Thomas Detry abrió los ojos de par en par, miró el reloj y no dio crédito a lo que veía. Quedaban casi nueve horas para su salida en la última jornada del WM Phoenix Open y no podía dormir más. No tenía sueño. Su cuerpo ya había empezado a agitarse. Estaba nervioso. Eran las cuatro de la mañana. Salía a jugar poco antes de la una de la tarde.
Dio un par de vueltas en la cama, trató de bajar las pulsaciones y dejar la mente en blanco, pero no es fácil ganarle la batalla a un insomnio tozudo cuando estás a las puertas de tu anhelada primera gran victoria. Detry lo sabe mejor que nadie porque no es la primera vez que le pasa. Desistió, se levantó y comenzó con las rutinas que ha ido incorporando a su vida para hacer frente a estas situaciones.
Básicamente, se trata de regresar al presente. «Mi gran defecto es que trato de adelantarme demasiado. Siempre me ha pasado. Pienso en ganar y no en todo lo que hay que hacer antes para conseguirlo», explicaba ayer ante los periodistas con el trofeo bajo el brazo aún caliente y una mezcla de felicidad y descanso en su rostro. Era una euforia tranquila.
Lo primero que hizo el domingo por la mañana fue meditar. Como todos los días desde hace más de un año y medio. Por la mañana y por la noche. Diez minutos cada vez. «Al principio me ponía y enseguida estaba pensando en lo que iba a cenar por la noche. Cada vez lo hago mejor y me ayuda a mantener la mente en blanco, a estar en el presente. Todo el mundo debería hacerlo: deportistas, hombres de negocios, políticos… Es una manera de ayudar al cerebro a pensar mejor», afirma.
La siguiente parada de la mañana fue un baño de hielo. Lo hizo el sábado antes de la tercera ronda y le sentó de cine. No es fácil pensar en otras cosas cuando estás al borde de la congelación. Al final, se trata de mantenerse en el aquí y en el ahora. Todo esto sirvió a Detry para ganar en el TPC Scottsdale. Pese a todo, siempre se producen gritas en esta coraza de rutinas y pensamientos positivos. La del belga llegó en el hoyo 13, par 5. Cazó el green de dos, pero salió con el par con tres putt. Mientras, a su lado, Daniel Berger hacía el segundo birdie consecutivo y se puso a tres. Fue el momento más delicado del día.
«Ahí me volví a ir al futuro, empecé a pensar en que se me había puesto muy cerca, que debía reaccionar, que se me podía escapar. He tenido pensamientos así muchas veces. El par del 14 fue importante. No pegué una buena salida, pero lo jugué bien estratégicamente. Me olvidé de la bandera y me centré en no hacer bogey, nada más. Después, para mí el golpe clave fue la salida del 15. Se estaba jugando con un poco de viento en contra y sabía que si pegaba un buen drive tendría un segundo golpe con un hierro 7 o hierro 8. Sólo pensé en el drive y fue espectacular», asegura.
Emocionalmente, Detry le da más importancia a la salida del 15 y ese birdie que al golpazo que pegó en el 16, el famoso par 3 dentro del estadio. Básicamente es porque se lo encontró. Sinceridad absoluta. «Pegué el hierro 9 porque quería tirar a centro de green y dejarme un putt de birdie largo de unos siete u ocho metros. Quería jugar a la zona segura. Sin embargo, seguramente por la adrenalina, me salió más fuerte. Yo pensaba que estaría a dos o tres metros, pero cuando llegué la vi a un palmo y fue una gran alegría. Es el golpe más importante de mi carrera, pero mentalmente me quedo con la salida del 15, asegura.
Detry reconoció tras ganar que llevaba cuatro-cinco años persiguiendo ese objetivo. Cada vez que fallaba en un intento se acordaba de las lecciones del entrenador Small, su head coach en la Universidad de Illinois. Su mantra era: «pobre, hambriento y determinado». Así repetía él hasta la saciedad que debía ser un golfista para triunfar. Y si por un casual alguna vez se olvidaba, ahí estaba su caddie para recordárselo, Charlie Danielson, compañero de equipo en aquellos tiempos universitarios que tuvo que dejar el golf por culpa de una grave lesión de rodilla.
Ahora, su nuevo objetivo es meterse en la final de la FedEx Cup, seguir fiel al DP World Tour y jugar el último torneo en Dubai y clasificarse para la Ryder Cup. En realidad, esto último es más un sueño que un objetivo. «No cometeré el error de pensar ahora en la Ryder. Eso sería salir del presente. Claro que quiero estar en Bethpage, pero lo conseguiré torneo a torneo y vuelta a vuelta. Son mis resultados los que me llevarán a clasificarme o conseguir una plaza por elección», señala.
Detry confirmó ayer tras el triunfo que es capaz de gritar victoria en cuatro idiomas diferentes: victory, victoire, victoria y owerwinning. En casa habla en inglés porque su mujer es británica, piensa en francés (las distancias las mide en metros), habla español porque su abuela nació en España y aprendió el neerlandés en Bélgica. Lo que no habla es alemán, a pesar de que muchos aficionados americanos piensen que es su país de origen. «Ven los colores de la bandera y se confunden. Soy belga, no alemán. Creo que ahora me conocerán un poco más y será más fácil. También es un buen triunfo para Bélgica».
Todo suma para ganar un torneo cuando lo estás persiguiendo desde hace tanto tiempo. La parte mental es decisiva, aunque seguramente al final lo más crucial es la confianza, la determinación que pregonaba el entrenador Small. «Antes de salir a jugar, en el fondo de mí, realmente confié en mí mismo. Sentía que había hecho muchas cosas buenas en el pasado para ponerme en esa posición y estaba convencido de que estaba preparado para ganar. En lo más profundo pensaba que sí, que esta vez nadie me la iba a quitar».



