finalizaba la tercera ronda con tres birdies consecutivos en los hoyos 16, 17 y 18 para quedarse todavía lejos, a cinco golpes, pero con alguna opción que luego haría buena con un esplendoroso 64 en la jornada final. Este año, ayer, necesitaba algo parecido: terminar bien para meterse en los últimos partidos y sentir que todavía tenía el triunfo al alcance. Ni siquiera le hacían falta esos tres birdies, pero es que además ocurría casi lo contrario: bogey en el 16, nuevo bogey en el 17 después de hacer tres putts y un par por los pelos en el 18, donde había fallado por detrás del green y sacaba adelante una excelente recuperación.
De alguna manera todo esto podría servirnos para resumir la gran diferencia que hay entre el Scheffler de 2024 y el de 2025, aunque sea de un modo algo simplón o vago: hace un año el texano encontraba la manera de apretar cuando más lo necesitaba; este año, sin embargo, no dispone de momento de ese cambio de marcha. Antes bien, está cometiendo algunos fallos puntuales en momentos muy inoportunos e, incluso, al lado malo, justo cuando necesita definir las vueltas y colocarse definitivamente arriba.
– J. J. Spaun, por ciento, le vio las orejas al lobo hace casi un año, a mediados de la temporada 2024, pero supo esquivar a la bestia de la mejor manera. Lo explicaba así ayer: “Creo que fue a mitad de la temporada del año pasado cuando jugué fatal al principio. Tenía algunos problemas de salud, como virus y gripes que me perjudicaron físicamente. Pero no quería culpar a mi mal juego. Pero a mitad de temporada parecía que estaba acabado, que no iba a terminar entre los 125 mejores, y pensaba: «He jugado ocho años aquí, tengo una gran familia, he logrado cosas, he ganado. Así que no es el fin del mundo si así es como termino”. Con eso, fue cuando mi actitud cambió. No es que tuviera mala actitud, quizá era un problema de perspectivas. Luego, en la segunda mitad del año pasado, empecé con buen pie para terminar entre los 125 mejores y mantener mi estatus, y este año he comenzado el año con la misma perspectiva. Me ha ido bastante bien”.
Son muchos los que consideran que el golf de Spaun es de muchos más kilates que los que muestra su palmarés. Quizá hoy se equilibre esa ecuación. El putt de más de seis metros que embocaba ayer en el 18 para salvar el par debería ayudar lo suyo. O puede que sólo fuera una prueba más de que, en efecto, ha llegado su gran momento.



