Hay que ver la calma con la que de momento se ha tomado Collin Morikawa (-10) el año 2025, pues hasta la fecha sólo había jugado tres torneos. Este Arnold Palmer Invitational es el cuarto. Y puede ser el bueno después de firmar un 67 en la tercera ronda y colocarse líder en solitario. En los últimos seis meses, por tanto, desde el pasado agosto, sólo había jugado cuatro torneos antes de llegar a Bay Hill, además de la Presidents Cup en septiembre (Zozo, Sentry, Pebble Beach y Genesis). Todo, absolutamente todo, según parece, lo ha enfocado a los Grandes en la presente temporada y, a juzgar por lo visto en las tres primeras rondas de este Arnold Palmer, hay que contar con él.
Digamos que, después de ganar un Grande en cada una de sus dos primeras temporadas completas como profesional (años 2020 y 2021), se ha hartado de esperar y necesita sentirse de nuevo un factor en la gran ecuación del golf mundial. Se le ve jugar en Bay Hill este sábado y lo que extraña, desde luego, es que este hombre no haya ganado ni un solo torneo desde finales de 2023… Consistencia la tiene toda, porque a pesar de haber ganado poco o nada en los últimos quince meses se mantiene Número 5 del mundo.
Le escuece al californiano especialmente que se dude de su capacidad para rematar las faenas, pero este tipo de sensaciones no se crean solas o al azar. Responden a hechos concretos. Aquel Sentry que dejaba escapar ante Rahm; aquel Masters (2024) saliendo en el partido estelar que tampoco llevaba a buen puerto con un 74 dominical… No es Morikawa un líder apocado o sin carisma, quede claro. Es sólo que a este tipo de jugadores se les exige un nivel mucho más alto que el de la media.
El test dominical en Bay Hill puede ser muy fiable para Morikawa y para cualquiera, porque en la preparación del recorrido del señor Palmer hay algo más que reflejos de major. Este sábado tampoco ha soplado demasiado el viento, pero los patinazos han estado de nuevo a la orden del día. Los más sonados son los de los dos jugadores del parrido estelar: Shane Lowry (-4) firmaba un 76 y Wyndham Clark (-2) un 77. Es un señor torneazo, porque además hay cabida para los registros sobresalientes. Ahí está el 67 de Morikawa o el de Russell Henley (-9), que se ha ganado a pulso la condición de gran candidato esta semana y que mes a mes, durante el último año, se mantiene como firme opositor al top ten mundial, una cota ciertamente impensable en otros tiempos.
También se han caído de la terna principal de favoritos Rory McIlroy (-3) y Scottie Scheffler (-2), tras entregar registros de 73 y 71 golpes, porque Bay Hill no mira los galones, sólo premia la finura en el juego. O la consistencia de tee a green, justo la que ha faltado hoy a estos dos jugadores. Llama la atención, un día más, los serios problemas que está encontrando Scheffler para poner de verdad en marcha sus rondas de golf.
Mañana, domingo, se espera un día duro de golf. Al menos, muy movidito. Más que nada porque se espera más viento que el viernes y el sábado, algo más parecido a lo vivido el jueves, con rachas por encima de los treinta kilómetros por hora, todo un desafío en esos greenes tan firmes y rápidos. Además, la previsión detalla que la intensidad irá creciendo según pasen las horas, alcanzando sus picos más altos a partir de la una de la tarde, prácticamente cuando el partido estelar esté saliendo a jugar. Puede haber, por tanto, mucho sube y baja en la tabla. El mejor torneo, de largo, en lo que llevamos de año, merece un desenlace de infarto.



