– Después de hacer un 76 el jueves Jason Day ha reconocido que salió a jugar la segunda ronda con el fantasma del corte dando vueltas en su cabeza. “Todos miramos el corte”, apostillaba. Sólo le faltó decir “y quien diga lo contrario, miente”, que es en realidad lo que le pedía el cuerpo. Que nadie le venga con milongas a Day.
– Obviamente, Scottie Scheffler, cuando llega a un torneo, no está pensando en pasar el corte ni tiene en la cabeza el número que hará falta para estar el fin de semana. Tampoco Jason Day. Pero cuando las cosas no van muy bien y el listón del corte se asoma en el horizonte, nadie se salva de la amenaza. Nadie. A eso se refiere el australiano. “El eagle que hice en el 6 me llevó a un punto en el que pensé: bien, ahora tengo un margen de protección y puedo concentrarme sólo en cada tiro sin tener que pensar en eso (en el corte). Porque todos pensamos en la línea del corte. No me importa quien seas: si estás en la línea del corte, estás pensando en ello. Después, es cierto, hay jugadores que son mejores en dejar ese pensamiento a un lado y a otros les cuesta más”, explicaba con detalle.
– Y ya que estamos, sigamos dándole vueltas al corte, ese inventito que en el Open Championship, el abuelo de los Grandes, se puso en práctica por primera vez en 1898. Luego, todavía se jugarían algunas ediciones sin él, pero desde hace ya casi cien años, desde la edición de 1926 para ser más exactos, no ha faltado nunca en este major, ni tampoco, desde aquel mismo año, en el US Open. (En el Masters el primer corte no llegó hasta la edición de 1957; anduvieron remolones en esta ocasión los chicos del Augusta National).
– En fin, tras este pequeño repaso histórico, regresemos a los tiempos presentes. No estarán el fin de semana en este fabuloso Arnold Palmer tipos como Hovland, Theegala, Detry, McNealy, English o Tom Kim. Se siente. La crudeza de la ELIMINACIÓN es en la alta competición un elemento insustituible, indispensable… Obligatorio, podría añadirse, por más novelitas cursis que vengan a contarnos los businessmen. Muy bien contadas, eso sí.
– Sí que va a estar Xander Schauffele. El ganador del PGA y el Open del año pasado dio ayer una exhibición de amor propio (y clase) para pasar su 58º corte consecutivo, a pesar de haber encadenado dos dobles bogeys en los hoyos 11 y 12 que hubieran condenado a cualquiera después de su 77 del jueves.
– ¿Su 58º corte consecutivo? Habría que ponerse de acuerdo de una vez por todas en no contar como un corte pasado aquel que se ‘consigue’ en un torneo donde no hay corte, que no es el caso esta semana. Es de cajón: ¿cómo puedo pasar o dejar de pasar un corte si no existe? La cuestión es que Schauffele lleva sin fallar un corte desde el Masters de 2022, hace ya casi tres años, quedémonos con este dato sobrecogedor. Pero el caso es que en este tiempo ha disputado unos cuantos torneos sin corte que se incluyen estúpidamente en esa relación de 58. Del mismo modo que Tiger tampoco encadenó 142 torneos sin fallar un corte (es el récord) entre febrero de 1998 y mayo de 2005, sencillamente porque en ese tiempo también jugó un puñado de torneos que no tenían corte. ¿Es tan complicado de entender?
– La incongruencia llega al extremo de contabilizar a Schauffele como un corte pasado el SENTRY de 2023, torneo en el que se retiraba por lesión después de la primera ronda. Vale, de acuerdo: si no hay corte, tampoco se lo vamos a contabilizar como un corte fallado, está muy claro; pero parece tan excesivo como innecesario contabilizarlo como un corte pasado y por tanto igualar aquello con su pequeña gesta de ayer en Bay Hill. Señores del PGA Tour y frikis de las estadísticas, pongámonos rigurosos con este tema. Oiga usted, que el corte es un tema serio y peliagudo. Larga vida al invento.



