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El bueno, el bello y el malo

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Los tres últimos hoyos del Stadium Course del TPC Sawgrass conforman uno de los finales más apasionantes de la temporada. Se reúnen en una vasta porción de terreno en forma de u los hoyos 16, 17 y 18. Es como el final de una película de acción de Hollywood, pero con una versión muy singular. Permítannos tunear el título de un clásico del spaghetti western para describir esta parte siempre decisiva del THE PLAYERS Championship.

El bueno es el hoyo 16. No hay duda de esto. Sólo basta con echar un vistazo a las estadísticas, recopiladas desde 2003, para comprobar que es el chollo de Sawgrass. Es el hoyo más fácil del recorrido en los últimos doce años, un par 5 al que se puede llegar de dos con cierta comodidad, aunque no está exento de peligros, caso del enorme lago que preside la derecha del green y que aguarda impaciente para engullir bolas en el 17. El segundo tiro siempre es tenso, pero protegiéndose por la izquierda es bastante asequible el birdie. Eso sí, en jornada final, cuando el jugador tenga la necesidad de jugarse el bigote para ganar el torneo, la perspectiva del tiro es bien diferente. Fácilmente se puede pasar del eagle al bogey por cuestión de un par de metros.

El bello es el hoyo 17. Hay muchos adjetivos que se le pueden poner a la esquina más emblemática de Sawgrass, pero en ningún caso la palabra feo se ajusta a la realidad. La grada natural de la derecha, con las carpas de hospitalidad, confieren al hoyo 17 la sensación de estar jugando dentro de un campo de fútbol. Es un espectáculo para los sentidos. Si no hay viento en contra es un hoyo de wedge, sin embargo, indefectiblemente, cada vez que el jugador se coloca en el tee, las pulsaciones se disparan. El famoso green en isla es capaz de arruinar una vuelta. Su lago se ha tragado nada menos que 553 bolas desde 2003, es decir, cerca de medio centenar cada temporada. Es la bella y la bestia reunidos en poco más de cien metros de distancia.

El malo en el hoyo 18. Y no precisamente porque sea un diseño equivocado, al contrario. Es un hoyazo. Cuando hablamos de malo nos referimos a los destrozos que provoca cada año en las tarjetas de los jugadores. Hoy mismo, Jordan Spieth y Justin Thomas se iban al agua jugando un fourball contra Jimmy Walker y Daniel Berger. Perdieron. Por suerte sólo es una vuelta de prácticas, pero ya saben lo que les espera. Todos lo saben. Hay muy pocas salidas en el año más intimidantes que la de este hoyo 18. No en vano, su media de golpes en los últimos doce años es de 1,724 por encima del par. Es decir, prácticamente se juega como un par 6 fácil. Es por mucho el hoyo más difícil de Sawgrass y uno de los más difíciles de la temporada en el PGA Tour.

Así es este final de película del THE PLAYERS. Primero el bombón, el planteamiento de la escena, después la tensión y por último el desenlace siempre dramático.

Desde 2003, atención a este dato, entre los hoyos 16, 17 y 18 se han recogido 1.459 bolas en el agua. En el resto del campo, del 1 al 15, se han recogido 1.396. Corran a por palomitas.