Karl Villips es uno de los nombres de moda en el golf mundial. No es para menos. El australiano ganó hace tan solo tres semanas el Puerto Rico Open en lo que era apenas su cuarto torneo en el PGA Tour y batiendo el récord de la prueba, por cierto.
El jugador de 23 años hace menos de un año no era profesional. Debutó en julio en el Korn Ferry Tour donde tampoco necesito más de cuatro torneos para ganar un título. Estuvo seis meses en el circuito y le bastó y le sobró para sacarse una de las tarjetas del PGA Tour siendo nombrado ‘Rookie del año’. Cuidado con el muchachito australiano.
Vilips atiende a Ten Golf en exclusiva en la previa del Texas Childrens Houston Open. Desde la habitación del hotel responde la llamada. Con sencillez y bastante naturalidad.
A dos días de comenzar el torneo cuenta que se siente a gusto con el campo a pesar de haberlo jugado el martes por primera vez: «Es un campo largo, de segundos golpes, así que creo que se adapta a mí y le estoy pegando probablemente mejor que nunca. La confianza es alta, pero tendremos que ver cómo se desarrolla el torneo y tratar de ejecutar el juego de la misma manera».
Entrando en harina Karl reconoce que «realmente hay algo de shock en todo lo que me ha pasado en los últimos diez meses, pero tampoco tanto. Me imaginaba ganando ya este año en el PGA TOUR». Sorpresa puede ser, pero no extrañeza, y explica sus motivos: «Creo que he trabajado mucho en ello así que para mi tiene sentido que se haya dado y más en Puerto Rico. Sabía que era mi mejor oportunidad y me lancé con todo a por ello». Recordemos que esa prueba se disputaba a la vez que el Arnold Palmer y por tanto no estaban los primeros espadas del circuito. Vilips lo reconoce sin problema.
En este proceso de asimilación la rapidez con la que gira el circuito tampoco le está permitiendo ser consciente y ver más allá de los palos de golf: «La verdad es que tampoco estoy teniendo mucho tiempo para parar y ser consciente y eso en parte ayuda. Estoy simplemente dejándome llevar por la corriente, intentando jugar al golf, intentando ganar torneos, intentando competir. Y una vez que tenga un poco de tiempo, podré procesarlo todo». Subirse a la corriente y dejarse llevar no siempre es negativo y Karl lo sabe.
Es un chico adelantado a su tiempo eso está claro y sus objetivos hablan por sí solos. El chico que empezó a jugar al golf en Australia con tan solo seis añitos tiene miras altas, muy altas. Podrían parecer pretenciosas. En cierto punto lo son, pero Karl lo explica con mucha naturalidad y normalidad. No se está dando más importancia de la que tiene: «Definitivamente quiero ser el mejor del mundo. El número uno es mi objetivo, quiero ganar Majors y más adelante entrar en el Salón de la Fama». Sí, a sus 23 años, Vlips tiene esa ambición y lo cuenta con naturalidad, sin levantar la mirada ni hincharse el pecho. Para ello ganar Majors es clave y el Masters es el sueño de su vida. De momento este año no está clasificado, pero una victoria esta semana podría cambiarlo todo.
En la misma línea añade: «Creo que una de mis características es querer hacerlo todo bien y ser el mejor. Siento que puedo mejorar mucho más en mi juego y quiero que eso ocurra. Creo que puedo llegar a ser el mejor del mundo algún día» y a ello añade un matiz que parece baladí y no lo es. Habla de su manera de competir: «Además me gusta mucho el proceso de descubrir lo que me falta o lo que me está frenando y creo que es un rasgo muy bueno para el golf profesional, porque tan pronto como crees que tienes algo resuelto, te humilla al instante. Así que soy muy cauteloso pero si que creo que soy lo suficientemente bueno para ganar»
No solo eso si no que pone un ejemplo concreto de lo que necesita mejorar para ser el mejor del mundo: «Hay algo que me impide ser más consistente para estar semana tras semana entre los diez primeros. Así que estoy deseando que empiece este proceso de aprendizaje en los próximos años para averiguar cómo podemos ser más constantes e intentar llegar al número uno mundial. Sé que no sucederá de la noche a la mañana. Así que estoy deseando ver qué nos depara ese viaje».
Además, a cada paso que ha ido dando, se ha ido reforzando en su mentalidad: «Tengo mucho por hacer, obviamente. Pero, ya sabes, me he fijado metas muy ambiciosas en los últimos años, y las he alcanzado. Así que no creo que haya nada hasta el momento que me detenga». No le falta razón si vemos sus resultados en los últimos diez meses.
Sobre su juego también habla claro: «Creo que mi punto fuerte es el aspecto mental y su juego con los hierros. Es donde me siento más cómodo. También creo que estoy en un buen punto con el approach y con el putt. Donde estoy trabajando más es en ganar solidez con el driver. De hecho estas dos últimas semanas, en campos donde hay que jugar muy fino en calle es donde más sufro».
En este ansia por ser el mejor hay un culpable, Tiger Woods. «Desde que tengo siete años Tiger se ha convertido en mi gran ídolo, lo he visto todo de él. No hay video que no haya visto. Era al que veía en la tele. En la actualidad me pongo muchos videos suyos, es imposible no salir motivado al campo viendo a Tiger.» No en vano Vilips también estudió en Stanford donde reconoce que se estudió todo lo relacionado con la carrera del de Cypress. También incluye a Phil Mickelson como uno de sus grandes ídolos de infancia. Vilips es ahora el primer embajador de la marca de Tiger, Sunday Red. Para cualquier sería un gran orgullo, pero se pueden hacer a la idea para alguien como el australiano. Todavía no le ha podido conocer en persona, pero se emociona al recordar el mensaje de su ídolo cuando ganó en Puerto Rico.
No solo Tiger aparece en el radar del australiano. A Vilips como buen amante del golf le encanta la historia y hay una leyenda que aparece en su radar: Seve Ballesteros: «Vi el documental sobre su vida hace unos años y me emocioné un poco al final. ¿Cómo no hacerlo? De niño, siempre oía leyendas, historias de quién era el mejor. Obviamente, yo sólo me centraba en Tiger. Pensaba que era el mejor, pero Seve era una leyenda.
Curiosidades de la vida reconoce que hace unos días Seve volvió aparecer en su radar. «Me enseñaron un vídeo el otro día acerca de una similitud que tenemos y sobre como se colocaba delante de la pelota. La mayoría de los jugadores mueven el palo de algún modo mientras se preparan. Seve se preparaba, arrastraba los pies, pero su palo se quedaba quieto detrás de la pelota. No hacía ningún movimiento. Yo soy igual. Muevo los pies, pero no me muevo. Estoy bastante quieto, y luego me quedo quieto un rato antes de hacer el swing. El otro día alguien me lo comentó y me enseñó un vídeo. Me encantó la coincidencia».
Antes de despedirse Vilips no olvida tampoco sus raíces y agradece a su padre todo el esfuerzo que ha hecho: «Sin él probablemente yo no estaría hoy aquí».



