Scottie Scheffler (-10) ha salvado con autoridad la tercera jornada del Memorial Tournament, demasiado movida para lo que acostumbra este jugador. A saber: en el hoyo 5, primer par 5 del Muirfield Village Golf Club, pegaba algo así como un filazo desde la arena de tercer tiro y se iba al agua (bogey); y en el hoyo 9 se marchaba fuera de límites desde el tee y terminaba firmando un triple bogey…
Pues bien, de todos modos remataba la ronda por debajo del par, mantenía el liderato y hasta ampliaba a cuatro la ventaja sobre sus inmediatos perseguidores, Adam Hadwin (-6), Collin Morikawa (-6) y Sepp Straka (-6). Al bogey en el 5 respondía con un birdie en el 6, y al triple bogey del 9 daba réplica con birdies en los hoyos 10 y 12, para un total de seis birdies en el conjunto de la vuelta y un 71 final, lejos del mejor registro (ha sido un 67 de Sungjae Im), pero al fin y al cabo dentro del exclusivo grupo de catorce jugadores que le han ganado la partida a un campo inmisericorde (mañana, con los greenes más firmes, lo será más todavía).
Scheffler no ha mostrado este sábado su mejor versión, aunque todavía haya dejado un buen ramillete de excelentes golpes (seis birdies en este campo no se hacen con los ojos cerrados o el pulso débil), pero el caso es que no puede llegar en mejor disposición para enseñarnos a todos la manita, la quinta victoria en 2024. Lo haría, además, cuando todavía le quedan por jugar al menos ocho torneos…
Pero no adelantemos acontecimientos. Ni siquiera su excelsa figura de Número Uno lo permite. De entrada, mañana saldrá emparejado en el partido estelar con un Morikawa que viene avisando y que además quizá traiga alguna lección aprendida del mismo emparejamiento que ambos protagonizaron en el pasado Masters, también en cuarta jornada. Entonces, el californiano sintió todo el peso de la consistencia del juego del texano y forzó más de la cuenta en momentos puntuales. La diferencia, cuatro golpes, es enorme, pero Scheffler ha dejado abierta hoy alguna fisura en su armadura y nunca se sabe, porque Morikawa, por el contrario, ha entregado hoy una tarjeta de 68 golpes, libre de bogeys, y no deja de emitir excelentes señales. La verdadera cuestión es: ¿habrá sido la de hoy la ‘vuelta sufrida’ del Número uno y mañana volverá a ser de los mejores, si no el mejor, desde el tee? Porque ese ha ido su problema. Hoy el driver no iba todo lo fino que suele.
No parece tampoco Muirfield Village un campo proclive a las grandes remontadas, siempre que Scheffler no entre en barrena, tal y como hoy le ocurría a Viktor Hovland (-1, vuelta de 77), así que incluso podría bastarle mañana a Scottie una ronda sobre el par del campo para sumar ese quinto triunfo. Se mire por donde se mire, nadie se hará rico mañana apostando a favor del texano, pero algo nos dice que todavía va a tener que sudar tinta china para recibir el abrazo del Oso Dorado.



