– Pues sí, suspirábamos muchos por un duelo en la cumbre entre Scheffler y McIlroy, con el triunfo en el Genesis Invitational en juego. Pero ambos pinchaban en la tercera jornada y se han quedado con un escaso margen de maniobra, saliendo a cinco golpes del líder en la ronda dominical…
Saliendo juntos, por cierto. Lo harán casi una hora antes que el partido estelar (ellos pincharán en el tee del 1 del South course de Torrey Pines a las 19,20, horario peninsular español, y Patrick Rodgers y Denny McCarthy lo harán a las 20,15). Esto es mucho más que un gran aliciente para la ronda final de un torneo maravilloso, épico en su dureza, formidable en su exigencia, en el que todas las capacidades y recursos de los jugadores se ponen a prueba a cada paso y hasta la extenuación. En el que, por otro lado, los mejores, cada día, también son capaces de encontrar la recompensa de un resultado bajo.
– Scheffler, este sábado, parecía cualquier cosa menos Scheffler: demasiados errores en un campo que no los tolera y, además, mire usted por dónde, fallando demasiadas veces al lado malo. Ver para creer. A Rory, sencillamente, lo mató el putter. Ayer fue el peor jugador en el campo con ese palo en las manos, si atendemos a la estadística de SG:Putting (puesto 54º de 54 jugadores).
– Las cuentas y el contexto. El mejor resultado de la semana ha sido el 66 que firmaron Ludvig Aberg y Davis Thompson el viernes. ¿Les valdría a Rory y Scottie este registro para aspirar a la victoria? Sin duda les valdría para obligar a todos los candidatos, incluido el líder, a jugar por debajo del par en la ronda final, situación que esta semana, en este campo, no puede darse por hecha. Lo raro sería que el Número Uno del mundo y el Número 3, o al menos uno de los dos, no sean capaces de echarle pimienta al asunto. Dicho de otra manera: extraño sería que no vayan hoy por delante apretando las clavijas y obligando definitivamente a Rodgers a citarse con sus fantasmas.
– Rodgers sólo tiene 32 años, pero se le está haciendo eterna la espera. Él era aquel Número Uno del mundo amateur que había igualado en la Universidad de Stanford las victorias de Tiger, once, así que las expectativas, altísimas, bien pronto se transformaron en espectros de pesadilla y una cosa fue llevando a la otra: el caso es que todavía no ha conseguido ganar en el PGA Tour. Asegura que hoy será distinto. Para entendernos: se siente al fin preparado y dispuesto para agarrar por el talle a esos fantasmas y bailar al son que le marquen los Scheffler, McIlroy, McCarthy, Aberg, Finau, Fleetwood o Cantlay que vayan enredando por delante.
– Y ya que hemos puesto a los fantasmas a danzar, también sería interesante saber que música suena en la cabeza de Denny McCarthy, el compañero de Rodgers en el partido estelar, porque él tampoco ha sido de momento capaz de ganar en el PGA Tour en casi doscientas comparecencias.
– Hay otro nombre ilustre que asoma en el horizonte de este domingo épico: Justin Thomas. Ayer firmaba un 69, viene toda la semana de menos a más y al fin y al cabo hoy parte desde el mismo punto que Rory y Scottie, ese acumulado de -3. Si al texano y al norirlandés les concedemos todavía su cuota de protagonismo hagamos lo mismo con el de Kentucky.
– Todo el respeto, el honor y la gloria para los Tiger, Palmer (ya fallecido, pero a través de su legado) y Nicklaus, que exigen y diseñan en sus torneos unas condiciones de juego verdaderamente desafiantes. Nunca es mala señal para el espectáculo competitivo que los pares sean buenos y los birdies puedan cantarse como goles. Quizá, si sale victorioso en tal escenario y circunstancias, a Rodgers le haya valido la pena la larga espera.



