Arrancaba Scottie Scheffler (-1) la segunda vuelta del Arnold Palmer Invitational con un birdie de tiralíneas en el hoyo 1. Pero la carga del defensor del título, de entrada, se quedaba ahí, frenada en seco. Un doble bogey en el hoyo 2, par 3, después de fallar la salida al lado malo y de sumar luego tres putts, devolvía al texano a esta realidad incómoda que le está tocando vivir en esta primera fase de la temporada, en la que se nos revela como un terrícola más y no tanto como el ser levitante de 2024 y hasta 2023.
Es sólo una manera de hablar: también hubo torneos el año pasado en los que anduvo peleado con alguna parcela de su juego, normalmente el putt. Pero una racha como la actual no se le recordaba en mucho tiempo. Al fin y al cabo, Scottie está jugando esta semana su cuarto torneo del año y todavía no se le ha visto decididamente arriba, ni siquiera en el Genesis, su última comparecencia antes de venir a Bay Hill, donde terminaba en una excelente tercera posición, gracias a una gran ronda final.
El caso es que algo no marcha como debiera. El famoso accidente doméstico, malditos raviolis, rompía el orden natural de las cosas, de sus planes, y de momento Scheffler no ha sido capaz de reencontrar su mejor versión. Hoy, por ejemplo, un golf inestable y errático en el primer tercio de la vuelta lo alejaba peligrosamente de la zona caliente de la tabla (parcial de +3 en los seis primeros hoyos). Cuando no fallaba desde el tee, erraba el segundo tiro y tampoco el putter lo sacaba de ningún apuro, sino todo lo contrario, todo ello en un Bay Hill más amable que el jueves (muy duro en todo caso, pero algo menos exigente por la ausencia de viento).
Este año, en tramos de juego más o menos similares, en los que no le salían las cosas, se le había visto perder la paciencia y ciertamente descolocado. Hoy, sin embargo, el Numero Uno del mundo ha demostrado que lo es también a las malas. Hoy tocaba remar contra la corriente y es lo que ha hecho. Hoy, después de un inicio tan destartalado, tocaba ponerse muy serio y templado y trabajar la vuelta con un plus de concentración. Y de esa manera se ha movido por el campo, mejorando poco a poco sus prestaciones y finalizando con un gran birdie en el 18 que lo incluía de nuevo en el reducido grupo de jugadores que le siguen ganando la partida al campo en el acumulado de las dos primeras rondas.
Es más, Scottie le ha ido pegando muchísimo mejor a la bola según pasaban los hoyos, sobre todo de modo más consistente y repetitivo, dejando la frustración a un lado y muy centrado en la ardua tarea que tenía (tiene) por delante. Por los segundos nueve hoyos, en estos greenes de Bay Hill tan firmes, el texano ha recordado al de sus mejores actuaciones de tee a green, aunque con escasa ayuda del putter, que sólo ha brillado en ese hoyo 18, donde embocaba un purito de unos cinco metros. No queda más remedio que recurrir al tópico, mucho más tratándose de este jugador: Scheffler no ha dicho su última palabra, estando como está a siete golpes del líder, Shane Lowry (-8), con 36 hoyos por delante y en un campo que puede reventar a cualquiera en cualquier momento. Eso sí, su margen de maniobra, de error, está casi agotado. Y sin el casi.
Hay que destacar el sobresaliente registro de Collin Morikawa (-5), viniendo en los últimos partidos del día, que se ha metido de lleno en la pelea, así como el amor propio (y la clase) de Xander Schauffele (+4), que también se ha puesto a remar de lo lindo para salvar un corte que se le había puesto muy cuesta arriba. El californiano ha conseguido jugar por debajo del par a pesar de haber encadenado dos dobles bogeys en los hoyos 11 y 12.



