El día en el que Scottie Scheffler (-3) o Rory McIlroy (-3) tenían obligatoriamente que terminar en lo más alto de la clasificación del Genesis Invitational, citándose incluso para un duelo cósmico en la jornada definitiva, justo este día ha aparecido Patrick Rodgers (-8) en Torrey Pines con un tiralíneas en la bolsa y con la sana intención de reventar la orgía de golf de altos vuelos que algunos nos habíamos empeñado en adelantar. Todavía es posible que Scheffler o McIlroy ganen el torneo, pero sus opciones han quedado reducidas a la mínima expresión. Rodgers es ahora un líder sólido a falta de la ronda dominical después de firmar un 68. Ni siquiera la bola que enviaba al agua en el hoyo 18 de manera ciertamente inesperada (firmaba aquí su único bogey del día) empañaba la exhibición sabatina de este experimentado jugador que todavía busca su primera victoria en el PGA Tour después de 286 intentos y cerca de diez años en el circuito.
No nos fustiguemos tampoco los aprendices de pitonisos. La talla monumental de los Números 1 y 3 del mundo siempre pesa una barbaridad a la hora de los pronósticos, y hasta del análisis objetivo, pero es que además las señales que Scottie y Rory habían enviado en las dos primeras rondas eran muy positivas, sobre todo teniendo en cuenta el durísimo test que es este South course de Torrey Pines. Su hoja de ruta parecía clara e inexorable. Pero el golf no entiende de agendas, protocolos o mapas. Afortunadamente es así, para más señas.
Cada uno con sus problemas, lo cierto es que Scheffler y McIlroy han clavado sus grises actuaciones. Ambos se han mostrado muy irregulares desde el tee, ambos han estado romos en los greenes, ambos marchaban por momentos con la soga al cuello… Y ambos rubricaban esta dura jornada con sendos dobles bogeys en el tercio final de la ronda. Uno lo hacía en el hoyo 16 (Rory), tras errar un putt de sesenta centímetros, y otro en el 14 (Scottie), tras fallar groseramente la salida (tuvo que dropar con penalidad) y hacer frente luego a una sacada desde la arena con la bola en huevo frito.
No sería justo señalar que se les haya visto perder la paciencia. De buena actitud han ido los dos bien servidos, pero hoy han sido verdaderamente incapaces de resolver el rompecabezas y el registro final habla por si solo del patinazo estelar: tarjeta de 76 golpes para el Número Uno y de 74 para el Número 3. Lo irónico del asunto es que mañana salen a jugar juntos. No lo harán en el partido estelar, ni siquiera en el penúltimo del día, pero no deja de ser un cara a cara interesante y morboso, porque además sería necio descartar que alguno de los dos, o incluso ambos, todavía sea capaz de dar un susto a los líderes.
No ha sido sólo Rodgers el triunfador de la jornada. Tony Finau (-4), de hecho, ha firmado el mejor resultado el día. Y Denny McCarthy (-7) se ha metido en el partido estelar por pura determinación (un pequeño paréntesis, hablando de partidos estelares: el de este sábado, formado por Scheffler y el meritorio Davis Thompson, ha entregado los dos peores resultados del día, sendas tarjetas de 76 golpes. El South course, de hecho, siendo en cualquier caso un rival temible, ha abierto hoy más la mano que en jornadas anteriores). Tommy Fleetwood (-4), con su vuelta de 69 golpes, y Patrick Cantlay (-4), con la suya de 68, también se han ganado sus opciones. Ludvig Aberg (-6), por su parte, aparece como una de las alternativas mas fiables después de entregar un 70. El sueco no es un killer, pero sí muy capaz de ganar por derribo.



