Ludvig Aberg (-12) se ha llevado el Genesis Invitational después de firmar un 66 refulgente en la última jornada, con un birdie postrero en el hoyo 18 del South course de Torrey Pines que desactivaba todas las opciones de un excelso Maverick McNealy (-11), que a punto había estado de sorprender a todos con la vuelta más baja del torneo, un 64 de otro planeta.
El joven sueco risueño y sereno sigue tan campante por la senda de los elegidos. Parece que en los últimos quince meses fuera sólo al trote, aunque los hechos y los números más bien nos dijeran que seguía marchando al galope. Quizá sea ese su carisma: Aberg siempre es más y hace más de lo que parece. Parecía, por ejemplo, que no había hecho nada deslumbrante en 2024, después de aquella irrupción arrebatadora de 2023, año en el que se paso a profesional y terminó ganando en los dos grandes circuitos y jugando una Ryder Cup, que a ver cómo se explica eso. Y resulta que precisamente en 2024 disputaba el primer Grande de su carrera, un Masters de Augusta, ni más ni menos, y terminaba segundo. Sí, segundo. Además, cosechaba otros dos segundos puestos: uno en Pebble Beach (Signature Event, para más señas), y otro en el BMW, play off de la Fedex Cup.
Lo tenía (lo tiene) todo. Pero había que buscar algún ‘pero’, como si el fenómeno Scheffler fuera replicable en cualquiera que tenga la osadía de destacar por encima de la media. Y, después de aquel 2023 mágico del sueco, lo encontramos: pudiera ser que le falte colmillo. Es muy bueno, tiene un swing imbatible, coge calles y caza greenes por castigo, pero precisamente por todo eso debería llevar ya más victorias…
De acuerdo. Pues lleva ya tres en apenas cuarenta torneos como profesional. Y esta última es de las que dejan huella. Por la forma y por el fondo. En un torneazo, con los mejores del mundo en liza y en condiciones muy exigentes de juego. A ver quién le pone ahora un ‘pero’ a Aberg. El arriba firmante abandona tal idea o propósito, desde luego.
Hoy, fiel a su estilo, ha hecho fácil lo difícil, con un parcial de seis menos por los últimos doce hoyos de un campo que no está para tales fiestas, aunque Aberg y McNealy se hayan empeñado en demostrar lo contrario. Es cierto que hoy se han visto más birdies y buenos resultados en el South course, porque no ha soplado mucho el viento y el rough estaba menos húmedo y era un poco más manejable, pero el campo seguía siendo todo un desafío para quien no fuera por el sitio, salvo que fueras Maverick McNealy, que se dejaba casi dados dos birdies en el arranque de la vuelta pegando el segundo tiro desde las profundidades del rough. El californiano sigue creciendo y creciendo.
El esfuerzo de Scottie Scheffler (-9) ha sido también encomiable. Y su tercer puesto final después de firmar un 66 no debe considerarse ningún fracaso, ni siquiera tratándose de este imperial Número Uno del mundo. Hoy, ya que estamos con los ‘peros’, quizá forzara más de la cuenta por los segundos nueve, cuando ya había hecho lo más complicado, que era arrimarse a los líderes. Demasiados greenes fallados en este tramo, pegando desde la calle, y esos dos bogeys que le caían en los hoyos 11 y 16 lo apartaban de la lucha efectiva por el triunfo. Excelente reacción la suya tras el fiasco del sábado, en cualquier caso, haciendo lo que se le pedía: echarle pimienta al asunto yendo por delante de los últimos partidos.
Nos acercamos poco a poco al primer Grande del año, el Masters, y conviene llegar con la lección bien aprendida: si usted tiene la tentación de no incluir a Ludvig Aberg en la terna de favoritos, recuerde su gesto de furia competitiva una vez que embocaba el putt ganador en el 18 de Torrey Pines. El risueño y templado Aberg siempre es más de lo que parece…



